Celebrar el Día Internacional de la Mujer es hacer referencia a una serie de luchas afrontadas con valentía, pasión, solidaridad, reconciliación, honestidad y metas definidas. Eso es lo que han demostrado muchas mujeres en diferentes ámbitos de la sociedad, al frente de un proyecto social, gerencial, político o legal. Y aunque son pocas quienes realmente han tenido esa experiencia, es todo un avance histórico que vale la pena contar.
En todos los tiempos a la mujer se la ha relegado al ámbito de la casa, con la responsabilidad de atender a los hijos y al esposo, mientras él estudia y trabaja para llevar el sustento del hogar. Hoy, los tiempos han cambiado. La mujer está consciente de que es capaz de superarse profesionalmente, tomar decisiones y ocupar puestos importantes en la sociedad, convencida de que las tareas domésticas y el cuidado de los hijos los puede compartir con su pareja o auxiliarse con el trabajo de terceras personas.
El deseo por continuar capacitándose ha sido constante y eso le ha valido para que exija un mejor puesto y salario. A eso se suma que en muchos casos la mujer es el sostén del hogar y el mercado está ofertando más empleo para el sexo femenino, de hecho se estima que el 60 por ciento de las plazas está dirigido a la mujer, afirma la doctora Gloria Cospín, integrante de la Red de Mujeres por la Construcción de la Paz, Remupaz.
Algunos de los avances históricos fueron el reconocimiento de la mujer como ciudadana en 1945, y el otorgamiento de todos los derechos cívicos y políticos en 1965. Sin embargo, aún hay mucho camino por recorrer, porque las mujeres siguen ocupando el índice más alto de analfabetismo, son las más pobres y las más excluidas, explica Miriam Maldonado, directora del Instituto Universitario de la Mujer, de la Universidad de San Carlos de Guatemala, Usac. Contradictoriamente, vale la pena resaltar el hecho que después de 334 años las mujeres por primera vez en la historia del país representan el 51.22 por ciento de la matrícula estudiantil.
El trabajo de las mujeres es incansable, en este año electoral estarán atentas para que sus demandas sean tomadas en cuenta en los programas de gobierno, y uno de los temas que continuarán en discusión es la violencia contra la mujer. Aunque existe una Ley contra el femicidio y todas las formas de violencia contra la mujer, la situación continúa siendo tema de agenda por el elevado número de casos que presenta. Según el Centro Nacional de Análisis y Documentación Judicial, Cenadoj, del Organismo Judicial, de octubre a diciembre del año pasado ingresaron 545 casos de violencia intrafamiliar.

De izquierda a derecha: Bárbara Bickford, Miriam Maldonado, Hilda Morales, Isabel Ruiz, Norma Cruz y Zury Ríos.
El tema de salud también seguirá en la agenda de las mujeres. Uno de los objetivos de las Metas del milenio es reducir para 2015 la mortalidad materna en tres cuartas partes de lo observado en 1990. Es decir, Guatemala tiene el compromiso de reducir de 219 a 55 muertes maternas por cada cien mil nacidos vivos, visión que no deberá perderse en el siguiente gobierno. Su guía para continuar la aplicación está basada en la Ley para la maternidad saludable, decretada el año pasado.
El 17 por ciento de las muertes maternas que se registró en el primer semestre del presente año, corresponde a la población adolescente, incluso en niñas de 10 años, lo que evidencia la necesidad de un programa integral de salud y educación.
Aunque el 50 por ciento de la población total del país está conformado por mujeres, pocas son las que han tenido la oportunidad de influir en distintos ámbitos de la sociedad. Algunas lo han logrado trabajando por hacer justicia ante las constantes violaciones a los derechos humanos, otras luchando contra la corrupción o promoviendo leyes de igualdad y equidad. Un grupo de ellas ha destacado en la creación de programas educativos y están quienes se han dedicado a sanar las heridas emocionales por medio de su talento artístico. Todas, convencidas de lograr una Guatemala diferente. Conozcamos algunas experiencias de sus logros y propuestas.
