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Así como te preparas para desempeñar una profesión o recibes clases por afición, los cursos prematrimoniales pueden ser bastante útiles si sabes sacar provecho a las recomendaciones dadas por expertos para tener una exitosa vida en pareja. Si la idea aún no te convence, considera este resumen de consejos prácticos que puedes poner a prueba inmediatamente después de la ceremonia.
¿Te has preguntado cuál es el propósito de tu matrimonio y cuáles son los compromisos que vas a adquirir con esta decisión?, ¿está tu pareja consciente de ello y coinciden en las respuestas? La contestación a estas dos preguntas es básica para pronosticar el éxito de su nueva vida juntos.
Lo anterior implica que antes de firmar el acta de matrimonio, ambos deben estar claros en cuanto a su posición respecto de varios temas. Entre lo más importante a discutir aún durante el noviazgo está: si van a tener hijos o no y cuántos desean, si los dos trabajarán tiempo completo y cómo será su aporte al presupuesto familiar, dónde van a vivir y cómo se distribuirán las obligaciones del hogar.
Una vez convertidos en marido y mujer deben concebirse siempre como un equipo y, como tal, tienen que tomar en cuenta las diferencias de género y de personalidad, para sortear los obstáculos que se les presenten en el camino. Por ello, en las siguientes líneas te presentamos un listado de 10 sugerencias que te facilitarán desempeñar con éxito el rol de esposa y otras 10 que debes dar a tu prometido con el mismo fin.
Un poco de vanidad está bien
Es sabido que a la mujer se le conquista por el oído y, al hombre, por la vista. Por lo tanto, si quieres que tu futuro esposo se sienta siempre atraído por ti es necesario que cuides tu apariencia física. Así como estás por seleccionar cuidadosamente la ropa que llevarás a la luna de miel, procura resaltar siempre tu femineidad con diseños que usarás tanto fuera como dentro de la cama. Nunca te acomodes a usar el mismo pijama todas las noches, aun después de nacidos los hijos, advierte Evelyn Rivas de Rosal, terapeuta familiar.
Cultiva la pasión
Es posible que con el paso del tiempo, las carreras cotidianas, los disgustos y otros factores, pierdas el interés por las caricias de tu pareja. Sin embargo, dejarse abrazar, tocar y besar es algo que causa satisfacción no solamente a la mujer -como receptora-, sino también al hombre, quien confirma su masculinidad y afecto mediante estos actos. Lo importante es que ambos disfruten de su intimidad y no caigan en una actitud pasiva, por lo tanto recuerda que no es sólo responsabilidad de él tomar la iniciativa. También es tuya.
No hablamos el mismo idioma
Las diferencias físicas entre hombre y mujer no son las únicas barreras para la buena comunicación con la pareja. Para expresar amor al cónyuge es necesario conocer el lenguaje de amor que cada uno maneja. Para ello debes preguntar a tu futuro esposo qué es lo más importante para él, es decir, cómo se siente correspondido. Puede que su respuesta sea una buena comida, contacto físico o palabras de afirmación; mientras para ti, quizás la mejor muestra de su amor es que reserve un tiempo en su agenda para compartir a solas.
Mujer inteligente: tolerante y paciente
La mayor tolerancia de la mujer al cambio, hace que en muchas ocasiones ésta reaccione mejor que los hombres ante cualquier situación inesperada que se le presente en la vida. Y cuando de acoplarse bajo el mismo techo se trata, la tolerancia y la paciencia son virtudes indispensables. “Hay que dar un tiempo razonable para que se adapten el uno al otro”, explica Rivas de Rosal.
