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Inyecciones potencialmente letales

marzo - 2011

A pesar de estar prohibidas por la ley, se siguen usando ciertas sustancias en procedimientos estéticos invasivos. Antes de someterte a cualquier tratamiento debes verificar las credenciales del profesional, la calidad de los medicamentos que usa y la legalidad de todo el procedimiento.

La noticia recorrió el mundo gracias a la Internet. Claudia Aderotimi, de 20 años, en febrero pasado viajó de su natal Inglaterra a Estados Unidos para hacerse crecer los glúteos con unas inyecciones milagrosas. Se hospedó en un hotel cercano al aeropuerto, pagó US$1,800 (bastante menos de lo que le hubiera costado un implante profesional) y fue tratada en su propia habitación. La “doctora” que la atendió es una cantante de hip hop sin ningún título profesional. Pocas horas después Claudia se sintió muy mal por lo que fue llevada a un hospital donde murió, lejos de su familia y seres queridos.

Este caso echa luz sobre el oscuro mundo de quienes comercian con las ansias de embellecerse. Esta muerte fue provocada por una sustancia prohibida: la silicona líquida, una de las muchas que se usan ilegalmente para cambiar ciertas partes del cuerpo, por lo que se ha legislado también en Guatemala para tratar de detener estas prácticas.

Por medio del Decreto 13-2007 del Congreso de la República, se regula el uso de esteroides y otras sustancias peligrosas, incluidas las que se usan con fines estéticos o reconstructivos como el referido silicón. Esto es supervisado por la Dirección General de Regulación, Vigilancia y Control de la Salud del Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social (MSPAS), entidad que debe sancionar a aquellas personas que provean, distribuyan, faciliten, propongan, incentiven o promuevan estos productos. A pesar de estas disposiciones siguen proliferando quienes, sin ningún escrúpulo, violan la ley.

Práctica que crece

Marina* no es ajena a los procedimientos estéticos. A sus 45 años esta guatemalteca ya ha pasado por la cirugía plástica y por diversos tratamientos, porque con tal de conservar su belleza está dispuesta a todo. O lo estaba.

Hoy visita de nuevo la clínica de un médico quien quizá pueda ayudarla a terminar con la pesadilla que atraviesa: tiene un duro bulto del tamaño de una pelota de yax en la frente y sufre de dolor e inflamación. Ella afirmaba que esto había sido provocado por una inyección de toxina botulínica, mejor conocida por su marca Botox. Sin embargo, al hacerse un examen de laboratorio se descubrió que en realidad le habían inyectado silicón.
Ella no quiere hablar de los detalles, de dónde se lo hicieron ni quién, solamente quiere acabar con la pesadilla de tener la cara deformada.

La actitud de Marina es común en estos casos, hay vergüenza, enojo y culpa. Por otro lado, la situación que enfrenta el médico que intenta ayudarla también se repite frecuentemente. En el último Simposio de la Asociación de Cirugía Plástica de Guatemala (ACPG), realizado en febrero pasado, los asistentes compartieron experiencias similares.

Sergio Kurt Rojas, conferencista de México, expuso que a pesar de las prohibiciones la cantidad de casos crece. “Casi siempre las pacientes no tienen ni la menor idea de qué les fue inyectado”, señala. “Yo he visto morir a no menos de 20 pacientes, la mayoría de ellos con problemas agudos, facitis (inflamación del tejido fibroso) o infecciones masivas. También he visto amputaciones y desarticulaciones, entre otras cosas”, cuenta.

La polémica se abrió en este simposio. ¿Se puede tratar a estos pacientes?, ¿se corre el riesgo de cargar con la responsabilidad de un acto cometido por otra persona?, ¿cuál es el procedimiento médico a seguir? Sin duda es un debate científico, ético y humano. “Yo los atiendo solo cuando tienen una complicación que requiere la intervención de un cirujano reconstructivo, no de un plástico”, afirma Rojas.

