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Si durante las relaciones sexuales demuestras satisfacción sin sentirla, en lugar de mejorar la relación puedes dañarla.
Muchos hombres miden su desempeño sexual por la satisfacción de su pareja. A veces esto presiona a la mujer a fingir que lo está disfrutando. Según la sexóloga Alessandra Rampolla, los motivos suelen ser por complacer a su compañero y para reforzar su imagen viril. Otras lo hacen para dar por finalizado el encuentro, pues son incapaces de admitir que están cansadas o no tienen deseos. Ocurre también porque nunca han experimentado un orgasmo y actúan como se espera de ellas.
En otros casos la mujer no logra concentrarse en su placer por razones sociales. La vergüenza a mostrar la propia sexualidad, el temor al qué dirán si se demuestra destreza, miedo a decir lo que le gusta, o bien traumas provocados por violaciones o abusos, se suman a tabúes heredados en la educación familiar.
Por su parte el urólogo y sexólogo Jaime López menciona que también los hombres fingen, aunque en menor medida. Sin embargo, por razones fisiológicas, es más fácil detectar su engaño. Ambos profesionales coinciden en que este conflicto responde a la falta de comunicación y demuestra qué tan lejos está la pareja de comprender el sexo como un trabajo de equipo.
Los orgasmos fingidos para algunas mujeres son ocasionales. Pero para otras se vuelve habitual hacer tal representación, lo cual puede afectar la relación. “Entre más se finge, se va estableciendo un patrón de conducta basado en el engaño y la insatisfacción”, asegura la experta.
Para acabar con los orgasmos fingidos, según López, la comunicación y la educación sexual son cruciales. Ambos deben conocer el cuerpo femenino, especialmente los mecanismos físicos con los que cada mujer logra excitarse. Por su parte, Rampolla aconseja que se extienda el juego previo hasta que la mujer esté lista para disfrutar.
Si después de muchos intentos ella no logra el orgasmo, pueden considerar consultarlo con un profesional. Según López, puede tratarse de anorgasmia, la cual requiere otro tipo de tratamiento, pues además de la falta de estimulación, es probable que exista alguna deficiencia hormonal, algún trastorno fisiológico o un problema psicológico más grave.
Por Jessica Masaya
Fuentes: Jaime López Arreola, urólogo y sexólogo. Libro Sexo…¡¿y ahora qué hago?! de Alessandra Rampolla, Editorial Sudamericana. www.juventudrebelde.cu