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El telar de las tradiciones

diciembre - 2011

El legado que aprendieron de sus madres y abuelas se ha perfeccionado, esos tejidos que confeccionan cada día miles de mujeres guatemaltecas ahora están cargados de creatividad, novedad y buen gusto, con el objetivo de complacer la exigencia de la clientela y haciendo hincapié en el mercado internacional.

Aquellos trajes caros y de diseños complejos que se lucieron en las comunidades por mucho tiempo -en ceremonias religiosas o sociales importantes- han sido la inspiración de muchas tejedoras para confeccionar nuevas piezas. La novedad en sus diseños, colores y texturas constituyen todo un reto que se trazan cada año para cerrar negocios con clientes extranjeros, por ello recurren al asesoramiento de diseñadores nacionales y extranjeros, sin perder la raíz de sus trazos, símbolos e inspiración.

La holandesa Marjolein Keijsper es una diseñadora de modas que ha compartido tiempo con las artesanas guatemaltecas para generar nuevas líneas y propuestas para el mercado internacional. Trabaja desde hace 15 años en el diseño de ropa e interiores en Europa. En 2002 hizo su primera visita a Guatemala, se enamoró del país y tres años después decidió regresar, pero para quedarse, con el propósito de asesorar a las mujeres, en especial a las jóvenes estudiantes, para nutrir sus conocimientos y, a la vez, darle otros aires a los textiles hechos a mano.

Keijsper está convencida de que cada región tiene su propia identidad, la cual es plasmada en los tejidos tradicionales, pero esa historia también puede transmitirse en nuevas propuestas sin perder la técnica tradicional ni el significado, de lo contrario no podrían competir a nivel internacional. “Admiro mucho lo tradicional, pero el mundo está cambiando y no pueden presentarse diseños de hace 40 años, es necesario dar nuevas propuestas pero con esa habilidad artesanal que tienen las mujeres”, añade.

Yasmira Lisbeth Chen, promotora de la asociación Fundalachuá, de Cobán, Alta Verapaz, es una de las favorecidas con la asesoría de la diseñadora Keijsper y este año su agrupación presentó nuevas líneas de productos en la feria de artesanías, organizada por la Asociación Guatemalteca de Exportadores, Agexport. Las novedades se acentuaron en sus diseños con la línea de rambután (rosado y fucsia), laguna (celeste, verde claro y arena negra), y canela (café mostaza y naranja).

La idea no es copiar sino innovar al crear sus tejidos y así abrirse espacios en mercados que están dispuestos a recibir sus creaciones. Cada país tiene necesidades diferentes y las comunidades de los 22 departamentos pueden satisfacer esa demanda, debido a que cada uno tiene su riqueza en la producción de accesorios personales: bolsas, maletines, mochilas, cosmetiqueras. También en productos para el hogar: manteles, caminos de mesa, servilletas, limpiadores, cojines, cubrecamas, ponchos y alfombras. De hecho, el 70 por ciento de las exportaciones corresponde a la artesanía textil, siendo Estados Unidos, Alemania, Inglaterra, Italia, Austria, Holanda y Chile algunos de los destinos.

[Raphael Nissim asistió a la feria de artesanías este año con el objetivo de nutrir de mercadería novedosa sus puntos de venta: Perú y la India, los países en los cuales vende sus productos a través de un catálogo online. “Me encantan los nuevos diseños y coloridos que están adoptando, son de mi interés las cubrecamas, cobijas, cojines y cobertores”.]
Visión de exportación

La historia de la producción de textiles no es una novedad, pero sí un avance significativo que ha sido un factor importante en el turismo guatemalteco y, por ende, en la economía de las mujeres, quienes se muestran satisfechas al ser remuneradas por el trabajo ingenioso y calificado que hacen. Una de las evidencias de éxito se refleja en la feria de artesanías que cada año organiza la Comisión de Artesanías, de la Asociación Guatemalteca de Exportadores, Agexport, en donde artesanos y empresarios exhiben sus productos a compradores guatemaltecos y extranjeros. Este año se presentaron 23 nuevas colecciones, entre las que destacaron la bisutería elaborada con hoja de pino, textiles con hilos de bambú, productos pequeños de venta masiva, así como artículos de decoración, todos hechos a mano.