Esta postura contrasta con la de profesionales del bisturí guatemaltecos, quienes opinan que siempre deben tratarse, quizá porque la incidencia de este problema en Guatemala es menor y no se puede comparar con países como México. “El auge de la cirugía plástica en Guatemala no es tan alto como en otros países. Es una cuestión sociocultural”, explica Juan Carlos Galindo, presidente de la ACPG. Y lo ejemplifica así: aquí hay alrededor de 32 cirujanos plásticos acreditados, mientras en Costa Rica hay 300.

Estética del horror

El cirujano plástico Felipe Coiffman, de Colombia, es consultado por innumerables médicos y pacientes de diversos países debido a los desastres que ocasionan personas menos éticas. En los últimos años se ha dedicado a estudiar clínicamente estos problemas.

“La alogenosis iatrogénica o dermatosis alogénica es la reacción del cuerpo a estas sustancias extrañas al organismo. Millones de pacientes en Latinoamérica han recibido estas inyecciones, pero afortunadamente no todos tienen reacciones”, revela.

Las más usadas son silicón líquido, parafina, vaselina, aceite (de bebé, de cocina, de carro, de avión), grasa de origen animal, biopolímeros, células vivas de pato canadiense, cartílagos sintéticos, methilmetacrilato, entre otros. Se calcula que más de 200 productos se usan para rellenar arrugas y aumentar senos y glúteos.

Las reacciones pueden ser inmediatas o tardar años para que ocurran. “Son tanto locales como generales. Entre las primeras están dolor, piel enrojecida, acumulación de líquido, desarrollo de tejidos fibrosos y fístulas, necrosis o muerte de piel, desplazamiento de la sustancia, cicatrices hipertróficas (grandes), úlceras crónicas, entre otras”, explica. Las reacciones generales incluyen fiebre, dolor de articulaciones, malestar general, somnolencia, depresión, tendencias suicidas, caída de cabello y aislamiento.

Hay un porcentaje de pacientes que reacciona gravemente en las primeras horas, como Aderotimi. Esto se debe a que tienen problemas más serios, como hemorragias pulmonares, insuficiencia renal, embolias y otras complicaciones.

Los pacientes que no tienen reacciones agudas, como Marina, sobreviven pero sufren las secuelas mencionadas. Piden ayuda a especialistas con la idea de que pueden sacarles estas sustancias. “Pero esto no es posible. Si se intenta sacarlas haciendo incisiones se fracasa, porque son atacadas por tejidos de vecindad y forman masas duras, sin mencionar las posibles cicatrices”, asevera Coiffman. Solamente lesiones muy debilitadas y pequeñas pueden ser resecadas o tratadas con multipuntura con succión. A estas personas lo único que les queda, en la mayoría de casos, es aprender a vivir con sus deformaciones y molestias, tratándolas cuando sea necesario.

Agujas peligrosas

Una mañana Clara* estaba en el gimnasio como cada día, pero en esa ocasión les pidieron a todos que se formaran para que el entrenador los inyectara allí mismo, entre máquinas y alfombras sucias. Al preguntar de qué se trataba le dijeron que no se preocupara que era algo bueno para el organismo. “Los demás aceptaron sin pensar, pero yo preferí consultar con el médico que me está ayudando a bajar de peso”, dice sin revelar más detalles. El profesional le dijo que había hecho lo correcto.

La ambición de pescar algo de las millonarias ganancias que deja anualmente la industria de la belleza y la cosmética ha hecho que cada día más personas sin escrúpulos ofrezcan tratamientos tan delicados que incluso en manos de un médico son peligrosos.

Al no ser personal calificado de la salud, si algo malo pasa no se puede demandar por mala práctica médica. “Es hasta una cuestión de sentido común”, opina Mónica Gramajo Quemé, directora de la Dirección de Atención y Asistencia al Consumidor, Diaco. Si alguien no tiene la preparación ni la experiencia necesarias no debemos acceder a que haga procedimientos invasivos, inyectar ni recetar medicamentos.

Los salones de belleza no necesitan un permiso especial del MSPAS como las clínicas y spa, y pueden funcionar solo con una patente de comercio y la papelería de la SAT. Pero sus servicios no deben ir más allá del arreglo exterior. “Si los resultados no son los esperados puedes poner una denuncia en la Diaco llevando la factura, pero es una denuncia administrativa. Se te reintegrará el dinero, pero no tu salud”, explica la funcionaria.