Alzando su voz
Su visión feminista la ha llevado a no callar las injusticias que se viven en el país, voz que se lanza al aire desde hace 18 años. Ana Silvia Monzón, socióloga y comunicadora social, es una de las fundadoras (y la única que sigue activa) del programa Voces de Mujeres, de Radio Universidad; siete mujeres la acompañan tres veces a la semana en la producción y lo hacen de manera voluntaria, entre ellas Miriam Maldonado, directora del Instituto Universitario de la Mujer de la Universidad de San Carlos (Iumusac) y profesora investigadora de la Escuela de Trabajo Social.
Su conocimiento y sensibilidad social también la han animado a participar como integrante de la Comisión Universitaria de la Mujer-Usac, desde 1994, apoyando diferentes proyectos a favor de la educación superior, entre ellos la creación del Instituto Universitario de la Mujer. Dicha Comisión convoca a la Red de Mujeres Universitarias (Redemusac), para hacer planteamientos importantes en el ámbito educativo, como la participación femenina en la Comisión Multisectorial por la Reforma Universitaria, en donde también se involucra Maldonado.
Ana Silvia participa en la Convergencia Cívico Política de Mujeres, apoyando los procesos de discusión sobre este ámbito. Participa en el Consejo Editorial del periódico feminista La Cuerda, y forma parte del claustro de profesoras del Programa de Género, en la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, Flacso-Guatemala.
La paz se construye con género
Raquel Zelaya es otra de las mujeres que ha participado en procesos importantes para el país. Su participación en las negociaciones de paz le permitió incluir, en los diversos acuerdos suscritos por ella, disposiciones directamente relacionadas con las mujeres como el derecho a la participación y organización, al crédito, a la propiedad de la tierra, a la salud integral, a la vivienda, a la educación y la capacitación.
Aunque ha sido todo un reto ocupar cargos otorgados tradicionalmente a hombres, su capacidad y la visión clara de sus metas la llevó a ocupar posiciones importantes: fue asesora de la Secretaría de Integración Económica Centroamericana (Sieca), de la Cámara de Comercio de Guatemala y del Ministerio de Finanzas Públicas, y se desempeñó como Secretaria de la Paz. Actualmente trabaja en la Secretaría Ejecutiva de la Asociación de Investigación y Estudios Sociales (Asies), y es integrante de la Comisión Asesora del Fondo de Construcción de Paz de Naciones Unidas.
Una de sus aspiraciones es que las jóvenes guatemaltecas se interesen y comprometan con la política nacional, pues está convencida de que los cambios sustantivos se logran desde ella, aunque también es importante la participación activa y comprometida de la sociedad civil. “Es alentador que existan partidos que cuentan con casi 45 por ciento de afiliación femenina”, subraya Raquel.
“Tengo particular preocupación porque en aras de los innegables derechos de la mujer a realizarse plenamente como persona, no siempre se valoran sus aportes en la familia, cuando sabemos los retos que nuestra sociedad afronta. Muchos jóvenes se refugian en pandillas o maras, porque no cuentan con un entorno familiar que les apoye”, añade.
Sobrevivir a la violencia
“Mi búsqueda de justicia surge desde una experiencia muy personal que me tocó vivir con mi hija. Cuando emprendimos el trayecto de lucha, me di cuenta de la ausencia de organizaciones que hay para atender esta problemática. Mi hija me motivó a que juntas trabajáramos para apoyar a otras víctimas de la violencia, y fue así como empezamos a solidarizarnos con otras mujeres que atravesaban situaciones similares. Nos reuníamos para contar nuestras penas y llorar juntas, pero también para buscar soluciones a nuestras vivencias. Así surge la asociación que más adelante se transforma en la Fundación Sobrevivientes”, narra Norma Cruz, directora.
