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El poder pensamiento positivo

septiembre - 2006

Aprender a tener un mejor control de tus pensamientos y emociones, por medio de la meditación, te permitirá poner en positivo tu forma de razonar y actuar.

A veces el enojo, el egoísmo, la depresión, la codicia, la frustración y las adicciones absorben la vida de una persona.  Vale la pena hacer un examen de conciencia para observar lo que pesa más en nuestra vida, si es lo positivo o lo negativo.  Uno de los mejores métodos para lograrlo es la meditación, no importa tu religión o credo, sexo ni  edad.  Ésta te ayudará a tener una buena salud mental y física a la vez, pues se considera que el 80 por ciento de las enfermedades está en la mente, explica la psicóloga Lucky López Angulo, de la clínica PSICOSALUD.

De ahí que dicho método sea útil para tratar diversos padecimientos, como problemas cardiacos, diabetes, cáncer, trastornos digestivos, falta de concentración, estrés y neurosis.

La meditación puede compararse con el baño de cada día, no piensas que te cae agua, simplemente experimentas la frescura, te relajas y disfrutas ese tiempo.  De igual manera tu mente necesita depurar muchos pensamientos no útiles y formatear de nuevo el disco mental con proyecciones positivas.  “Con ello seremos capaces de controlar los 80,000 pensamientos que tenemos cada día.  Cuando se logra esa capacidad es posible transmitir energía positiva a quienes la necesitan”, afirma Anne Bonin, directora de la Universidad espiritual Brahma Kumaris.

“Sufrimos mucho pensando en los roles que fungimos cada día y creemos que esa es nuestra identidad, cuando lo verdadero es la conciencia, alma, espíritu o ser.  Por ejemplo, a veces se es un buen ingeniero en el área del trabajo y ese rol también se quiere desempeñar en casa.   Cuando se adquiere esa conciencia, la meditación ayuda a seguir descubriendo esa identidad propia del ser humano, para aplicarla a cada actividad que ejecutamos”, añade Bonin.

¿Cómo hacerlo?

Existen muchas formas de meditar, las personas pueden hacerlo con música instrumental o en silencio, sentadas o de pie, con los ojos abiertos o cerrados.  Lo mejor es adoptar la postura que ofrezca más comodidad y buscar un espacio privado.  Cinco minutos pueden ser suficientes para quien se inicia en esta disciplina.  

Existen seis pasos para lograr armonía entre tu razón y tus sentimientos.  Puedes practicarlos cuando te levantes y antes de dormir.  Poco a poco lograrás los niveles de concentración necesarios:

1. Relajación.  Empieza por inhalar y exhalar lenta y profundamente.  Estos ejercicios de respiración te ayudarán a flexibilizar y oxigenar tu cuerpo, liberando la tensión de los músculos y relajando todos los órganos para entrar al siguiente paso.

2. Observación interna.  Aquí empiezas a experimentar ese estado de relajación, de bienestar y empiezas a sentir el deseo de conocerte.  ¿Quién eres?  Tal vez te vengan imágenes de lo bueno y lo malo.  Si te dan ganas de llorar es el momento para hacerlo, si quieres seguir respirando también puedes continuar haciéndolo.

3. Afirmación.  Puedes preguntarte qué te genera paz, y si quieres seguir experimentando descubrirás qué o cuál es tu naturaleza.  Si te sientes bien, también podrás servir a los demás.  Conserva esa relajación.

4. Contemplación.  En esta etapa ya no eres capaz de distraerte.  Trae a tu memoria cada momento que te ha generado paz.  Por ejemplo, cuando observas la sonrisa de un bebé, cuando desayunas un fin de semana con tu familia, al pasear por el campo o cuando sabes que has realizado una acción benéfica.  Así logras un equilibrio entre tu razonamiento y sentimiento, afirmando que estás experimentando paz.

5. Experimentación.  Dejas de pensar y vives esa sensación de placer que te nutre.  Aprovecha el espacio para irradiar esa paz en tu entorno, a la familia, a la sociedad o en una situación en particular.  Es una manera de donar parte de tu energía positiva.

6. Mantenimiento.  Es el momento de llevar esas buenas vibraciones a las acciones, para que no queden en ilusión.  Cuando te involucras con el mundo exterior debes tener presente esa conciencia, a través de la forma como te dirijas a los demás, en tus miradas, gestos y acciones. No desperdicies tu energía y aprovecha tu poder mental, concluye Bonin.

Por Margarita Pacay

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