Las esteticistas y cosmetólogas, según Coiffman, son las responsables del 70 por ciento de las inyecciones de sustancias no permitidas. Eso lo aprendió de mala manera Eduardo*, a quien le preocupaban las arrugas propias de su edad, 55 años. En un salón de belleza, supuestamente muy acreditado, una de las cosmetólogas que siempre lo atendía le sugirió que hiciera algo al respecto. Como no estaba bien informado pensó que era un procedimiento habitual y accedió creyendo que le iban a aplicar toxina botulínica, pagando una alta cantidad de dinero. Para su desgracia lo que le inyectaron fue silicón líquido y ahora está desesperado por corregir las deformaciones que tiene alrededor de los ojos. “El poder del consumidor es su decisión de compra, nadie nos obliga a comprar ningún servicio o producto, por lo que también tenemos responsabilidad si algo sale mal”, señala Quemé.

Sobre los spa

Existen numerosos lugares conocidos como med spa o clínicas estéticas. Silvia Sánchez, quien dirige la clínica y spa Rada, explica que a diferencia de los salones de belleza, deben tener permisos del Departamento de Regulación y Acreditación de Control de Establecimientos de Salud, del MSPAS, y cumplir con ciertas normas y requisitos.

Deben contar con personal médico y una base científica en sus procedimientos. Los productos que utilizan deben tener los registros respectivos y la manipulación y almacenaje adecuados.

Hay que comprender los alcances de estas clínicas. Lo que se conoce como medicina estética privilegia la relación entre la salud y la belleza, con un abordaje terapéutico clínico.

Cualquier tratamiento que incluya inyecciones (como mesoterapia, inyección de vitaminas, ácido hialurónico y toxina botulínica) y la ingesta de medicamentos debe ser realizado por médicos especializados en el área.

“Se debe dar toda la información disponible a los pacientes para que tomen la mejor decisión, no hacer trucos para que compren el ‘paquete’ sin pensar”, dice Sánchez. En estos establecimientos no deben ofrecer tratamientos mayores, como implantes y liposucciones. “No podemos ofrecer cambios dramáticos ni rápidos, hay cosas que solo una cirugía puede corregir”, señala. Las personas deben ser evaluadas por los médicos antes de aplicarles cualquier tratamiento.

Famosos desastres

Solange Magnano
Esta top model, que fue Miss Argentina en 1994, falleció a consecuencia de una embolia pulmonar como consecuencia de una aplicación de silicón líquido en los glúteos.

Adela Micha
La famosa conductora de noticias de México asistió a un centro de estética para inyectarse toxina botulínica en los párpados, pero le inyectaron ácido hialurónico. El resultado fue terrorífico, pues se le desfiguraron los ojos debido a que esta sustancia se inyecta en la parte baja del rostro.

Alejandra Guzmán
Esta cantante fue inyectada con metacrilato, una especie de plástico que le causó una infección que casi le cuesta la vida. Debido a su fama, el incidente se puso en el candelero.

Romina Salazar
Esta actriz y modelo chilena fue una de las víctimas de un pseudo médico que le inyectó metacril para afinar la forma de su nariz, pero en lugar de eso perdió completamente la forma natural de ésta.




¿Por qué las usan?

Las razones por las que ha proliferado el uso de sustancias prohibidas en la estética se resumen en tres: el precio, los resultados inmediatos y las recomendaciones de las amistades.

En cuanto a la primera, Carlos Villanueva señala que los materiales legítimos y de la mejor calidad son caros. “Por ejemplo, una ampolla de un centímetro de Botox cuesta $500. La cantidad que se usará depende de cada caso, por lo que el precio varía de persona a persona”, explica. De igual manera, un implante realizado por un profesional requiere gastos de honorarios médicos y de hospital.

Entonces, cuando alguien que desea mejorar su apariencia sin gastar mucho escucha que puede tener resultados parecidos y supuestamente permanentes, es casi seguro que accederá. En la mayoría de casos se le atiende en salones de belleza o casas particulares sin condiciones mínimas de seguridad ni de higiene.

