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La artritis idiopática juvenil, o AIJ por sus siglas, es una enfermedad que aparece antes de los 16 años de edad, se caracteriza por causar la inflamación del revestimiento de las articulaciones en los adolescentes, dando como resultado una reacción del sistema inmunológico que puede confundirla con una infección.
Antes era conocida como artritis reumatoide juvenil. Para estudiar sus efectos los médicos han creado esta nueva clasificación, con el fin de diferenciarla de las manifestaciones que se presentan en los adultos, explica la médica y cirujana Rosario Letona.
Si bien no se conoce su origen, los especialistas creen que es el resultado de la combinación de diversos factores como: herencia, efectos del medio ambiente como la contaminación y procesos infecciosos provocados por virus o bacterias.
Con esta enfermedad el organismo reconoce como extraños los tejidos de las articulaciones: cartílago, hueso, tendones y músculo, y por eso los ataca hasta producirles daño. Este proceso genera inflamación y las articulaciones se ponen rojas y calientes, con dolor al moverlas, explica el médico traumatólogo y ortopedista Enio Fabián.
Eso sucede porque a nivel anatómico el espacio articular entre dos huesos está rodeado por una cápsula. La capa interna de ésta se llama membrana sinovial, y en ella se produce un líquido con el mismo nombre, éste lubrica las articulaciones y las nutre; mientras el cartílago permite que los extremos de los huesos se deslicen entre sí, agrega Fabián. No obstante, cuando hay artritis, la sinovial se torna gruesa y produce demasiado líquido dando como resultado que el cartílago se inflame y dañe e incluso afecte a los huesos.
Sin embargo, en los niños y jóvenes, a diferencia de los adultos, sí se logra la reparación del daño articular en un gran porcentaje de los casos, pues el cartílago y el hueso aún están en proceso de crecimiento, expresa el traumatólogo.
Señales específicas
Como sucede con todas las enfermedades reumáticas el principal signo es el dolor. Además, la inflamación de las articulaciones, sobre todo las pequeñas como las de los dedos de pies y manos. A veces la molestia es en el cuello y en raras ocasiones en la columna y cadera. Otra característica particular de este padecimiento es la sensación de calor conocida por los médicos como rubor.
En consecuencia, las articulaciones aumentan de tamaño debido a la inflamación de los tejidos blandos y éstas suelen deformarse pronto. Por ejemplo, los dedos se desvían de su posición original hacia el meñique de cada mano.
Alivio y control del dolor
Si se diagnostica en una etapa temprana es posible controlarla y reducir sus efectos, aunque no existe cura. Al respecto, los médicos definen el tratamiento como multicéntrico, ya que para su aplicación reúne una serie de medicamentos, tales como antiinflamatorios no esteroideos, corticosteroides utilizados para disminuir el dolor y la inflamación. Existen, además, los fármacos modificadores de la enfermedad o DMARs.
Por otro lado, se encuentran en el mercado fármacos inyectables llamados biológicos, los cuales mejoran notablemente el pronóstico y evolución de la enfermedad. Según Letona son ideales para tratar a personas que no responden de manera adecuada a la terapia convencional y el médico, luego de evaluar el caso, determina su uso según el tipo de artritis y edad del joven.
Sumado a este tratamiento se encuentran los ejercicios y la fisioterapia. Estas dos líneas de actividad tienen por objetivo prevenir la destrucción o deterioro de las articulaciones. El seguimiento suele ser de por vida, según sea el caso, explica el fisioterapeuta Carlos De León. Asimismo, otra alternativa según Fabián es la corrección de las deformaciones por medio de injertos de cartílagos aplicados a través de cirugías.
El diagnóstico temprano de esta enfermedad permite controlarla y previene o limita las deformaciones articulares de manos, pies y rodillas, que pueden disminuir la capacidad física del niño o del adolescente.
Estadísticas del mundo
• Según la Liga Europea contra el Reumatismo, la incidencia de la enfermedad es de 20 a 50 casos por cada 100 mil niños nacidos al año.
• Más de la mitad de los niños, sobre todo en los casos severos, la padecen incluso al convertirse en adultos.
• Entre el 30 ó 40 por ciento de los jóvenes llegan a tener algún grado de discapacidad, y entre el 25 a 50 por ciento necesitan algún tipo de cirugía mayor, como por ejemplo reemplazo de rodilla.
En ocasiones suele confundirse esta enfermedad con infecciones. Por ello los padres deben estar atentos a los siguientes síntomas si se presentan en su hijo:
• Enrojecimiento, calor, hinchazón y dolor de una o varias articulaciones.
• Mal estado generalizado, debilidad y disminución del apetito.
• Inflamación del ojo conocida como uveítis.
• En algunos casos puede presentarse fiebre y ganglios inflamados.
• En los cuadros severos hay inflamación de órganos internos y erupción de manchas rosadas en la piel.
Por Karla Rímola
Fuente: Médico traumatólogo y ortopedista Enio Fabián.
Fisioterapeuta Carlos Alberto De León. Médico cirujano Rosario Letona, asesora médica de Sanofi Aventis.
Libro: Manual Merck de información médica para el hogar, Editorial Océano.