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Cada año cerca de 500 niños y niñas son diagnosticados con enfermedades renales. Detectarlo a tiempo podría salvarles la vida, incluso evitar que lleguen a necesitar un trasplante.
En los niños la enfermedad de los riñones se presenta, la mayoría de veces, por trastornos genéticos o de malformaciones, a diferencia de los adultos en quienes el problema es adquirido por padecer diabetes o tener problemas de presión arterial. En ambos casos se daña la estructura de los órganos y dejan de cumplir su función principal de filtrar la sangre, lo cual conduce a la insuficiencia renal.
Una de las organizaciones que ve de cerca esta enfermedad es la Fundación para el niño enfermo renal, Fundanier, la cual recibe en sus instalaciones a más de 45 niños al mes, de los cuales cerca del 20 por ciento necesitan un trasplante de riñón de manera urgente, aunque se estima que el número de pacientes en el país es mayor, porque en la mayoría de ocasiones los síntomas se relacionan con otras enfermedades -como anemia o infecciones urinarias- y no se recibe la atención apropiada.
¡No lo dejes pasar!
La anemia, hinchazón a nivel de los ojos, orina fétida y las infecciones urinarias repetitivas están entre las características más destacadas de los problemas renales. Por lo tanto, no deben pasar inadvertidos y es prioritario ir a una revisión médica cuando se presentan.
Los puntos anteriores no son todos los que podrían llevar a encontrar la enfermedad, debido a que eso depende del problema específico y lo avanzado que se encuentre, así que lo mejor es mantener a los niños en un chequeo constante con su pediatra, explica Randall Lou, nefrólogo pediatra.
Como parte de la prevención debería de realizarse, por lo menos, un examen de orina en el primer año de vida, otro a los tres años, durante la edad escolar y uno más en la adolescencia. También estar pendiente de la presión arterial y del crecimiento, el cual puede estancarse por alguna anomalía en los riñones.
El acompañamiento Recibir la noticia de esta enfermedad es frustrante al principio y representa un cambio drástico en la vida familiar, explica Ileana Peña, socia fundadora de Fundanier, quien hace casi siete años vivió de cerca esta experiencia cuando donó un riñón a su hija de siete años.
Lo mejor es que la familia esté unida y todos reciban una terapia para el aprendizaje del manejo de las emociones al enfrentar esta situación. Limitarse a llorar o no hablar al respecto está muy lejos de ayudar al paciente. 
¿Qué hacer?