El reto de impulsar nuevas propuestas es incentivar el trabajo que realiza el millón de personas que depende de esta economía y que siempre vela por mantener la talla que los mercados internacionales exigen, indica Lucrecia de González, presidente del Comité Organizador de la New World Craft, en donde se exhibió un 70 por ciento de productos textiles y el 30 por ciento restante en productos de madera, cerámica, vidrio soplado, materiales reciclados, velas y fibras vegetales, y otros, todos originales, hechos a mano y con el sello único de la cultura guatemalteca y centroamericana.

Este año se propusieron como meta generar ventas por US$700 mil, es decir, 10 por ciento más que las generadas en 2010 (al cierre de esta edición habían concretado ventas por más de US$500 mil, y aún estaban en proceso de confirmación de órdenes), “creemos que antes de que finalice el año se logre alcanzar la meta”, afirma Aída Fernández, coordinadora de la Comisión de Artesanías, de Agexport.

Fernández explica que este sector tiene mucho potencial de crecimiento y generaría muchos más empleos si existiera mayor interés y políticas que beneficien su desarrollo.

Esfuerzos que deben ser valorados

“No todas apreciamos la belleza y el talento que tienen las artesanas, es poco el valor que se le da en Guatemala y, por lo general, son las organizaciones extranjeras las que han venido a incentivarlas con comercio justo y solidario-”, agrega Silvia Denburg, de la compañía Zyle.

Las tejedoras han demostrado ser capaces de mostrar una habilidad ancestral importante a través de sus técnicas y creatividad. Es necesario que se mantengan vigentes en la demanda comercial, para esto deben surgir nuevas propuestas de capacitaciones y así continúen mejorando su calidad y pierdan el miedo de forjarse retos mayores. Además siempre adaptarse a lo que demanda la comunidad internacional: diseños contemporáneos, reintegración del textil, funcionalidad y precios justos, en especial cuando se tiene una competencia en textil fuerte, como la que presenta India, asegura Denburg.

El trabajo que realizan las mujeres es impresionante y muy intenso, pero no es bien pagado en el mercado local y por ello han tenido que hacer alianzas y actualizar sus técnicas para tener mejores oportunidades fuera del país. Algunas empresas con visión de exportación han valorado ese esfuerzo y la calidad de sus productos, por ello los comercializan y con esto les dan un salario digno.

María Pacheco, presidente de Kiej de los Bosques -una empresa que se dedica a desarrollar los productos de la marca Wakami World-, explica que han tenido una experiencia gratificante por la actualización que tienen cada año en sus diseños, los cuales se distribuyen en 12 países. El buen trabajo de las artesanas es reconocido por hora, arriba del salario mínimo, y conforme perfeccionan su habilidad, hacen mejor y más rápido su trabajo. Ellas son las que establecen su horario en casa, para distribuir mejor sus tareas domésticas y el cuidado de sus hijos, sin dejar de cumplir la responsabilidad de entregar a tiempo sus tejidos.

“Las familias podrían sobrevivir como tejedoras, pero es necesario capacitarlas y reenfocarlas en el concepto de innovación y, para ello, es necesario que valoren su trabajo, es necesario que las apoyemos en su crecimiento personal”, añade Denburg.

