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“Quien se casa...casa quiere” dice el proverbio popular, pero la frase no indica que esa casa también requiere algo: la presencia de dos personas dispuestas a convertirla en un verdadero hogar, en un sitio digno, cómodo y funcional.
La organización de la boda requirió algunos meses de trabajo y mucho estrés; finalmente, el descanso llegó con la luna de miel. Pero, cuando esos días de placer terminan, de pronto tomas conciencia que a tu regreso lo que te va a recibir no será aquella casa siempre limpia, organizada y acogedora de tus padres, sino un auténtico desafío personal.
“La mujer de hoy enfrenta una transición generacional entre la sociedad tradicional y la moderna que le demanda trabajar y tener una carrera, además de ser esposa, madre y ama de casa. La carga moral y de responsabilidad tal vez es la misma, pero hay más presión porque al cumplir más roles el tiempo se acorta y la organización es indispensable”, dice Claudia de la Roca, psicóloga clínica. Pensando en esto conviene que cada pareja defina, antes de casarse, la dinámica que seguirá en el tema del trabajo, tanto el que se realiza fuera de casa, como dentro de ella.
“Si ambos salen a trabajar, lo correcto es dividir las tareas domésticas”, indica Lucrecia de Orive, de la Universidad del Istmo, Campus IFES. La experta en el tema hogar-empresa destaca la importancia de que este sistema de tareas compartidas se establezca desde el inicio e incluya aspectos tales como el manejo del presupuesto y planificación del nacimiento de los hijos.
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De la Roca sugiere que la nueva pareja aplique principios básicos de psicología organizacional: establecimiento de prioridades, planificación y disposición para realizar una tarea a la vez. “Cuando tienen claro cuál es su prioridad y actúan en función de eso, se estresan menos”, señala. La planificación debe responder a las prioridades y quedar plasmada en papel.
Por lo general, uno y otra manifiestan preferencia o destreza para realizar determinadas tareas y cada quien demuestra animadversión hacia otras. Lo importante es que exista disposición para ceder en aras de afianzar sentimientos de solidaridad y el deseo de compartir un espacio cómodo y digno. Aun cuando cuenten con un servicio doméstico permanente o periódico, es aconsejable que realicen algunos trabajos por sí mismos, pues esto fortalecerá la relación y alimentará el sentido de pertenencia a ese nuevo hogar. “Hacer la limpieza, cocinar e ir juntos al supermercado, los va a unir más”, anota De Orive.
Presupuesto. Elaborar un presupuesto y respetarlo es el mejor principio para tener una economía saludable y ahorrarse miles de discusiones relacionadas con el dinero. Los gastos deben jerarquizarse según la realidad y objetivos de la pareja. Los renglones principales son: vivienda, alimentación, salud, servicios –agua, luz, teléfono-, vestuario, educación, transporte, seguros, ahorro e impuestos. Es conveniente que quien posee mayor inteligencia financiera -demostrada mediante el control de un presupuesto individual- sea quien maneje las cuentas familiares.
Limpieza. Un sistema funcional es clarificar los pasos para efectuarla de forma ordenada, priorizando zonas. El orden recomendable para ganar tiempo es: ventilar las habitaciones, poner la ropa sucia en el cesto correspondiente, barrer o aspirar todo el piso empezando por la habitación más lejana a la puerta de entrada, sacudir el polvo de los muebles, limpiar baños, cocina y cristales, y trapear las estancias. Cuando la pareja no tiene hijos, esta rutina puede realizarse dos veces por semana. El lavado y secado de la ropa debe hacerse una vez por semana con el propósito de ahorrar tiempo, energía eléctrica y agua.
Compras. Aunque para algunos hombres esta tarea ofrece poca gratificación, los expertos consultados sugieren que, en lo posible, los cónyuges vayan juntos al supermercado llevando consigo una lista. Ambas medidas pueden ayudarlos a comprar de forma organizada y a no excederse en gastos. Es básico determinar la periodicidad con la que van a realizar la compra genérica, elegir un horario que les permita coincidir y ahorrar tiempo, elaborar el listado respetando el monto asignado a este rubro en el presupuesto, y seleccionar el sitio más conveniente por cercanía, surtido y precios.