En un inicio era un sueño que el Congreso de la República otorgara fondos para atender esa problemática y que se creara un albergue para que las mujeres víctimas de violencia recibieran apoyo gratuito de profesionales. Más utópico parecía el seguimiento a los casos y que estos se pudieran ganar. “Rompimos el silencio y dispusimos hacer ese planteamiento ante los diputados. Zury Ríos fue una de las que confió en nuestro proyecto y nos apoyó. Aunque mis ideales no comulgaban muy bien con ella, me sorprendió esa acción favorable”, asegura. En 2006, cuando aprobaron los dos millones para la creación de la Fundación, Norma buscó asesoría para hacer buen uso del dinero y conformó el equipo que atiende a la población afectada. En 2011 la Fundación cumple cinco años de existencia. A la fecha cuenta con un albergue y una clínica en donde se atienden casos del área urbana y de 17 departamentos del país. El año pasado dieron el servicio a 3,155 mujeres. Cada año han colaborado con el encarcelamiento de entre 60 y 70 violadores y asesinos de niños y mujeres. También han logrado las condenas más emblemáticas del país, en materia de violencia hacia la mujer. En 2009 la Fundación recibió una donación para comprar una casa, lo que les permitió ampliar el servicio ante la demanda. Hoy cuentan con 10 abogados para el área civil y penal, y más de ocho procuradores. El año pasado lograron fundar un centro de atención en Chiquimula, el cual lleva el nombre de “Alba Michelle Díaz España”, una niña asesinada en Camotán, y otro en Salamá, Baja Verapaz, su objetivo es hacer cambios mediante la educación para generar una cultura de paz y no de violencia.
“Soy mujer maya kaqchikel…”
“Soy mujer maya kaqchikel, enfermera, socióloga, madre-esposa, originaria de San Juan Comalapa, y actualmente soy estudiante del doctorado en antropología social del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (Ciesas), Occidente de México”. Así se describe Emma Chirix, cuyos aportes han sido valiosos en la formación de las mujeres indígenas, con una visión renovada, creadora y humanística.
Emma ha sido pionera de investigaciones como la masculinidad kaqchikel, la afectividad de las mujeres mayas y la sexualidad entre kaqchikeles, esta última a publicarse en fecha próxima. Actualmente se encuentra trabajando en la historia del Instituto Indígena Nuestra Señora del Socorro. Afirma que uno de sus retos es abrir más espacios de reflexión, de investigación y de propuesta para las mujeres mayas. “Los caminos son heterogéneos, las misiones distintas, pero el sueño de las abuelas y de los abuelos es uno, y para lograrlo únicamente necesitamos trabajar con fuerza, sin estrés y sin culpa”, dice.
También tiene como desafío trabajar en los temas considerados tabú, en especial aquellos relacionados con la sexualidad maya, sin olvidar la problemática económica y política. “No podremos alcanzar el poder colectivo si no revisamos la doble moral, la opresión de las mujeres indígenas, las distintas formas de violencia y el femicidio, por eso es importante revisar qué hay detrás o de fondo de la sexualidad, por ejemplo es importante revisar qué ideologías políticas, instituciones, empresas, familias y personas conservadoras sostienen el control y la vigilancia sobre los cuerpos indígenas, principalmente”, aclara la investigadora.
Decisiones empresariales
“Mi visión como mujer es ayudar a todas las personas cercanas, para alcanzar su máximo potencial. Y las mujeres tenemos un don natural para lograrlo: la maternidad. No es por el simple hecho de que seamos mamás, sino porque fuimos diseñadas para serlo, por lo que existe un “couch natural”, es parte de nuestra naturaleza ayudar a otras personas a desarrollarse”, explica Patty Cofiño, directora de Capital Humano para McDonald’s de Mesoamérica (Guatemala, Honduras, Nicaragua y El Salvador).
