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Ahora que tu bebé se atreve a desafiar la gravedad y dar sus primeros pasos, necesitas vigilar a tu mascota para evitar percances que afecten a cualquiera de los dos.
La primera medida es prevenir que la mascota le haga daño accidentalmente a tu hijo, como puede ocurrir cuando salta jugueteando a su alrededor. Por eso lo mejor es que siempre supervises la interacción entre ambos.
La independencia que alcanza tu hijo cuando empieza a caminar también lo hace vulnerable a ciertos accidentes con tu perro o gato. Puede suceder que al desplazarse el animal, el infante lo persiga, atrape y hale por la cola para sacarlo de su escondite, esto provoca reacciones de defensa propia por parte de la mascota.
Otra situación que debes considerar es que debido a la edad de tu hijo, su tamaño, inquietud y su voz aguda, el animal puede alterarse y tornarse poco amigable, incluso jugar al cazador saltándole encima, derribándolo o mordiéndolo.
El control debe incrementarse en especial si tu mascota es un roedor, como un hámster, para evitar que rasguñe o muerda a tu bebé.
Para que tu perro no salte, muerda o manifieste otras formas de agresión, es importante que reciba el entrenamiento adecuado. Otro factor relevante es mantener un ambiente de tranquilidad, seguridad y buenas relaciones en el hogar.
También debes responsabilizarte de enseñar a tus hijos, desde temprana edad, a no perseguir, hostigar ni halar a la mascota. Por el contrario, enséñales a ser cariñosos y gentiles con los animales. Recuerda que ellos aprenden del ejemplo que sus padres les dan, en este caso, el buen trato hacia la mascota debe empezar por ti.
Karla Rímola
Fuente: Jimena Prera, colaboradora de la Asociación de Amigos de los Animales.