Empleos![]() |
En nombre de la anhelada flexibilidad, el lema de los empresarios suele plasmarse en una palabra: demasiado. Desde mediados de la década de los ochenta, las empresas han sido dominadas por la idea de tener un exceso de activos y personas.
Por eso, las empresas han decidido cambiar. Ahora está de moda desvincularse de muchas funciones y tareas y subcontratar todo lo que no forma parte del núcleo de la actividad propia de la firma.
El tipo de imagen de la empresa moderna es la de una entidad con un núcleo reducido, rodeado de un grupo de proveedores, subcontratistas, entidades de servicio, personal interino, empresas amigas que permiten variar el número de efectivos según la actividad. Los propios trabajadores se organizan en pequeños equipos multidisciplinarios y descentralizados donde su verdadero jefe es el cliente.
Los esfuerzos de estas compañías están dirigidos a las campañas de comunicación y de movilización, de esta forma todo el personal entiende el sentido de las reformas y son protagonistas del nuevo orden.
Entre tanto, la empresa cambia constantemente los nombres de sus secciones, redefine la organización del trabajo y reparte otra vez los despachos. Muchos ven esta reorganización como ayuda para que las cosas avancen; pero también es el escudo de muchos para justificar su puesto.
De este objetivo tan romántico de liberarse del mundo material de los artículos básicos, queda sin embargo el aspecto negativo: la eliminación de puestos de trabajo. Para los directivos, las reducciones de empleos permiten agilizar y deshacerse de lo pesado de la fábrica.
Algunos ejemplos de este fenómeno son: Serge Tchuruk, presidente del consejo de administración de uno de los más grandes grupos de telecomunicaciones francés, pues alberga el inspirado proyecto de deshacerse totalmente de las plantas de producción, ya que al disminuir las fábricas y el número de empleados, mayor será la remuneración para los accionistas. Otro amante de esta nueva filosofía es Jean-Marie Massier, magnate de las telecomunicaciones de Francia, quien ganó cinco millones de euros al aplicar esta teoría y permitir que su empresa perdiera personal y activos.
Sumado al visible interés de una compañía sólo por sus utilidades, está el peligro de la existencia de discursos simultáneos que nos lleven a un final fatal víctimas de las contradicciones.
Esto puede sucederle a cualquier empresa si vacila entre dos formas de pensamiento incompatibles, por ejemplo, cuando aboga por la obediencia y al mismo tiempo desea la libertad de sus empleados para hacer brotar su creatividad.
Esto ocurre si existe un sistema de jerarquías impenetrables dentro de la empresa, pero ésta también se ve a sí misma como moderna, adaptable y fresca. Esto la obliga a reorganizaciones constantes y a la eliminación de puestos de trabajo para ganar flexibilidad.
Adaptado de: Buenos días pereza, estrategias para sobrevivir en el trabajo, Editorial Península.