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Que le dicen... ¿cómo?

febrero - 2007

Los apodos suelen formar parte de la cultura adolescente, pero en algunos casos los efectos de este tipo de bromas producen aislamiento social, baja autoestima y depresión.  Ayuda a tus hijos a enfrentarlos de manera positiva.

Desde la aparición de Internet los sobrenombres -nicknames- se convirtieron en parte de los códigos de comunicación virtual.  Éstos suelen ser adoptados por cuestiones de seguridad y son seleccionados por los propios usuarios.  Es diferente hablar de los apodos impuestos -generalmente por un grupo- a quienes parecen incapaces de oponerse a ello.  Casi puede afirmarse que en ningún grupo de adolescentes faltan los “cuatro ojos”, el “gordo”, la “flaca” y el “chino”.  Algunos de estos sobrenombres pueden ser tolerados por los jóvenes, pero eso no significa necesariamente que les agraden.  “Un apodo puede provocar sentimientos de rechazo, aislamiento social, baja autoestima, depresión, inseguridad, agresividad y/o resentimiento”, señala Ana Luisa Barillas, psicóloga clínica.

De acuerdo con los autores del libro Cómo resolver los nueve problemas que más perturban a los adolescentes, ser receptor de bromas crueles es una de las experiencias más humillantes y frustrantes de esa etapa.  El daño es mayor cuando los afectados son personas con alguna discapacidad o defecto físico.  “Puede generar aislamiento social”, señala Barillas.   

De acuerdo con los expertos, los jóvenes incapaces de reaccionar ante esta clase de ataques suelen tener poco respeto por sí mismos: “Tienen la sensación de que ni sus padres los aprueban realmente”. Quienes entran en la adolescencia sintiéndose incómodos consigo mismos son los blancos principales de este tipo de acoso, agregan los escritores. La solución no es evitar todo contacto de estos jóvenes con sus iguales.  Barillas aconseja enfatizar cualidades y habilidades positivas que poseen; cultivar una saludable autoestima afirmándoles que son personas valiosas y únicas.  Además, fomentar en ellos actitudes de respeto y aceptación hacia los demás y motivarlos a compartir experiencias y sentimientos, así como a explorar maneras positivas para responder a las bromas y apodos.

Lili Beteta

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