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“No me gusta el chisme, pero me entretiene”. Esa es una frase que muchas personas repiten hasta llevarla a la práctica, sin imaginar el daño que pueden causar a otras.
Llevar y traer información íntima de personas conocidas y compartirla con los vecinos, amigos o compañeros de trabajo es una actitud poco ética, inmadura y enfermiza. Los comentarios que se hacen de alguien suelen ser negativos y la intención es perjudicar su imagen.
Quien juega el papel de chismosa suele tener baja estima y ser insegura. Al hablar de sus compañeros o vecinos consigue llamar la atención para sentirse querida y aceptada por el grupo, explica la psicóloga Jessica Cárdenas, de la clínica de la Asociación Pro Bienestar de la Familia, APROFAM. Si te encuentras con una persona con esa actitud, vale la pena que le aclares, con buen tono, que no es ético hablar de los demás.
Otra reacción positiva puede ser escucharla, pero no hacer comentarios de nada. Tu humildad le enseñará que no te interesó la información. Está claro que no es fácil encarar la situación, en especial si sabes que quien te comparte el chisme es tu amiga o amigo, pero vale la pena hacerlo.
Camila, por ejemplo, es una mujer que está separada de su esposo y tiene una amiga que la llama para mantenerla al tanto de lo que su ex cónyuge hace. Los comentarios la torturan y dificultan que supere ese fracaso matrimonial, por eso decidió alejarse de la supuesta amiga y no responder más a sus llamadas.
Quienes tienen muy enraizado ese comportamiento negativo deben buscar ayuda profesional. También es de gran beneficio que nutran su espiritualidad para encontrar paz interior y alimentar su estima, asegura Anne Bonin, de la Universidad Brahma Kumaris.
Por Margarita Pacay