Compartir debe ser un hábito
En la actualidad reservar un tiempo específico para cultivar el amor resulta casi imposible, por eso Ana María de Campos, consejera matrimonial, sugiere establecer una rutina de pareja desde los primeros días de casados. Por ejemplo, apartar una o dos horas, un día a la semana, para conversar acerca de sus sentimientos, traer a la mente los buenos recuerdos o plantearse sueños. Para Ed Young, autor de Los 10 mandamientos del matrimonio, brindar atención al cónyuge es una de las prácticas de los matrimonios maduros. “La atención es la clave de todo buen matrimonio, así como la falta de ella es síntoma de un matrimonio enfermo (…). Hay que estudiar con cuidado al cónyuge y prestar atención a lo que le gusta o le disgusta, a sus fortalezas y debilidades, a sus manías y a las cosas que disfruta. Hay que identificar esas cosas y luego actuar en consecuencia”. Y la única forma de lograr esto es dedicándose tiempo aunque eso signifique, en algún momento, desatender otras áreas.
Las discusiones terminan en la cama
Aunque no lo creas, acostarse disgustados es más dañino de lo que parece. Si no resuelven el enojo antes de ir a la cama, seguramente estarán más molestos al día siguiente porque han dado lugar a la formación de ideas erróneas en sus mentes. Además, para las mujeres es más difícil conciliar el sueño cuando las emociones están alteradas, por lo cual llegar a un acuerdo o aceptar que nos equivocamos antes de que se ponga el sol, es también una forma de proteger nuestra autoestima, asegura De Campos.
El peso de la familia
Conocer bien a los padres y hermanos de tu futuro esposo puede ayudarte a comprender por qué él actúa de determinada manera y cómo se comportará en el futuro. Muchas veces una reacción fría, poco comunicativa o aparentemente desconsiderada de los hombres se debe a un patrón aprendido en casa, a estereotipos culturales que impiden a los hombres expresar sus emociones o a su propio carácter. Esto no quiere decir que no se pueda negociar o esperar un cambio, pero reconocer la realidad te ayudará a comprender que no se trata de algo personal; en otras palabras, no actúa de cierta forma sólo por molestarte. Respecto a tu familia, recuerda que si ha estado contigo en las buenas y en las malas, no tienes por qué cortar por completo la relación después de casarte. Cierto es que la independencia matrimonial resulta básica, pero esto no significa que excluyas a tus seres queridos de tus planes, sugiere De Campos.
No eres quién para cambiarlo
Así como tú eres una combinación de virtudes y defectos, tu futuro conviviente también tiene características a su favor y en contra. Si hay cosas de él que te desagradan ahora, es saludable hacérselo saber guardando el respeto necesario, pero no creas que por eso va a cambiar y, menos aún, que se lo puedas exigir. Igualmente resulta erróneo hacerse la idea de moldear con amor un cónyuge perfecto, según el propio criterio.
Escoge las batallas
Cualquier circunstancia puede prestarse a discusión, pero si eres inteligente sabrás distinguir lo trivial de lo importante. Un buen consejo es no pelear porque tu pareja llegue tarde un día del trabajo, olvide una fecha especial o una promesa que hicieron cuando empezaron el noviazgo. Es cierto que tus sentimientos son importantes, pero no ganas nada con hacer un berrinche y arruinar las próximas horas juntos, mejor transforma estas situaciones a tu favor. Para esto resulta útil analizar y comprender tus sentimientos al mismo tiempo que intentas entender a tu cónyuge, sugiere Young.
No idealices la noche de bodas
Las mujeres somos románticas y los hombres sexuales, por lo que no esperes que la noche de bodas y sus próximos encuentros íntimos sean la escena perfecta de las películas: pétalos de rosas, música y champán suficiente para conversar toda la noche y avanzar en cámara lenta a la pasión. Aunque es necesario que tu futuro esposo conozca y respete tus temores, sentimientos y emociones, la verdad es que él estará más interesado que tú en hacer el amor. Tampoco esperes que después de esto el romance se prolongue hasta el amanecer. Lo normal es que él quede tan relajado que sin duda estará dispuesto a conversar contigo y continuar la acción, pero al día siguiente.