Su experiencia de 25 años en Recursos Humanos la ha llevado a descubrir que la educación y la capacitación son básicas para lograr metas de superación, lo que la ha conducido a crear políticas internas importantes para motivar a los empleados, así como proyectos de responsabilidad social. La autoestima de la mujer es uno de los temas que se promueve en los programas de capacitación, “para que ellas confíen en sí mismas y de esa manera trabajen sobre sus sueños, planteándose metas grandes, porque son capaces de lograrlas”. Además es importante la sensibilización entre hombres y mujeres, para que no se consideren competencia, sino que ambos sean un complemento. “Algunas veces se podrán tener formas diferentes de liderar, pero están más asociadas a la personalidad que al género, y es ahí donde está el reto, no vamos a analizar quién está mejor o peor, sino los vamos a complementar en todo lo que hacemos”, afirma.
En los últimos tres años la empresa ha logrado un avance en el desarrollo de la mujer, al incluirla en niveles gerenciales importantes. Por ejemplo, cinco colaboradoras destacan, unas al mando en las áreas de restaurantes y otras como consultoras de operaciones. Y pese a que estos trabajos implican un poco más de esfuerzo, porque es necesario laborar los fines de semana y los horarios están coordinados por la mañana, tarde y noche, las mujeres están demostrando que pueden cumplir esa función, asegura Cofiño.
Por otra parte, dar trabajo a los jóvenes entre 17 y 21 años es una de sus políticas. Pero no basta con que estén bien calificados y hagan un excelente trabajo, deben esforzarse por estudiar y continuar una carrera si esperan un aumento salarial. Por lo mismo, parte de sus prestaciones son algunas becas y alianzas con un centro de estudios que ofrece horarios especiales.
Coralia Penedo
Ha sido una balletista profesional por muchos años y su reto como mujer de disciplina y talento la llevó a crear en 1963 su academia de ballet. Por ahí han pasado más de ocho mil alumnas, unas se han dedicado a la práctica profesional de la danza, otras son instructoras en diversas academias y algunas han puesto su propia escuela de aprendizaje. Considera que este ha sido un aporte significativo en el desarrollo del arte de la danza en Guatemala. “Cuando la mente está ocupada en algo sutil como es el arte, se despiertan en el ser humano sentimientos altruistas, que generan bondad, compasión y crean una onda expansiva de benevolencia hacia nuestro entorno. La sutileza de la danza clásica expresa sentimientos de protección y resguardo de la integridad femenina”, afirma Coralia.
Activista humanitaria con propuestas concretas
Desde los diferentes cargos públicos que ha ocupado y como activista, sus planteamientos a favor de las mujeres han sido muy enriquecedores e históricos. En el ámbito académico ha sensibilizado a funcionarios públicos, jueces, fiscales, defensores públicos, miembros de la Policía Nacional Civil y estudiantes de Derecho, para que sean más eficientes y tengan una visión humana de lo que sucede con las mujeres. Hilda Morales Trujillo es una abogada muy reconocida por su trayectoria profesional, su ética y su sensibilidad social. Ese profesionalismo y lealtad hacia las mujeres la han llevado a ocupar puestos de alta importancia en la toma de decisiones, como el actual cargo que desempeña: Jefa del Departamento de Coordinación de la Unidad de Atención a la Víctima, del Ministerio Público. Trabajó como gerente del Organismo Judicial, lo que le permitió impulsar la Unidad de la mujer y análisis de género, con el apoyo de Beatriz de Barreda, la única mujer que ha sido presidenta del Organismo Judicial y de la Corte Suprema de Justicia en la historia del país. Morales es cofundadora de la Coordinadora Nacional para la Prevención de la Violencia Intrafamiliar y contra las Mujeres (Conaprevi). “Estuve por varios años buscando dentro de la coalición de organización de mujeres la reformulación del Código Penal, en la parte de los delitos que se cometen contra las mujeres. Toda la actividad que se llevó a cabo en torno a los planteamientos que hacíamos, sirvieron para ir cambiando mentalidades”, asegura.