Lo que no toman en cuenta, según el dermatólogo, es que para que las sustancias sean seguras deben ser de un material biodegradable que se absorba. “El hecho de que no sean permanentes es bueno, pues no quedan allí y no provocan reacciones”, afirma.

Muchas de las sustancias prohibidas tienen resultados inmediatos y espectaculares, por lo que las personas salen del lugar contentas con su nueva apariencia y, lo que es peor, recomendando a estas personas inescrupulosas, y así sigue el negocio.

Lo malo es que muchos de estos procedimientos tendrán efectos negativos y hasta fatales. En México se hizo célebre Myriam Yukie Gaona, mejor conocida como La Matabellas. Ella realizó cirugías estéticas e inyectó sustancias prohibidas a aproximadamente 1,500 mujeres sin ser especialista en esa área, aunque ella lo aseguraba. A muchas de las defraudadas los médicos tuvieron que quitarles los pechos para salvarles la vida. Pero también ocurre que en algunos casos las pacientes ni siquiera saben el nombre del supuesto médico que las trató, o lo ocultan por vergüenza o miedo.

¿Qué es lo mejor para ti?

Según Felipe Coiffman, experimentado cirujano plástico considerado una leyenda en Colombia, la prudencia con el uso de sustancias inyectables es la regla. “Los tejidos autógenos (que son extraídos del mismo cuerpo, como la grasa) siguen siendo los más aconsejados”, asegura. Con ella se puede aumentar algún área o cambiar su forma.

Otro especialista expone que a veces la grasa se absorbe o no da los resultados deseados. Además las personas temen usarla porque piensan que al adelgazar también se perderá, por lo que es importante que se elija la grasa del tipo que no es susceptible al ejercicio. Se están haciendo estudios para lograr mejores resultados y para que una persona pueda donar grasa a otra, como hermanas y madres, en el caso de que no tenga de donde sacarla.

Cuando no es posible usar la grasa, Juan Carlos Galindo, presidente de la Asociación de Cirugía Plástica de Guatemala, cuenta que se prefieren los implantes de buena calidad. Esto requiere una cirugía más seria y mayores cuidados. Si no gusta el resultado o hay alguna reacción desfavorable, los implantes pueden retirarse sin ningún problema.

Para líneas de expresión se usan materiales de relleno. Carlos Villanueva, dermatólogo y vicepresidente de la Asociación Guatemalteca de Dermatología, refiere que los más usados son el ácido hialurónico y la toxina botulínica, mejor conocida como Botox, su marca más popular, que es el procedimiento cosmético no quirúrgico más solicitado a nivel mundial.

El Botox paraliza los músculos y hace desaparecer las arrugas, usándose en el tercio superior de la cara, o sea patas de gallo, ceño y líneas de la frente. El ácido hialurónico rellena las líneas de expresión y se usa en los surcos que están en el tercio bajo de la cara y también para engrosar los labios. “Incluso puede servir para corregir defectos o depresiones en nariz y mentón”, afirma. Es importante anotar que tanto la toxina como el ácido se absorben en unos cuatro o seis meses, volviéndose a la apariencia anterior. Para mantener la expresión rejuvenecida deben inyectarse cada cierto tiempo.

Galindo aconseja verificar que el medicamento que se inyecta es el que se está pagando, pidiendo ver la caja y las ampollas selladas. Además debe guardarse la información del registro sanitario, lote y persona responsable en Guatemala, porque puede servir para futuras referencias.

¿Quién hace qué?

Está claro que solo los profesionales de la salud pueden realizar procedimientos invasivos, pero dentro del mismo gremio médico hay debate acerca de a quién corresponden ciertas prácticas. Además de los cirujanos plásticos, también los dermatólogos, cirujanos de cabeza y cuello, otorrinolaringólogos, oftalmólogos y ginecólogos ofrecen tratamientos estéticos.

