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Es normal que después de haber salido lastimada, te sientas agobiada y con cierto resentimiento hacia la persona agresora. Ante esta situación es preciso que te des un tiempo para desahogarte y así evitar quedarte atrapada en un sentimiento de rencor y frustración.
Manifestar antipatía o desear la venganza hacia una persona que nos ha hecho daño es lo que el diccionario define como rencor.
Es un sentimiento malsano y por lo mismo es conveniente desecharlo, ya que casi siempre deteriora la salud emocional. Trae consigo estados de ira y amargura, los cuales dan como resultado aflicción, disgusto, pesadumbre y melancolía.
Según investigadores de la Universidad de Winsconsin-Madison, y de la Universidad Rockefeller en Nueva York, comprobaron que guardar rencor afecta la salud, ya que provoca dolor crónico de espalda, aumenta la presión arterial y propicia males cardiacos, jaquecas, insomnio, neurosis y problemas gastrointesti-nales.
Para evitar esas dolencias es preciso tomar la decisión de perdonar. Para ello hay que empezar por reconocer que de una situación mala o desagradable puede salir algo bueno. A veces los desafíos y las desavenencias personales permiten un desarrollo emocional, el cual ayuda a crecer y ser mejor persona cada día. Quien no guarda rencor en su corazón tiene una perspectiva agradable de la vida, confía en el pensamiento positivo y no se deja influenciar por las malas intenciones de los demás.
Por Yeni Leiva
Fuente: José Miguel Arráiz, psicoterapeuta. María Jocabed, autora del libro Saber perdonar.