Un mensaje con historia

Kiej de los Bosques, a través de la marca Wakami World, trabaja con Comunidades de la Tierra, organización que agrupa a las mujeres artesanas que no forman parte de agrupaciones ni empresas, se las capacita para que fabriquen productos que ya tienen mercado, y al cuarto mes forman parte de la cadena de valor de exportación. Es así como se han conformado 15 empresas rurales en Guatemala, ubicadas en ocho departamentos, quienes fabrican a mano productos como textiles típicos, muñecas, bolsas de jaspe y collares. Una alternativa que ha sido muy bien acogida en Europa son “los compañeros de viaje”, personajes de diseños únicos, cada uno lleva una connotación histórica maya, un mensaje de inspiración para fortalecer la autoestima, el amor y, sobre todo, la unión con el ser humano. “Por ejemplo, el mensajero colibrí es el esparcidor del amor, hay días en los que todos necesitamos un abrazo, hay abrazos que todos necesitamos un día”, explica María Pacheco, presidente de la empresa Kiej de los Bosques.



[“Estoy interesada en el trabajo hecho a mano, para llevarlo a la organización de trabajo justo a la que pertenezco en Estados Unidos. Me gusta todo el colorido y novedades de Guatemala: monederos, bufandas, chalinas y bolsas”. Jocelyn Boreta, estadounidense.]







Rosario Miralbés de Polanco, curadora emeritus del Museo Ixchel del Traje Indígena.
El objetivo es la alta costura

Denburg está convencida de que es necesario explotar más la creatividad para generar nuevas propuestas, porque no se ha llegado a cubrir la demanda de competitividad, cuando hay miles de artesanas dispuestas a experimentar esos retos. Los artículos prometedores están en tiendas que se dedican a crear nuevos diseños y variedad de estilos, como La Antigua Guatemala, así como otros lugares visitados por los turistas. Hay muy poco interés en asumir riesgos de reinterpretar y redireccionar a las tejedoras y sus textiles. Con ese deseo de cambio surge esta empresa para rediseñar lo que ellas ya saben hacer, creando una propuesta de lujo para un mercado de exportación, agrega Denburg.

“Yo capacito a las tejedoras con conceptos nuevos, pero partiendo de lo que ellas son capaces de hacer, y el éxito dependerá de la confianza y seguridad que asuman y el tiempo que se propongan para experimentar. Si no saben correr hay que enseñarles, dejando que caminen y tropiecen, pero que vuelvan a comenzar. Es necesario crear una nueva industria con estos objetivos, para continuar promoviendo sus talentos”, expresa Denburg.

Su objetivo es valorar a las tejedoras individualmente, encontrar sus fortalezas, capacitarlas en técnicas y diseños nuevos e incentivarlas a mantener su arte y tradición textil viva. Hay que reinventar productos y presentarlos al nuevo mundo con el sello “hecho a mano”, con esto sienten que tienen su próxima comida garantizada. Hay que devolverles la dignidad que les pertenece, nuestra tradición es única y no podemos perderla.

Trabajo justo

Elmy Hernández Cholotío, de San Juan La Laguna, Sololá, pertenece a una agrupación de mujeres artesanas que han tenido la experiencia de exportar sus productos a Europa, especialmente hacia Noruega. Uno de los productos más aceptados son los estuches para computadoras hechos con lana natural de oveja, así como caminos de mesa, individuales, gabachas, toallas de cocina, juegos de cocina, en donde se han conservado los tintes y fibras naturales. “Hemos participado durante cuatro años consecutivos en la feria de artesanías, y cada año hemos dejado cosas diferentes. En este proyecto trabajan 187 artesanos, hombres y mujeres, quienes fabrican los textiles, proyectos de turismo comunitario y plantas medicinales. La idea es que todos tengan trabajo”, agrega Hernández.

“Se les provee con las materias primas, se exigen altos estándares de calidad y se les paga bajo el criterio de comercio justo, es así como una artesana puede ganar Q6.25 por hora de trabajo. Es lo que indica el salario mínimo. Se tienen procesos eficientes de producción, para que el producto no salga excesivamente caro”, añade Hernández.



[“Las mujeres han aprendido a organizar su tiempo para hacer desde su casa los tejidos que requieren mucha dedicación, y el tiempo varía según el tamaño y la técnica que se aplica, por ejemplo un individual puede requerir seis horas” Nancy Túnchez, ProTeje, Museo Ixchel del Traje Indígena.]







