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Saber tomar decisiones acertadas

septiembre - 2006

El éxito en todos los papeles desempeñados como estudiante, trabajador(a), jefe, ciudadano(a), esposo(a), madre o padre de familia o individuo, gira en torno a las decisiones tomadas.  Sin embargo, la mayoría de personas tienen miedo de tomar decisiones difíciles.  Para ellas es mucho lo que está en juego y las consecuencias son serias, requieren muchas y complejas consideraciones y están expuestas al juicio de los demás.  La necesidad de tomar una decisión difícil nos acarrea el riesgo de ansiedad, confusión, duda, error, arrepentimiento, vergüenza o pérdida.  Por eso es natural que sea defícil decidirnos.  Durante el proceso sufrimos períodos de excesiva desconfianza u optimismo, de desidia, vacilación, hasta de desesperación.  El malestar experimentado nos induce muchas veces a tomar decisiones apresuradas, lentas o arbitrarias.  El resultado es una elección mediocre cuyo buen éxito depende del azar.  Sólo después nos damos cuenta de que pudimos haberlo hecho mejor.

Tomar buenas decisiones
Pese a la importancia que tienen en nuestra vida, pocas personas han recibido entrenamiento para saber tomar bien las decisiones de tal forma que aprendemos a través de la experiencia, aunque ésta resulte mucho más costosa e ineficiente.  Las situaciones de decisión varían mucho, razón por la cual la experiencia de haber tomado una importante con frecuencia parece tener escaso valor cuando nos vemos ante la próxima.  ¿En qué se parece la decisión de: qué trabajo aceptar o qué casa comprar a la de resolver a qué escuela mandar a los hijos, o qué tratamiento médico adoptar ante una enfermedad grave, o qué equilibrio buscar entre costos, estética y función al proyectar un nuevo conjunto de oficinas?

Si bien es cierto que existe poca relación entre lo resuelto en un caso y otro, esto no quiere decir que a través de la práctica no pueda aprenderse a tomar decisiones acertadas.  La conexión entre todas ellas se encuentra no en qué se decide, sino en cómo.

La única manera de aumentar realmente sus posibilidades de hacer una buena elección, es aprender a aplicar un buen procedimiento para ese fin: el que le dé mejor resultado con una mínima pérdida de tiempo, energía, dinero y compostura.

Un proceso eficaz de toma de decisiones debe satisfacer los siguientes criterios:
• Se concentra en los elementos importantes.
• Es un método lógico y consecuente.
• Reconoce los factores tanto subjetivos como objetivos y combina el pensamiento con el aspecto intuitivo.
• Sólo exige la cantidad de información y análisis necesarios para resolver un problema específico.
• Fomenta y guía la recopilación de información pertinente y de opiniones bien fundamentadas.
• Es directo, confiable, fácil de aplicar y flexible.

Adaptado de: Decisiones inteligentes, guía práctica para tomar mejores decisiones, editorial Norma.

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