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Las escalas del amor

enero - 2012

[Cuidado cuando en el noviazgo se invaden los límites y se tiene poca privacidad. Stephanie Guilá, psicóloga orientadora de parejas.]

El amor no se estanca, cada día muta a nuevas etapas y pruebas para que la pareja crezca y se haga más fuerte al vencerlas, o bien se arriesgue a cerrar un capítulo amoroso que muchas veces deja heridas emocionales difíciles de sanar.

Una pareja por afinidad y sentimientos comparte amor, cariño y compañerismo para que a corto, mediano o largo plazos su relación llegue a otros niveles como el matrimonio o la unión de hecho. En este proceso los altibajos se hacen presentes y cada ciclo trae sus propios retos haciendo que la convivencia se convierta en una aventura.

Juntos tienen el desafío para que los contaminantes no transgredan la armonía y la paz. Deben caminar con sumo cuidado, uno al lado del otro y tratando de entablar una dinámica efectiva de tolerancia y respeto, no siempre fácil de conseguir.

Cuando lo anterior no se cumple aparecen los problemas que sin control se transforman en las grandes catástrofes sentimentales que inundan los juzgados y los consultorios de psicólogos o consejeros. Los especialistas insisten en que las características comunes de estos finales son los problemas de comunicación, la poca capacidad para resolver conflictos y una poco desarrollada inteligencia emocional.

En un panorama distinto están las relaciones exitosas en donde las estrategias de negociación se fortalecen y aunque tampoco es un cuento de hadas con el sello “felices para siempre”, es posible alcanzar la estabilidad. En este contexto los integrantes crecen como individuos, en pareja y mantienen familias más acopladas.

Stephanie Guilá, psicoterapeuta, agrega que otros componentes importantes son la atracción física, el compromiso y la amistad. Si uno de ellos falta comienzan las complicaciones.

Sin amistad la relación carece de anhelos y alegrías. Cuando existe, el hombre y la mujer encuentran en su compañero de vida a su mejor amigo, se divierten, comparten secretos, discuten las dificultades y se encaminan a las soluciones.

Por otro lado, cuando falta la atracción sexual quedan de lado las necesidades emocionales y físicas. Sin dejar de mencionar que la falta de compromiso promueve los romances casuales y sin futuro, de graves consecuencias para la estabilidad afectiva.

¿En qué fase de la relación te encuentras ahora?, ¿eres parte de un noviazgo, convives con tu pareja, tienes hijos o estás en un momento de reencuentro después de la partida de los hijos a su independencia? AMIGA te lleva hoy a explorar cada uno de estos períodos y te propone algunas herramientas vitales para volver a la carga en tu relación.

Comienzo con buen pie

Neil Clark, psicólogo clínico, explica que a millones de solteros les gustaría casarse, pero solamente si pudieran vivir felizmente con su pareja para siempre. ¿Será posible asegurar ese futuro? Encontrar a la mejor pareja se relaciona por completo con conocer la personalidad propia. “Cuánto más sepas de ti, más claro será tu sentido de la dirección en la búsqueda del amor de tu vida”, agrega Clark.

Así es que tómate el tiempo suficiente para identificar tus gustos, las cosas que te aburren, cuáles son tus metas, cómo trabajas para alcanzarlas, en cuánto tiempo quieres lograrlas, así como aquellos detalles que como ser humano deseas mejorar.

Ahora bien, después de comenzar a trabajar en tu propia vida y sentirte plena es el momento de buscar a ese ser especial. Decídete por compartir con una persona con quien tengas afinidad y proyectos similares, esto no significa tener una copia exacta de ti, pero sí que logren establecer una conexión importante en ciertos puntos esenciales.

Los flagelos del noviazgo

En todas las culturas existe una diferencia sobre como la pareja se establece. Guatemala, al ser una sociedad colectivista y ligada a la familia, ofrece la oportunidad de conocerse, tener espacios de privacidad entre las parejas jóvenes y compartir con las familias, aunque todavía quedan poblaciones en las cuales la mujer no tiene el derecho a decidir, dice Eva Vanneste, antropóloga cultural.

“Más de un millón de mujeres jóvenes se casa en contra de su voluntad. El matrimonio es organizado por sus familias y se obliga a las mujeres a estar con determinado hombre y tener hijos. También hay jóvenes que se deciden por la unión marital como única esperanza de vida ante la dependencia derivada de la falta de oportunidades de educación y de trabajo remunerado”, comenta Mercedes Citalán, de la Asociación Política de Mujeres Mayas Moloj.