Comprometida con la niñez, la juventud y la mujer
Tras el nacimiento de su hija Marisol, hoy de cuatro años, comprendió mejor los problemas que afrontan las mujeres y la niñez guatemalteca. “Ser mamá me revolucionó la vida, me marcó para siempre y me ha llevado a trabajar con mayor responsabilidad a favor de la niñez y las mujeres en temas de salud y educación”, afirma Zury Ríos, diputada de la bancada FRG. Asegura que su trayectoria política empezó cuando se aprobó la Ley de desarrollo social, en 2001, la cual establece el programa de salud para las mujeres. Por primera vez se habla del concepto de salud reproductiva, que persigue luchar contra los estereotipos en la comunicación social sexista, hablar sobre el cuidado de la salud, el compromiso con el medio ambiente, la educación, y que se reconozca a la familia monoparental para que los niños no sean discriminados por solo tener a uno de sus padres o a ninguno. La ley sobre el respeto a los derechos humanos de las personas viviendo con VIH-sida fue otra de sus prioridades, con el propósito de que estos ciudadanos ya no fueran discriminados en el sector salud ni en lo laboral. Estas reformas, incluyendo el tema de afiliados al Instituto Guatemalteco de Seguridad Social, (IGSS) fue importante, en especial porque un alto porcentaje de mujeres casadas fueron infectadas por su pareja. Otra iniciativa en el tema de mujeres fue la Ley de maternidad saludable, que se trabajó en alianza con la sociedad civil, y la aprobación de la Ley contra la violencia sexual, explotación y trata de personas, la cual fue apoyada por la sociedad civil, expertos en el tema de niñez y adolescencia, y magistrados.
En contra de la impunidad y la corrupción
“Mi historia es tan conocida, no estaba en mis planes ser diputada. El dolor fue el que me hizo reaccionar y entender que la situación de injusticia no podía seguir así, que el sistema de aplicación de justicia no podía ser tan débil y era necesario establecer un Estado de derecho y de democracia. Ese fue mi empeño durante más de 12 años, tiempo en el cual nunca milité ni voté. Cuando me propusieron ser candidata a diputada lo acepté con temor, porque se escuchaba de la impunidad, de la corrupción. Al final acepté y me hice un compromiso, ser fiel garante del sueño que tuvieran muchos guatemaltecos que están desaparecidos: una Guatemala diferente, con justicia y paz. Y eso es lo que me he propuesto como meta de vida”, afirma Nineth Montenegro.
La diputada es una de las mujeres que ha apoyado leyes para erradicar la violencia contra la mujer y contra la trata de personas, pero, sobre todo, su trabajo se ha centrado en la fiscalización del buen uso de los recursos. Como presidenta de la comisión Sector justicia le ha tocado revisar reformas al Código Procesal Penal, con énfasis en la víctima. Está convencida de que el país no solo necesita de legislación, sino recuperar la institucionalidad del Estado, porque hay mafias en el Ministerio Público, en la Policía Nacional Civil y en los juzgados. Entre las leyes que más le preocupan y que considera se les debe dar viabilidad están: la Ley contra la corrupción y el enriquecimiento ilícito, la Ley de amparo y la Ley de cuotas para la participación política de la mujer.
Montenegro dice que la satisfacción más grande que ha tenido por su trabajo son las palabras que recibe de personas en la calle. Su espiritualidad está muy fortalecida y duerme satisfactoriamente, resultado de su trabajo arduo y transparente de cada día. Su mayor aspiración es consolidar el partido Encuentro por Guatemala, hacer de éste una institución de Derecho público, como un legado con principios y se amplíe.
