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Cualidades esenciales

junio - 2008

En todo el mundo existen individuos con rasgos positivos importantes, pero tenues, difusos o poco aprovechados.  Son personalidades carentes de relieve.  Para cambiar esta situación el reto es apoyarse en esas características admirables y únicas.

De investigaciones realizadas durante muchos años en todo el mundo se deduce que la estructura de una personalidad sólida y altamente satisfactoria se levanta sobre tres soportes esenciales:
1. Observación de sí mismo.
2. Empeño incesante en la tarea de ser mejor y sentirse realizado.
3. Interés permanente en mejorar la experiencia emocional de los demás.
En cuanto a las características joyas de una personalidad cautivante se resumen en:
1. Conocimiento de sí mismo.  Esto se refleja en la búsqueda de respuestas acerca del yo personal: quién soy, qué siento, cómo pienso, de qué manera actúo en distintas circunstancias y cómo puedo ser mejor y más feliz.
2. Optimismo y preferencia por las emociones positivas.  Todo esto le da a una persona gusto por la vida y el deseo de continuar en ella.
3. Facilidad para amar y sentirse amado.  La fuerza con que una persona es capaz de prodigar a sí misma cariño y buen trato, la bondad para con los otros y los demás seres de la naturaleza, las relaciones afectivas armoniosas e intensas, la generosidad hacia ellos y la buena disposición para recibir amor de los demás.
4. Mentalidad abierta y expansiva.  Es el privilegio de poder conocer y evaluar el mundo más allá de los convencionalismos, los paradigmas, los mitos, los hábitos, las creencias y las costumbres sociales.  Permite vivir el cambio propio del ser humano, como un proceso deseable y positivo.
5. Interés por el conocimiento.  Implica tanto el placer de conocer, como la disposición permanente de acercarse al conocimiento en relación con el mundo.  Involucra la admiración y la curiosidad, el interés por aclarar las dudas, ampliar la información, vivir al tanto de lo que sucede y aprovechar al máximo los alcances de la inteligencia. 
El crecimiento es tarea para toda la vida.


Antes de dar inicio al cambio   

En el ascenso hacia la grandeza personal, es indispensable, en primer lugar, mantener la cabeza erguida y avistar en lo alto el punto que se quiere alcanzar.

Quien no tiene grandes aspiraciones, no obtiene sino resultados mediocres.  Una de las virtudes propias de la madurez es la capacidad para ver objetivamente la realidad.

Esta virtud nos protege contra la idealización, el gasto infructuoso de energías en metas inalcanzables.

Desear una personalidad ideal, en el buen sentido, quiere decir procurar el grado de excelencia posible. 

Por lo tanto, es preciso conocer el alcance de nuestras fuerzas y limitaciones.

Adaptado de: Los secretos de la personalidad encantadora, Grupo Editorial Norma. 

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