Sumado a lo anterior, los noviazgos también llegan a enfrentar otro mal que pone en riesgo la integridad física o hasta la vida. Actualmente muchos jóvenes y adolescentes construyen enormes expectativas en su vida amorosa, se sienten atraídos por el enamoramiento, la idea de apoyo y compresión mutua, pero muchos se encuentran desde el cortejo en relaciones violentas y tormentosas, dice Karen Molina, del movimiento Incidejoven.

Este tipo de vínculo se identifica cuando una joven es presionada por su pareja a vestirse de cierta manera, a no hablar con otras personas, soporta frecuentes escenas de celos, recibe llamadas insistentes y se pierde el respeto. El miedo a la agresividad es otro de los argumentos presentes.

La psicóloga Nancy Morales identifica también tres etapas comunes en noviazgos conflictivos. En la primera, la pareja permanece en una constante tensión y esto da paso a los insultos y reproches, luego se presentan las agresiones físicas o emocionales y, por último, la reconciliación en la cual se promete cambiar, pero solo persiste por un tiempo y luego el ciclo se repite. Morales recomienda que de vivirse una situación similar se busque ayuda de inmediato.

Bajo las mismas sábanas

La decisión de formar un hogar al unirse o casarse trae una serie de cambios y cualquiera pensaría que es un período de “luna de miel” lleno de felicidad, sin embargo, la pareja es tan vulnerable como en cualquier otra etapa del amor.

Los contaminantes resultan ser similares al noviazgo si se pierde el respeto, pero a estos se agregan otros. Entre ellos está la falta de organización del dinero al tener compromisos en común, dificultad para cortar el cordón umbilical con su círculo familiar, lo cual no permite que la pareja logre su independencia y autonomía y la poca aceptación de las diferencias y costumbres que cada uno lleva.

Aquí las negociaciones se vuelven el pan de cada día aun en los detalles más sencillos y se requiere de madurez, así como de inteligencia emocional para lograr acuerdos que permitan una vida plena.

Gran desconocida, la inteligencia emocional

Sin duda tomar conciencia de las emociones, comprender los sentimientos de los demás y tolerar las presiones es parte de la inteligencia emocional que necesitan las parejas para permanecer a flote en la relación.

En la Universidad de California, un estudio hecho a 151 parejas con muchos años de matrimonio señala que los esposos consideran desagradable sentirse trastornados durante un desacuerdo, pues suelen segregar más adrenalina en el torrente sanguíneo y el flujo se dispara cada vez que sienten las negativas de sus esposas. Así que comienzan a bloquearse para que su ritmo cardíaco disminuya, y desarrollan una sensación de alivio.

No obstante, cuando los hombres parecen estar ausentes de la discusión y sin involucrarse en el problema, se eleva el ritmo cardíaco de las esposas. Es un círculo vicioso porque mientras ellas intentan plantear y resolver desacuerdos y quejas, sus esposos son más reacios a participar y llevan la discusión a una pelea acalorada.

Daniel Goleman comenta en su libro Inteligencia Emocional, “que cada emoción fuerte lleva a un hecho y durante una pelea actuamos como si estuviera en juego nuestra supervivencia misma”. Así que es indispensable que en las peleas los dos tomen por lo menos 20 minutos para serenarse y tranquilizarse antes de continuar con el desacuerdo. También ayuda pensar en acciones buenas que la pareja ha hecho, contrarias al error que cometió recientemente. Por ejemplo, si crees que es una persona desordenada podría ser que ya haya tenido intentos anteriores de mejora. Ambos deben considerar que en algunas ocasiones necesitarán de ayuda extra para aprender técnicas de relajación para lograr el control.

Mientras hablen no estén a la defensiva. Escuchar es una de las habilidades que mantiene a las parejas unidas. No es sencillo conseguir los cambios, pero la práctica los llevará por un mejor camino para comunicarse en las etapas de crisis.

Tomen en cuenta que antes del conflicto eran amigos, se amaban y se divertían juntos. Recuerden y aviven momentos buenos para retomar el rumbo de la relación.

Además, estos ejercicios motivarán a que los dos se preparen para comunicarse por diferentes momentos que no están sujetos a una fecha específica, como lo describe Gary Chapman en su libro Las cuatro estaciones del matrimonio. Vienen tiempos de desaliento y tristeza que se viven en el invierno, las nuevas metas y esperanzas en la primavera; la sensación de comodidad y seguridad durante el verano y el otoño representado por los temores e incertidumbres.

Esposos y padres

El umbral de la llegada de los hijos transforma la relación. Surgen interrogantes y dudas que parecen nunca terminar sobre el proceso de crianza y cuidado de los nuevos miembros y también cómo mantener el rol de pareja.

Los especialistas insisten en que los hijos no son pretexto para dejar por un lado la relación, sino más bien fortalecerla. Para ello, organicen su agenda para darse el espacio que ambos merecen, tengan citas frecuentes, aprendan algo nuevo de ustedes, a diario tomen por lo menos un momento para hablar, con ello lograrán unirse, estar bien y tener una mejor comunicación para criar a los hijos.