Cocina. Compartir las tareas de la cocina puede convertirse en un verdadero placer y un momento de compañerismo. Para lograrlo, es importante que exista orden en la disposición de ollas, sartenes, cubiertos, vajilla, electrodomésticos y demás utensilios. Según las preferencias de ambos, pueden elaborar un menú semanal y determinar cuál será el momento para cocinar. Una sugerencia es hacerlo el fin de semana y congelar los alimentos cocinados para disponer de ellos en cualquier momento con sólo calentarlos. Es recomendable que eviten ceder a la tentación de limitar la dieta a alimentos enlatados y pedidos a domicilio, lo cual redundará en daños para la salud y para la economía.
Cuidado de los hijos. La llegada de los hijos implica grandes cambios en la rutina de la pareja. En este sentido, psicólogos y consejeros familiares insisten en la necesidad de que ambos se involucren en las actividades relacionadas con el cuidado y formación de los infantes. Aun cuando la madre deje -temporal o de forma permanente- el ejercicio profesional, el padre ha de esforzarse por participar activamente mientras está en casa. Con ello contribuirá al desarrollo físico y emocional de los niños, ayudará a su pareja a no concentrarse en su rol de madre y evitará sentirse relegado debido a la atención que los niños demandan. A medida que los hijos crezcan, deberá asignárseles tareas.
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La clave de la organización para las mujeres es aprender a “sentarse” en cada rol, sin permanecer en él por mucho tiempo, es decir, asumirlos como si se tratara de caretas que se ponen y se quitan, afirma De la Roca. “La mente es una organizadora de ideas y si están desordenadas, vamos a actuar así y a estar más estresadas”. Si, por ejemplo, estás en la oficina pero pensando en la ropa que debes lavar o en lo que vas a cocinar, surge un cúmulo de estrés innecesario; si estás haciendo el amor con tu pareja, pero concentrada en asuntos pendientes de la oficina, experimentarás frustración al sentir que no cumples correctamente con uno ni otro papel.
Desempeñar un rol a la vez significa ser consciente del momento y las circunstancias que se viven y actuar en consecuencia, con cuerpo y mente. En esta dinámica, no solamente tienen lugar las funciones de profesional, esposa, madre y ama de casa, también deberás continuar siendo hija y nuera. “Esto suma estrés, porque la mujer cree que debe demostrar a su mamá que es tan buena mujer como ella; y a su suegra, que es una buena esposa para su hijo”, reflexiona De la Roca. El consejo de la psicóloga es que reconozcas tus deficiencias como ama de casa debutante, aceptes orientación y consejo -no intromisiones abiertas- y dejes a un lado cualquier intención de competir por superar a tu madre y/o tu suegra.
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Los psicólogos han comenzado a reconocer nuevos síndromes relacionados con los conflictos que experimentan las mujeres al convertirse en esposas, amas de casa y madres. Uno de estos es definido como el síndrome de Cenicienta o del ama de casa y hace referencia a aquellas cuya vida se limita al espacio físico de su hogar. “La casa se convierte en una extensión de sí mismas, por eso son el tipo de mujer que cuando llegan visitas quiere que se vayan pronto, porque se siente invadida”, explica Claudia de la Roca. Esta realidad puede reflejarse en una obsesión por la limpieza o en un visible descuido tanto de la casa como de ellas mismas. Se sienten ignoradas y la mayoría de ellas presenta un importante grado de depresión.
Otro síndrome es el de la “súper mamá” y, básicamente, distingue a aquellas mujeres que concentran toda su energía y atención en demostrar que son capaces de trabajar -dentro y fuera de la casa-, llevar a los niños al colegio, al entrenamiento deportivo, clases de arte, consultas pediátricas y demás, sin la ayuda de terceros. Las “súper mamás” también pueden presentar depresión y agotamiento. En ambos casos tienden a olvidarse de sí mismas y a relegar sus propias necesidades potenciando así verdaderas crisis.
Para prevenir desequilibrios de tipo emocional, mental y físico, es imprescindible que exista un espacio para concentrarte en tu persona. Haz todo lo posible por tomar cada día unos minutos para ejercitarte, leer, escribir o escuchar tu música favorita y alimentar tu área espiritual. Nunca descuides tu salud ni tu apariencia. ¡Ah! y nunca pierdas de vista tu plan de crecimiento personal.
Por Lili Beteta
Fuentes: Claudia de la Roca, psicóloga de Consultoría Psicológica Conpsi. Lucrecia de Orive, Universidad del Istmo, Campus Ifes. Libros: Trucos para organizar el tiempo, Edimat Libros. Cómo afrontar las crisis económicas en el hogar, Editorial Panorama. Sitios web: www.proyecto-salud.com.ar www.mujeractual.com