Guillermo Echeverría, director del Comité de Ética de la Federación Ibero Latinoamericana de Cirugía Plástica, manifiesta que el auge de procedimientos para mejorar la belleza que no requieren cirugía, ha hecho crecer la oferta y con ella el intrusismo, es decir, médicos no especializados haciendo estos tratamientos.

Todos los profesionales de la salud tienen un código de ética a seguir, el cual incluye combatir el empirismo y la usurpación de calidad. Además, el Código Deontológico dice que es contrario a la ética profesional acreditarse títulos que no se poseen, realizar o anunciar tratamientos para los que no se ha sido entrenado. En el mismo Código se indica que para ejercer y anunciarse con una especialidad o subespecialidad, todo médico debe llenar los requisitos establecidos por la Comisión de Acreditación de Especialistas de las facultades de Ciencias Médicas de las universidades legalmente autorizadas.

Debe desconfiarse de un médico que repentinamente y sin mostrar credenciales empieza a ofrecer tratamientos estéticos. Según Coiffman, ellos son los responsables de buena parte del 30 por ciento de desastres, pues además de su falta de experiencia o de ética podrían usar sustancias no permitidas.

“La cirugía plástica no se reduce a los aspectos de vanidad, es mucho más amplia”, asegura Echeverría. Incluso deben ser discretos en la promoción de sus servicios. Al ofrecerlos como quien ofrece un peinado o un par de zapatos pierde su carácter científico y humano.

Para ser un cirujano plástico acreditado se recorren más de 12 años de preparación, lo cual incluye la especialización en el extranjero. Debe estar avalado por la Universidad de San Carlos y ser miembro activo del Colegio de Médicos y Cirujanos y de la Asociación Guatemalteca de Cirugía Plástica.

Carlos Villanueva, vicepresidente de la Asociación Guatemalteca de Dermatología, opina que en los últimos 20 años ha habido un traslape de especialidades que trabajan la cosmética. “Los cirujanos plásticos hacen procedimientos más invasivos y grandes, pero los de otras especialidades tienen capacidad de hacer procedimientos más pequeños”, comenta.

En su opinión, si han recibido entrenamiento y se tiene experiencia también pueden trabajar la estética de los pacientes. “La liposucción la inventó un ginecólogo y la técnica fue perfeccionada por un dermatólogo. La toxina botulínica fue descubierta por un oftalmólogo”, refiere. Lo importante es que se mantengan informados y actualizados, y actúen con ética en el área que conocen.

Elegir al profesional adecuado es tu responsabilidad. Según Galindo, aun con un profesional acreditado siempre hay riesgos. “Pero en buenas manos estos riesgos serán controlados y en caso de una emergencia se actuará oportunamente”, concluye.
*Nombres ficticios

Mírate y ámate

La industria de la belleza en general busca hacerte creer que necesitas cambiar tu apariencia para ser exitosa, atractiva y feliz. Si la persona es realmente insegura querrá cambiarse múltiples cosas, poniendo en riesgo su economía y salud.

La cirugía plástica es una opción que puede aprovecharse, pero no todas las personas son candidatas a ella. Guillermo Echeverría, director del Comité de Ética de la Federación Ibero Latinoamericana de Cirugía Plástica, considera que un profesional debe ser honesto y evaluar a conciencia a sus pacientes. “Existen quienes se aprovechan de las inseguridades de las personas para ganar más dinero. Ellos le han dado mal nombre a la profesión”, dice. Según el experto, muchas personas no necesitan un tratamiento estético, sino terapia.

Según la psicóloga Christy Sobalvarro, en otros países es requisito ir al terapeuta de la salud mental antes de someterse a una cirugía plástica. Es probable que algunas desistan de cambiar su apariencia con solo mejorar su autoestima, que es el grado en que los individuos tienen sentimientos positivos o negativos acerca de sí mismos y de su propio valor. Pero por increíble que parezca, aumentar el amor que nos tenemos a nosotras mismas puede ser difícil.

Según Sobalvarro, esto se complica por culpa de los estereotipos de belleza de la sociedad, llegando a afectarse la autoimagen. En el afán de querer parecerse a las modelos de los anuncios, las personas empiezan a verse a sí mismas feas y sin atractivo.