Es importante que cada quien en la pareja tenga sus propias actividades personales para darse un respiro, estar bien con ellos mismos y sentirse mejor en cada uno de los papeles que desempeña.

Relevante es una mejor distribución de tareas y ser solidarios el uno con el otro. En esta etapa es importante equilibrar la cooperación, reconociendo que ambos tienen derecho al descanso y los dos requieren atención. De lo contrario, la convivencia se convierte en un campo de batalla de reproches, insultos y frustración, asegura el psicoterapeuta de parejas José Jaime Martínez.

Si pasan por problemas, reconózcanlo. Detecten cuáles son los inconvenientes para resolverlos a tiempo y si creen no tener las herramientas apropiadas busquen ayuda profesional y asistan a grupos de apoyo para trabajar en las soluciones.

La unión para dirigir

La presencia de ambos es indispensable frente a sus hijos. Como guías necesitan prepararse constantemente, informarse sobre cada etapa que atraviesan los niños y adolescentes y así orientarlos de una mejor manera.

Los niños necesitan crear lazos afectivos, recibir muestras de cariño y tiempo de calidad, agrega Claudia Cuyún, psicóloga. Organicen salidas familiares, hagan juegos e instituyan canales de comunicación, en especial traten de escuchar sus temores, anhelos y necesidades. De igual manera son importantes los límites claros y la disciplina que dará el balance.

A las nuevas generaciones es necesario explicarles desde un principio qué es la paternidad responsable y qué implica tener hijos. Además educarlos sobre qué está bien y qué no en un noviazgo, y enseñarles una cultura de tolerancia. Para emprender este tipo de enseñanza es necesario que se unan las escuelas y los grupos religiosos, dice Liliana Gajnaj de Syrowicz, psicóloga educativa.

Nido vacío

Esta etapa se presenta cuando los hijos se van del hogar a formar su propia vida, o bien deciden formar un hogar. Es un proceso difícil para la pareja que se enfrentará a un duelo para acomodarse, de hecho los expertos aconsejan prepararse años antes para crear espacios especiales para los dos como cónyuges.

Quienes no comparten tienden a vivir muchas crisis cuando los hijos se independizan del hogar y esta etapa suele ser tan difícil que podría generar un rompimiento definitivo o llevar a los cónyuges a verse como extraños, aseguran María Elena López y María Fernanda González, psicólogas de la Universidad Javeriana de Colombia.

Al irse los hijos se vive un proceso de duelo, hay negación, tristeza e ira, que bien encaminada y con un poco de tiempo lleva a un estado de aceptación y paz. La pareja poco a poco descubre la manera de seguir creciendo y reavivan la relación.

El cuidado que cada uno debe darle a su salud es importante, alimentarse sanamente, hacer ejercicio y aprender nuevas destrezas fortalecen el amor propio y la intimidad. Este es el tiempo que se recomienda para concluir algunos proyectos que se encuentren pendientes, hacer un viaje solos y volver a una etapa similar a la compartida al comienzo de la relación.

Entre otras ideas está tener detalles sencillos y cariñosos, mantener las caricias, abrazarse, darse sorpresas, utilizar expresiones de afecto, escuchar música, preparar comida juntos y otra serie de actividades creativas.

Una vida agradable en pareja es posible, pero requiere de trabajo duro y superar las dificultades por más difíciles que parezcan. Una técnica que recomiendan los especialistas es ver con lente de aumento lo positivo y dejar de quejarnos tanto por cuestiones que no valen la pena y que tienen solución al negociarlas.


[La cosmovisión maya conduce a las parejas a ser tolerantes, respetar la energía bajo la cual nacieron y tratar de orientarlas hacia una sociedad más igualitaria. Mima Estrada, Ajqij.]
Una pareja satisfecha

Tiene comunicación clara. Es decir, se comunican de forma asertiva, expresan sus sentimientos y deseos en primera persona, dicen abiertamente lo que creen que les hace sentir mal, pero a la vez dan una solución. Por ejemplo: “Siento que no soy tomada en cuenta cuando me das la espalda, yo me siento mejor si tú me ves a los ojos cuando hablamos del problema”.

Es empática. Ambos piensen en la situación del otro. Comprenden lo que sienten en ese momento, desde su punto de vista.
Sabe discutir. No se descalifiquen, eviten los sarcasmos, jamás saquen a colación a terceras personas.

Tiene expresiones positivas. Por cada intervención negativa devuelven dos positivas para evitar destrucciones emocionales.

