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El interés en la nutrición y su relación con el cáncer tiene su origen en estudios hechos en Estados Unidos a inicios de los años 60, en los cuales se relacionó una dieta rica en fibra con la reducción del riesgo de desarrollar cáncer de colon. Desde entonces, nuevos estudios consideran que la fibra juega un papel destacado en la prevención de esta enfermedad en el aparato digestivo.
En este sentido, estudios de especialistas han comprobado que entre un 30 y un 40 por ciento de casos de cáncer pueden prevenirse a través de modificaciones en la dieta y los hábitos alimenticios.
El oncólogo Carlos Silva señala que descubrimientos recientes indican que una dieta rica en grasas y alta en calorías puede incrementar el riesgo de cáncer de seno, colon, próstata y útero. Además, se ha establecido la relación directa entre el consumo excesivo de alcohol y el aumento del riesgo de cáncer de hígado, esófago, cuello y boca.
En relación con esto, una ingestión elevada de alimentos ahumados, salados y en escabeche aumenta el riesgo de cáncer de estómago y esófago, indica la nutricionista Vivian Sánchez. De hecho, la obesidad está estrechamente relacionada con el cáncer de endometrio, el de vías biliares y el de mama en la posmenopausia, señala Sánchez.
Por otro lado, residuos de pesticidas, radiación y otros contaminantes ambientales pueden producir cáncer, afirma el naturista Ricardo Estrada.
Alimentos y sus efectosEl papel de las calorías y grasas
Según investigaciones preliminares, el consumo de grasa saturada de origen animal y de colesterol se relaciona con el riesgo de padecer cáncer de ovario y de útero. El peligro aumenta cuando este tipo de dieta da como resultado el sobrepeso, indica Sánchez.
Carnes y embutidos
Conviene limitar el consumo de carnes rojas y embutidos, explica Sánchez, así como disminuir la ingesta de alimentos curados, ahumados o en salazón. Desde el punto de vista nutricional se ha establecido que no deberían proporcionar más del 10 por ciento del aporte calórico total. Una alternativa es comer carnes blancas como pollo, pavo y pescado, con este último existe evidencia científica la cual indica que al consumirlo se reduce el riesgo de contraer cáncer de boca, garganta, estómago, colon, recto, páncreas, pulmones, mama y próstata.
Azúcar
Comer alimentos con un alto contenido de azúcar aumenta el riesgo de padecer cáncer de vesícula, explica Sánchez. Por su parte, el consumo excesivo de sal aumenta el peligro de cáncer de estómago. También se ha observado la relación entre las conservas en salmuera y el riesgo de sufrir de cáncer de cabeza y cuello.
Café
Según indica el naturista Ricardo Estrada, se ha determinado que existe relación entre el consumo elevado de café y el riesgo de padecer cáncer de páncreas. Sin embargo, las personas que beben sólo una o dos tazas de café diarias tienen, en promedio, un riesgo más bajo de padecerlo a diferencia de quienes nunca toman esta bebida. Los aficionados al café pueden también padecer cáncer de vejiga, señala Sánchez.
Fibra
Debido a su comprobado beneficio debe aumentarse su consumo a través de dietas que incluyan una amplia variedad de alimentos de origen vegetal.
Cereales enteros como el centeno, el arroz integral y el trigo entero contienen grandes cantidades de fibra insoluble, la cual algunos científicos consideran que protege contra diversos tipos de cáncer, explica Sánchez. En un análisis de los datos de varios estudios, se encontró que las personas que consumen cantidades relativamente altas de cereales enteros se encuentran en menos riesgo de padecer linfomas y cáncer de páncreas, estómago, colon, recto, mamario, útero, boca, garganta, hígado y tiroides.
Vegetarianismo
La mayoría de los estudios relacionados con dieta y cáncer han destacado que los vegetarianos tienen un riesgo menor de desarrollar cáncer, en comparación con quienes comen carne, también parecen tener una función inmunológica más fuerte, lo cual posiblemente explica por qué pueden estar parcialmente protegidos contra esta enfermedad, indica Sánchez.
Frutas y verduras
La nutricionista Vivian Sánchez señala que la creencia generalizada de que el consumo de frutas y verduras disminuye el riesgo de padecer los tipos más comunes de cáncer ha sido científicamente comprobada, aunque la cantidad exacta aún se desconoce. La especialista agrega que no es recomendable utilizar suplementos vitamínicos como sustitutos de los alimentos frescos. Algunas investigaciones, en particular concentradas en el betacaroteno sintético, no apoyan la idea de que tomar suplementos tenga el mismo efecto protector contra el cáncer que el consumo de frutas y verduras.
Los tomates
Contienen licopeno, un antioxidante con una estructura similar al betacaroteno. Investigaciones recientes revelaron que consumir más tomate o tener niveles más elevados de licopeno en la sangre, está asociado con una protección contra el cáncer en un 80 por ciento de la población estudiada.
La evidencia del efecto protector del consumo de tomate es mayor en el caso del cáncer de próstata, pulmón y estómago, pero también parece tener cierto efecto protector contra el cáncer de páncreas, colon, recto, esófago, boca, mama y cuello uterino.
Vegetales crucíferos
La col, la col de Bruselas y la coliflor pertenecen a la familia de vegetales Brassica, también conocidos como crucíferas. En pruebas de laboratorio y estudios en animales, estos alimentos se han asociado con una actividad anticancerígeno que previenen principalmente el cáncer de vejiga, debido a varias sustancias que se encuentran en ellos, como el indol-3-carbinol, ácido glucárico o D-glucarato de calcio y sulforafano, explica Sánchez.
Flavonoides
Las cebollas y manzanas contienen grandes cantidades de un flavonoide llamado quercetina; en general, su consumo está asociado con cierto grado de protección contra el cáncer.
Karla Rímola Molina
Fuentes: Oncólogo Carlos Silva, naturista Ricardo Estrada, nutricionista Vivian Sánchez.