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Durante la década de 1970, la 16 Calle de la Zona 1 se definía porque allí se encontraba la Galería El Túnel. Hoy, esta institución de la plástica nacional alcanza 40 años de labor ininterrumpida. Su creadora, Ingrid Klüssmann, nos recibe en su casa y nos revela algo de su vida y del camino que la llevó a crearla y cómo la desarrolló. Hablar del tema con ella es volver las páginas de la historia y el “tras bambalinas” de este fenómeno llamado arte. Pocos como ella tienen autoridad para eso. La galería hoy está tan activa como siempre y sigue marcando los mejores años de la creación nacional.
¿Cuándo le surgió la pasión por el arte?
Desde que tenía cinco o seis años me fascinaban las clases de dibujo. Luego vi cómo pintaba Isabel Timeus, recuerdo que me regaló un gatito al óleo y eso me motivó. Tomé clases con don Miguel Ángel Ríos y tuve el honor de estar con Isabel Timeus, para mí la mejor paisajista de Guatemala. Recuerdo que nos llevaban a Los Eucaliptos, no había nada allí, pero estaba el volcán y pintábamos al aire libre, en Amatitlán y en San José Pinula.
¿Su familia la apoyaba?
No. Mi mamá quería que fuera médica. Conforme pasaban los años yo me decía a mí misma, “el día que haga una autopsia me voy a morir”. Tuve miedos y pánicos, “¿quién me va a sacar de los deseos de mi madre, cuando yo siempre quise ser decoradora o pintora?”. Por fin mi mamá me dejó seguir con don Miguel Ángel Ríos, pero antes ya había estado un año en la Escuela de Artes Plásticas con Ixquiac Xicará, Guzmán Schwarz y con esta señora, a quien ahora quieren revivir, doña Wilfreda López. Artes Plásticas quedaba en la 8a. avenida. Compartí también con Rodolfo Abularach, Manolo Gallardo, con Ana Lucrecia Prera y Víctor Vaskestler. Sin embargo, mi madre sentenció, “yo no quiero una hija pintora, te quiero en la universidad”. En aquella época en Humanidades de la Universidad Rafael Landívar, había carreras de filosofía y letras o psicología. Elegí esta última. Hablamos de los años 1966 a 1971.
¿Cómo surgió El Túnel?
Cuando llegó 1971, Humanidades ya no estaba en la Zona 10 porque ya no cabía, y nos trajeron a la 10a. Avenida 11-44, Zona 1. Ahí había un corredor que sirvió para que pasaran los caballos a un segundo o tercer patio. Como yo ya había expuesto en la Universidad, en la Zona 10, en una galería que fuera inaugurada por John Gordon Mein, el padre Antonio Gallo le consultó al doctor José Santos Pérez, rector de la URL, para que me hiciera cargo de ese espacio y yo acepté el proyecto. Yo misma pinté las paredes y busqué patrocinadores, hasta me regalaron las luces, por falta de recursos.
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¿A qué se debe el nombre?
Hubo todo tipo de propuestas: que La Salamandra, que El Sagitario, en fin, un montón de babosadas. Al fin, El Túnel lo decidió el padre Gallo. Invitamos a Luis Díaz y en otro saloncito a Dicky Mata para que expusieran. La inauguración fue el 5 de julio de 1971. En 1972 el padre Gallo me comentó que el padre Atucha tenía un local en la 16 Calle de la Zona 1. De inmediato pensé, “esa calle es la Muerte Quirina”. ¿No se llama Calle del Purgatorio pues?, ahí he purgado yo todos mis pecados. Llamamos a unos arquitectos. Todo me lo regalaron: piso, luces, pintura. Desde entonces contamos ya 600 exposiciones.
¿Cuál fue la primera que se hizo allí?
Una colectiva enorme, todos los salones de El Túnel, con todos los artistas de Guatemala.
¿...Y desde esa primera exhibición?
Nunca dejé de hacerlas cada 15 días.
¿Quién se ha encargado de la curaduría?
Yo curaba y me encargaba de la albañilería (ríe), boletines de prensa, todo… Sí, yo barría y yo trapeaba. Es más, un economista hasta calculó cuántos cuadros he colgado. Es que son miles.
¿Y el gusto por las miniaturas?
Eso lo inventamos con Isabel Timeus. Ahora, todo lo que se ha hecho en Guatemala es pura copia de lo que a mí se me ocurrió: que el aniversario, que homenajes, que gente que ya no vivía. Otra cosa que gozamos mucho con ella fue la restauración de la obra de doña Antonia Matos.
¿Cuál es la anécdota que más recuerda de todos estos años, de tantas muestras?
Es que han pasado tantas, pero tantas cosas. El día de la inauguración en la 16 Calle, Marco Augusto Quiroa llevó una gran jaula de pájaro, adentro representaba al Cardenal Mario Casariego y Acevedo con una etiqueta café amarrada con lacito a una pata, que decía: “Este pájaro de cuenta sigue su marcha triunfal / siendo zanate fue a Roma y regresó cardenal”. “Y ahora, ¿qué hago yo con este cuadro? Con esto sí me sacan los curas y mi mamá presionando”, me dije. Pusimos la obra en la entrada y como me llenaban de flores, con ellas tapamos la etiqueta. Pero Rony Reynoso llegó, le tomó foto y se la envió a Casariego. Otra anécdota es que la Chus, quien estuvo conmigo 25 años, me preguntó un día qué tenía en un costal en la bodega. Cuando subí a comprobar encontré propaganda del PGT que había dejado Arnoldo Ramírez Amaya.
Recuerdo al Túnel Dorado…
No, antes de este me prestaron el local que fuera de Forum, donde estuvimos dos años. Después surgió El Túnel Dorado, que fue una maravilla, dentro del Hotel Dorado Americana, donde hubo un incidente. Por precaución le puse alarma a cada obra y, en efecto, robaron una. Gracias a la alarma la Policía la recuperó por la Plazuela España. Luego nos fuimos a la 13 Calle de la Zona 10. Más tarde, mi hermano nos prestó un local y ahora estamos en Plaza Obelisco, que es una maravilla.
En general ¿cuál tipo de obra es la que más gusta?
Los cuadros que más le han gustado al pueblo de Guatemala son los de Manolo Gallardo. He tenido bellezas, pero al arte abstracto no lo comprende bien el gran público.
En cuanto a su propia producción…
Ahora mi hijo lo hace todo. Yo disfruto las muestras y tengo tiempo para pintar. Tanto, que he incursionado en el abstracto y he vuelto a temas que desarrollé antes.
¿Sería justo decir que por El Túnel han desfilado casi todos los grandes artistas de Guatemala?
Sería más justo decir que han desfilado todos. No faltó ninguno.
Por León Aguilera Radford