ico Niños

Tengo un hijo hiperactivo

julio - 2008

El término hiperactividad es utilizado de forma antojadiza para identificar a personas inquietas, pero para diagnosticar esta condición es preciso aplicar una serie de criterios, los cuales deben ser evaluados por un médico especializado.

“El neurólogo nos dijo que era un desajuste en el desarrollo de su sistema neuromotor”, recuerda Josefina Ibarra, educadora especial del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey, y madre de un niño con hiperactividad y déficit de atención.  Aunque el médico indicó que, a medida que el niño creciera y completara su desarrollo neuronal, el problema se atenuaría, esperar 20 años para verlo sentarse y atender un mismo asunto por más de cinco minutos, no fue sencillo. 

La infancia y la adolescencia del hijo de Josefina transcurrieron entre constantes conflictos y cambios de colegio.  Durante varios años estuvo medicado y aún hoy, con más de 20, lucha por modificar patrones de conducta que se arraigaron debido a su falta de control. 

Ramón Vivar, neurólogo, explica la existencia de tres tipos de problema relacionados con el tema: hiperactividad, déficit de atención y la combinación de ambos. Estos suelen hacerse evidentes durante los años preescolares y los primeros años de escuela.  “Aproximadamente entre el tres y el cinco por ciento de niños tiene este problema, lo cual significa que en un aula con 30 niños, por lo menos uno podría presentarlo”, indica. 

No obstante, Vivar aclara que no todos los niños que se caracterizan por ser inquietos son hiperactivos.  La presencia del problema puede advertirse cuando ciertos rasgos de conducta se manifiestan en diversas situaciones cotidianas y afectan las relaciones humanas y familiares del infante.  Por ejemplo: se distrae con suma facilidad, manifiesta inhabilidad para detenerse y pensar antes de actuar, habla excesivamente en clase, pero es incapaz de mantener una conversación sin interrumpirla constantemente; no espera su turno mientras juega, tiene dificultad para seguir instrucciones y organizar su trabajo, y comete errores por descuido.

La causa de esta condición no se ha determinado con claridad, pero los estudios apuntan a problemas genéticos y en menor grado hacia factores sociales, refiere Vivar.  El tratamiento, por lo general, combina la prescripción de medicamentos y terapia psicológica.  La prescripción de fármacos debe ser hecha por un médico especializado y luego de concluir una serie de evaluaciones que permitan un diagnóstico certero. En el proceso deben participar médicos, padres y maestros. 

A los padres de niños hiperactivos y/o con déficit de atención, Vivar recomienda: establecer horarios y rutinas diarias, asignar un sitio para cada objeto -ropa, mochila, juguetes-, insistir en la necesidad de anotar las tareas escolares en agendas, propiciar un ambiente familiar organizado y tranquilo, y definir reglas claras y simples.  Al cumplirlas, el infante debe recibir pequeñas recompensas y palabras de estímulo.  Se sugiere restringir el consumo de golosinas, cafeína y alimentos con preservantes.

El médico aconseja a los padres aprender lo más que puedan sobre esta condición y, si su hijo está siendo tratado, informarlo a maestros y directores, solicitando su colaboración para optimizar las oportunidades de aprendizaje para el niño.

Algunos síntomas similares a los relacionados con déficit de atención e hiperactividad pueden ser ocasionados por un cambio brusco en la vida del niño, ansiedad o depresión, problemas de oído y otros trastornos orgánicos capaces de alterar el funcionamiento cerebral.


Por Lili Beteta

Artículos relacionados

archivoArchivo de ediciones
cargando
fotosGalerías
Fotos
load
Videos
load