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Antes de dar paso al noviazgo suelen presentarse la admiración y la amistad. Éstas son indispensables para que la relación funcione bien a lo largo de los años, por lo cual deben cultivarse día a día. Para la admiración hay que tener los ojos bien abiertos ante los esfuerzos y triunfos de la pareja, por pequeños que sean. Reconocer los logros personales y profesionales de una y del otro son buenos ejemplos de ello, sugiere Evelyn Rivas de Rosal, terapeuta familiar.
En cuanto a la amistad, la cual debe ser parte de la relación de pareja, implica comunicación abierta y confianza, señala Ana María de Campos, consejera matrimonial. No es necesario concertar una cita para expresar cómo se sienten, en cualquier momento puede surgir una conversación informal para hacer algún comentario, incluso bromear, como lo hacen los mejores amigos.
Las diferencias en la forma de pensar y reaccionar, en los hábitos y hasta en las cosas que se desean, harán que en algún momento se juegue el papel de víctima u ofensor en una discusión. Los problemas llegarán, así es que no debes temerles sino prepararte para actuar. Cuando estés en los zapatos de la persona ofendida, recuerda que perdonar es lo más indicado para tu salud y para el bienestar de la relación.
De acuerdo con Evelyn Rivas de Rosal, psicóloga y terapeuta familiar, el primer paso es analizar por qué te molestó la actitud de tu compañero. Si el enojo fue producto del desorden en casa, puede ser que estés tan incómoda porque te crees obligada a limpiar, en lugar de ser apreciada como esposa. El problema aquí, según indica la profesional, es que hay una desvalorización de tu persona, la cual viene de tu interior y no es un ataque directo de tu cónyuge. Después de hacer esta reflexión tal vez ya no estés tan molesta, te sea más fácil perdonar y puedas conversar con él para llegar a un acuerdo al respecto.
Por supuesto que existen diferentes niveles de ofensas y, por consecuencia, diferentes grados de perdón. Pero una razón importante para no guardar resentimientos en cualquier situación es liberarse de las emociones y pensamientos que la otra persona produce en ti los cuales, en algún momento, afectan tu salud.
Nunca olvides presentar a tu esposa
“En una ocasión, recién casado, llegué a una actividad y saludé como solía hacerlo. Ya había conversado unos segundos cuando recordé que debía presentar a mi esposa, y al ver su rostro supe que era demasiado tarde para enmendar el error”, cuenta Carlos López, consejero matrimonial. Este es sólo un ejemplo de lo importante que para la mujer es el trato, el cual debe ser siempre cuidadoso como se supone lo fue durante el noviazgo. Para el escritor Ed Young, la clave para tener presente siempre este punto es “poner en primer lugar las necesidades del otro”.
Conserva el romance
Por naturaleza, las mujeres tienen mejor memoria para fechas especiales como aniversarios, cumpleaños y otros eventos importantes; tratar de corresponder con detalles como regalos, caricias y palabras, resulta básico para no perder el romance. “Decirle que la amas, la mantendrá viva”, señala Rivas de Rosal. Esta terapeuta familiar agrega que en este sentido también es válido que la mujer pida estos detalles cuando sienta que la atención ha menguado. Eso sí, la solicitud debe ser respetuosa, tipo recordatorio y no un reproche cargado de resentimiento.
Préstale oídos
Posiblemente ya sepas que las mujeres son capaces de hablar hasta 25,000 palabras diarias, mientras los hombres sólo utilizan la mitad de esa cantidad de vocablos. Por lo tanto, es un hecho que la mujer es más expresiva y necesita ser escuchada por su pareja cuando algo la agrada o molesta. Si prestas atención a lo que dice, podrás comprender mejor sus emociones, sentimientos y, por ende, sus estados de ánimo.
