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El amaranto fue alimento básico de las civilizaciones precolombinas de Centro y Sur América, junto con el frijol y maíz. En la actualidad, por su alto contenido nutricional se le considera y explota como un cereal que puede disfrutarse en diferentes preparaciones.
Su nombre científico es Ama-ranthus y pertenece a la familia del bledo. Sus diminutas semillas son aprovechadas como confitería, para sazonar guisos, sopas, y para preparar tortillas, tamales, pastas, galletas o atoles. Aunque no es propiamente un cereal, provee los mismos nutrientes que estos y, en algunos casos, aún más. Por ejemplo es alto en proteína y rico en fibra. Se compara con la avena y la cebada, según estudios del Instituto de Nutrición de Centro América y Panamá, INCAP. Además, es abundante en vitaminas A, B, C, B1 y B2, así como en ácido fólico, calcio, hierro y fósforo.
En Guatemala se venden las semillas preparadas y se está tratando de explotar más su cultivo, ya que es una buena opción para la dieta diaria.
Su consumo se recomienda en especial a niños desnutridos, anémicos y adultos mayores, señala la antropóloga Harriet Gottlob, de la tienda Chikach.
Por Margarita Pacay