La psicóloga opina que es sano querer mejorar, tanto la apariencia como la salud. “Pero un problema en la actualidad es que las personas no quieren hacer un esfuerzo, quieren encontrar una solución mágica a sus problemas. Creen que la cirugía es una salida fácil”, manifiesta. Pero por otro lado, con una autoestima sana y con expectativas reales un cambio estético puede ayudar. Por ejemplo una mujer que sufre por su nariz de gancho o sus orejas grandes puede mejorar su autoimagen con una cirugía.

La asesoría psicológica ayuda a los pacientes a prepararse por si algo sale mal. “Es una posibilidad quedar peor, debiendo aceptar las consecuencias de sus decisiones”, refiere. Muchas personas con resultados desastrosos caen en depresiones serias que pueden llevar incluso al suicidio. Quienes no aceptan que ya alcanzaron cierta edad deben comprender que todas las etapas de la vida tienen su encanto. “Aceptar el envejecimiento es importante, porque no hay cirugía que detenga el tiempo”, concluye.

Para que se cumpla la ley

El Decreto número 13-2007 es la ley general que regula el uso de esteroides y sustancias peligrosas, como el silicón líquido y otras parecidas. En ella se indica que es la Dirección General de Regulación, Vigilancia y Control de la Salud, del Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social, a quien corresponde la vigilancia, aplicación y rectoría de estas disposiciones. Por eso se puede denunciar ante esta Dirección cualquier anomalía.

Según la misma ley, los establecimientos que distribuyan y usen estos productos serán sancionados con el cierre por lo menos de 30 días y tendrán que pagar una multa de entre Q50 y Q100 mil.

Si hay un caso específico de daño ocasionado por estas prácticas puede hacerse una denuncia en el Ministerio Público para perseguir penalmente a los culpables, explica Mónica Gramajo, de la DIACO. Se les investigará por el uso de sustancias prohibidas, y si hubiera participado algún médico, se le inculpará por mala práctica. Si se trata de una persona ajena a la medicina, se le puede acusar de usurpación de calidad.

En el caso de ser un profesional de la salud, debe ponerse también una queja en el Tribunal de Honor del Colegio de Médicos y Cirujanos de Guatemala, refiere Carlos Mejía, presidente de dicha institución.

Las sanciones que se le imponen comprenden la amonestación privada o pública, así como multas económicas y suspensiones que pueden ser temporales o definitivas, según la gravedad del caso.

En la actualidad no es ilegal que un médico colegiado haga procedimientos que no son de su especialidad si ha recibido entrenamiento especial para ello. Con respecto a este “traslape”, Mejía señala que se están reformando los reglamentos con el fin de establecer claramente el campo de trabajo de cada profesional. “Se tomarán en cuenta lo legal y académico, así como los derechos individuales. Toda la comunidad médica participará en la aprobación”, informa.


Por Jessica Masaya


Fuentes: Guillermo Echeverría Roldán, director del Comité de Ética de la Federación Ibero Latinoamericana de Cirugía Plástica, FILACP, y de la International Confederation for Plastic, Reconstructive and Aesthetic Surgery, IPRAS. Felipe Coiffman, cirujano plástico, profesor emérito Universidad Nacional de Colombia. Juan Carlos Galindo, cirujano plástico, presidente de la Asociación de Cirugía Plástica de Guatemala. Sergio Kurt Rojas, cirujano plástico, SKR Aestethics México. Mónica Gramajo Quemé, directora de la Dirección de Atención y Asistencia al Consumidor, Diaco. Carmen Cristina del Rosario Sobalvarro Guzmán, psicóloga. Carlos Villanueva, dermatólogo y vicepresidente de la Asociación Guatemalteca de Dermatología. Silvia Sánchez, especialista en medicina estética y directora de Rada Aestethic & Spa. Sitios web: http://portal.mspas.gob.gt www.anabolicsteroids.name/federalcase.html http://a7.com.mx www.misionesonline.net www.larevistadecirugiaestetica.com http://dominical.ultimasnoticias.com.ve http://colmedegua.org

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