Piensa antes de hablar
Así como no puedes hacer nada por detener un mensaje electrónico una vez que das la orden de envío, tampoco puedes hacer algo por borrar las expresiones negativas que lanzas a tu pareja. Para las mujeres una frase como “ya no te quiero” o palabras groseras son indelebles aunque el hombre las haya pronunciado sin involucrar sus sentimientos. Hay que tener en cuenta que las palabras lastiman tanto por su significado como por el tono utilizado.
Cuatro “nunca”
Al respecto de las palabras, López señala las situaciones en las que “nunca” debe convertirse en la regla a seguir: “nunca” critiques a tu esposa en público, “nunca” la compares desfavorablemente con otras mujeres -incluyendo a tu mamá-, “nunca” la dejes sola si sabes que realmente necesita tu apoyo, y “nunca” le pongas una mano encima, excepto para acariciarla.
Antes “yo”, ahora “nosotros”
Por sencillo que parezca, tener presente el cambio de pronombres de ahora en adelante puede resultar difícil. Antes de casarse es común decir “yo planeo”, “yo hago” o “yo practico”. De ahora en adelante tendrá prioridad todo lo que involucre la participación de ambos y debes acostumbrarte a decir “nosotros”.
Juntos en las buenas y en las malas
La promesa de estar juntos en la abundancia y la escasez, en el gozo y el dolor, tiene una aplicación literal. Ambos deben ser solidarios en cualquier situación que atraviesen, ya sea juntos o en lo individual, por ejemplo si alguno tiene problemas en el trabajo, o si más adelante tienen un hijo que destaque en una rama del deporte y requiere de su apoyo. No olviden que son un equipo y la ayuda del uno al otro es vital; “todo el apoyo del mundo no tendrá significado sin una determinación firme y un compromiso vehemente por parte de los esposos de llevar adelante un equipo matrimonial ganador”, anota Young en su libro.
Cuando vale la pena acoplarse y ser uno
Cierto es que la cúspide de la unidad física se da mediante el acto sexual, pero existen otras formas de experimentar el vínculo matrimonial. Algunos ejemplos de ello son compartir actividades que ambos disfruten o proponerse y luchar por alcanzar una meta. Al fusionar su energía y concentrarse en un mismo objetivo, sentirán cómo se fortalece su unión. Eso sí, es importante que las metas no se enfoquen sólo en el bienestar de los niños, pues más adelante podrían llegar a experimentar el síndrome de nido vacío, es decir, sentir que no tienen algo en común cuando los hijos se alejan del hogar, advierte López.
Hazte responsable
Con la profesionalización de la mujer, es imperativo compartir las responsabilidades de la casa, como hacer compras, pagos, transportar a los hijos, educarlos y tomar ciertas decisiones. El hombre no debe olvidar que, si bien las mejores decisiones se toman en consenso, hay algunas que él debe asumir ante determinadas circunstancias. Por ejemplo, tener la iniciativa de organizar un viaje de vacaciones, contratar personal para las tareas domésticas o levantar a los hijos para ir al colegio son acciones que corresponden a ambos.
¿Cuánto silencio es bueno?
El mutismo puede darse por varias razones. Dependiendo de la causa, puede ser beneficioso o perjudicial para la relación. Es enriquecedor cuando el hombre guarda silencio ante una discusión, porque está analizando lo que va a responder a su pareja o considera importante tener un tiempo antes de tomar una decisión. Pero en estos casos es necesario comunicar la razón de su silencio. “Si me das un tiempo responderé, ahora no porque estoy enojado y no quiero decir cosas que te hieran”, es un buen ejemplo, explica López. Por el contrario, es bastante perjudicial para la autoestima individual y para la relación cuando el silencio indica desinterés hacia la cónyuge y se usa como arma para lastimar.
Por Alejandra Cardona
Fuentes: Evelyn Rivas de Rosal, psicóloga y terapeuta familiar. Ana María de Campos y Carlos López, consejeros matrimoniales del Seminario Centroamericano de Teología. Libro: Los 10 mandamientos del matrimonio, de Ed Young, Editorial Unilit. Sitio web: www.psicoterapeutas.com