Isabel Ruiz
Desde su niñez le gustaba descubrir y compartir experiencias artísticas con sus hermanos, sin saber que tendría una trayectoria profesional en las artes plásticas por 43 años. Isabel no se define como feminista, pero sí como una de las que luchan por los derechos humanos, visión que ha transmitido en sus obras. “Lo principal ha sido tratar de expresarme con propiedad, de aprender a ser yo y no una persona más de la mesa”, señala. Ha tenido experiencias interesantes para contar: una de ellas está relacionada con la obra Crescendo, con la que participó en la XVI Bienal de Arte Paiz. Ésta consistía en tres lienzos de gasa que pendían a manera de cortina. Las manchó de sangre y las montó en la galería Cantón Exposición, de la Fundación G&T. Las mismas tenían tres fechas clave de la historia contemporánea del país: 1954, 1980 y la última que abarca los acontecimientos recientes, situaciones que no terminan de salpicar a toda la sociedad guatemalteca. Al día siguiente del montaje se ordenó su retiro. “Lo positivo de esta experiencia fue que mi obra fue una de las tres que se premiaron, en una colección decidida por un jurado internacional con amplio conocimiento del arte contemporáneo”, comenta.
Bárbara Bickford
A sus 83 años se siente satisfecha de haber logrado con satisfacción su carrera musical, a través de la ópera clásica italiana. Ha descubierto el talento de jóvenes guatemaltecos de la ciudad y del área rural. Bickford se ha interesado por el talento de las voces indígenas, porque no aprueba la idea de asociar a la población maya únicamente con folclore, marimba o maíz. “Sus voces son exquisitas, son muy disciplinados y tienen mucho interés en aprender, en especial las mujeres. Descubrir su talento ha sido un sueño hecho realidad desde 1986”, expresa.
Actualmente sigue abriendo las puertas de su casa para las personas que deseen aprender, incluso para quienes necesitan desahogar sus penas, porque para ella el canto es como un terapeuta invisible. “Mi casa es una clínica psiquiátrica, todos tienen algo que contar y a través del canto pueden ayudarse”, afirma.
Brillando en el arte En las artes de la plástica, escultura, danza y canto, las mujeres han sembrado una semilla con su visión. No ha sido solo expresar su talento, sino también aprovechar los espacios para desnudar sus sentimientos, hacer denuncias, apoyar a otras mujeres o destacar sus triunfos.
María Dolores Castellanos
No cualquiera entra a su sagrario, palabra con que describe su taller. El espacio denota el trabajo de una mujer disciplinada, llena de color, lucha y experiencia de 21 años en el campo artístico. Desde muy pequeña le gustaba el arte, recibió clases de pintura con Manolo Gallardo, Roberto Cabrera, Roberto González Goyri y Elmar Rojas. Es autodidacta en el trabajo de cerámica y resina, pero su talento la ha llevado a ocupar un puesto importante en la escultura guatemalteca, incluso con reconocimientos como el primer lugar en la Bienal Internacional de Escultura Toyamura, Japón. Por medio del arte ha encontrado una manera de comunicar sus sentimientos: “Son mis vivencias, anhelos, ideas, estado de ánimo, tantas cosas que a las mujeres nos pasan, que vivimos y que están resueltas o son propuestas. Saber que tengo algo que hacer es una bendición de Dios, y es lo que me hace levantar todos los días”, dice María Dolores.
Por Margarita Pacay
Fotos: Jorge Morales
Fuentes: Gloria Cospín, miembro de la Red de Mujeres por la Construcción de la Paz, Remupaz. Miriam Maldonado, directora del Instituto Universitario de la Mujer, Universidad de San Carlos de Guatemala. Ana Silvia Monzón, socióloga y comunicadora social. Raquel Zelaya, integrante de la Comisión Asesora del Fondo de Construcción de Paz de Naciones Unidas. Emma Chirix, socióloga. Patty Cofiño, directora de Capital Humano para McDonald’s de Mesoamérica. Hilda Morales Trujillo, jefa del Departamento de Coordinación de Atención a la Víctima, del Ministerio Público. Diputadas Nineth Montenegro y Zury Ríos. Bárbara Bickford, música. Isabel Ruiz, artista plástica. María Dolores Castellanos, escultora. Coralia Penedo, balletista profesional. Norma Cruz, directora de la Fundación Sobrevivientes, www.sobrevivientes.org