Posee fortaleza en su amistad. Tienen confianza en toda circunstancia y eso los hace ser más felices pues carecen del mal hábito de ser controladores.

Cuenta con la habilidad de dejarse influenciar. Saben escuchar consejo cuando algo no está bien.

Tienen interés genuino por lo que hacen y sienten. Ambos se interesan por saber cómo están, se involucran en su bienestar y cuentan con el apoyo del uno al otro.

Valida sus sentimientos. Cada uno le da importancia a cómo se siente su ser amado.
Se demuestra afecto siempre. Se respetan y no se avergüenzan en demostrarse que se aman.
Mantiene el buen humor. Ríen y se divierten juntos.

Los enemigos del amor

La mala comunicación está entre los contaminantes de mayor peso. Es decir, esa que existe donde las parejas utilizan técnicas de confrontación destructiva. Cuando al pelear no se respetan, se humillan, se descalifican y critican al ser interior de cada uno, mas no a la situación. Por ejemplo, Claudia Cuyún explica el típico caso del hombre desordenado a quien la esposa le dice que es un sucio o que su familia no le enseñó normas. Mientras que lo correcto sería que ella indicara lo molesto que le resulta encontrar todos los artículos fuera de su lugar. El antídoto para no caer en este círculo vicioso negativo es jamás acusar al “ser”, vale más enfocarse en la “situación”.

José Jaime Martínez, psicoterapeuta de parejas, agrega que no expresar afectos fundamentales como: el cariño, ternura, calidez y pasión termina por apagar la llama que enciende la relación. Por ejemplo: olvidar dar y recibir abrazos, no recordar el beso de buenas noches o evitar decir palabras estimulantes y agradables y reconocer los éxitos de la pareja.

De la misma forma, vivir como en una isla es otro factor dañino, porque solo enfatiza su distanciamiento y falta de comunicación. Su diálogo se centra en los descalificativos, en agresividad, ironía, ofensa y en recordarle a la pareja sus obligaciones. Así es como se fomentan los conflictos y baja la autoestima.



Parejas ensambladas

En la actualidad se presentan con más frecuencia este tipo de relaciones íntimas. Son parejas divorciadas o separadas con hijos que se unen en un nuevo hogar.

Estas parejas enfrentan el reto de un manejo de presupuesto cuidadoso para distribuir el dinero entre la nueva familia y la responsabilidad que tienen con la anterior. De igual manera se requiere de un balance en cuanto a la educación, corrección y límites para los hijos de cada uno y los de ambos.

Según los especialistas este tipo de familia demora entre dos y siete años para adaptarse y lograr un hogar equitativo, pero es un proceso delicado en especial cuando aparecen conflictos frecuentes entre los miembros.



Desde el embarazo

El ser humano aprende a relacionarse desde el vientre materno. Allí empieza a recibir descargas afectivas de la madre, las cuales le enseñan a sentirse querido o rechazado. Durante su crecimiento nota como se satisfacen las necesidades, las cuales a veces son a corto, mediano o largo plazos. Muchos teóricos indican que la mujer aprende a amar a su pareja por medio del ejemplo del padre, sin embargo, hay muchos casos donde la pareja tiene características de la mamá.

¿Sabes cómo está tu relación?

Es preciso que constantemente las parejas evalúen las distintas áreas de su relación con el objetivo de determinar en dónde están las dificultades y juntos sepan cómo resolverlas.

Para hacer la evaluación toma papel y lápiz, anota en una columna términos como: aspecto físico, sexualidad, área espiritual, estado de ánimo, sociabilidad, economía, familia extendida, intelectualidad, colaboración en el hogar, entre otros que consideres necesario examinar. Califica cada interrogante con un bien, regular o malo. Haz tu propia evaluación y pide a tu cónyuge que llene la suya, luego intercámbienla. Destinen un tiempo para hablar sobre los resultados, pero háganlo utilizando las herramientas de la comunicación asertiva.



Por Yeni Leiva e Ingrid Reyes

Fuentes: Stephanie Guilá, psicóloga clínica de Boston Clinical Consulting. José Jaime Martínez, psicoterapeuta de parejas. Eva Vanneste, antropóloga cultural. Mercedes Citalán, de la Asociación Política de Mujeres Mayas Moloj. Mima Estrada, Ajqij. Liliana Gajnaj de Syrowicz, psicóloga educativa y social. Karen Molina, de la Red de Jóvenes para la Incidencia Política, Incidejoven. Claudia Cuyún, psicoterapeuta familiar y de parejas. La inteligencia emocional de Daniel Goleman, Editorial Vergara. Inteligencia en pareja de María Elena López y María Fernanda González, Grupo Editorial Norma. ¿Pareja de un día o de por vida? De Neil Clark Warren, Editorial Betania.

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