María Antonia –a la derecha- entrega el pedido solicitado por ProTeje.
Protegiendo la tradición

En el Museo Ixchel del Traje Indígena ha crecido un proyecto de gran importancia para la tejedora maya, llamado ProTeje, sin fines de lucro. Su objetivo es conservar las técnicas y procedimientos ancestrales como el telar de cintura o de palitos, explica Thelma Chacón de Willemsen, quien trabaja desde hace 44 años en dicha institución.

A esta iniciativa se ha sumado el trabajo de 269 mujeres de 14 comunidades, quienes cada mes llegan al taller de ProTeje a dejar el pedido que les fue encomendado, el cual es revisado por las coordinadoras del proyecto, quienes verifican la calidad, tamaño y cantidad solicitada, pesando a la vez la mercadería para corroborar la cantidad de hilo que les fue entregado de manera gratuita. Si todo está en orden, se les extiende un cheque según el precio cotizado por cada pieza. De esta manera las tejedoras retornan de nuevo a su comunidad, satisfechas de haber cumplido con la responsabilidad asumida y firmando otra solicitud de trabajo. Pero no trabajan solas, pues comparten la labor con otras tejedoras de su comunidad, quienes están convencidas de la calidad y la fecha de entrega del pedido, por lo que aprenden a organizar su tiempo, para no descuidar las tareas de su hogar ni el compromiso asumido con ProTeje, para seguir ofreciendo sus obras de arte que incluyen su firma y el nombre de su comunidad.

Como parte de la conservación de la tradición, este proyecto decidió publicar este año el libro “Hilos mayas de Guatemala, el lenguaje de los símbolos”, a cargo de Nancy Patricia Túnchez Granados, quien efectuó el trabajo de campo para rescatar el significado de los símbolos de cada comunidad.

Alta calidad en Quetzaltenango

Roberto Chaclán, de la Fundación de Desarrollo, Fundep, de Quetzaltenango, explica que a través de la unidad comercializadora Innova, S.A., se apoya a diferentes grupos de artesanos, cooperativas y asociaciones, para fomentar la actividad artesanal y promoverla al mercado internacional. Se tienen proyectos con la cooperativa de lana de Momostenango, conformada por alrededor de 45 artesanos. Así como quienes trabajan fibra natural -cibaque, palma, cañaveral y bambú-, conformada por 600 artesanos, la mayoría mujeres. En Totonicapán se les brinda asesoría a 50 artesanos de cerámica. Para el mercado europeo se destinan los productos de cerámica y lana, y la fibra natural tiene como destino Estados Unidos.

El proyecto surgió en 1986 y cada año se exporta alrededor de un millón de quetzales, habiendo obtenido el premio del mejor exportador. Se ofrece una colección de cojines, alfombras y ponchos y, a través de la diseñadora holandesa Keijsper, se han hecho innovaciones en colores y diseños. Uno de los objetivos es que reciban por lo menos el salario mínimo y justo, alrededor de Q70 a 75 al día.




Silvia Denburg, exportadora de la compañía Zyle.



Por Margarita Pacay
Fotos: Julieta Ordóñez, Juan Pablo Yuman, archivo R y S

Marjolein Keijsper, diseñadora holandesa; Aída Fernández, coordinadora de la Comisión de Artesanías, y Marlene Martínez Portillo, gerente de comunicaciones de la Asociación Guatemalteca de Exportadores, Agexport. Silvia Denburg, de la compañía Zyle. Yasmira Lisbeth Chen, promotora en la asociación Fundalachuá, de Cobán, Alta Verapaz. Elmy Hernández, gerente de la comercializadora San Juan La Laguna. Museo Ixchel, proyecto ProTeje. María Pacheco, de Kiej de los Bosques. Roberto Chaclán, de la Fundación de Desarrollo, de Quetzaltenango. Documento Tejiendo el corazón de nuestros ancestros, Ministerio de Cultura y Deportes.


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