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Para reducir el impacto del estigma y la exclusión que recae en las personas con VIH y sida, es preferible evitar los términos despectivos o calificativos. Es necesario reforzar palabras neutrales o descriptivas.
Los avances médicos y científicos sobre esta enfermedad ya no permiten hablar de ella como sinónimo de muerte. En realidad la lucha de las personas con el virus VIH demuestra el valor por la búsqueda de la dignidad e igualdad.
Con el objetivo de evitar la discriminación, existe una terminología específica para definir los conceptos que rodean a esta pandemia. Bertha Chete, representante de la Organización Mujeres Guatemaltecas Positivas en Acción, menciona que si antes se hablaba de VIH/SIDA, en la actualidad deben mencionarse las dos palabras separadas, pues cada una se refiere a etapas distintas.
VIH es la infección que causa el sida, la cual no produce ningún síntoma durante varios años, aunque sí ataca al sistema inmunológico; mientras que el sida en sí es la fase en la cual el sistema inmunológico está debilitado y el organismo es atacado por diferentes infecciones y enfermedades.
Por otra parte, el avance en los tratamientos antirretrovirales hace posible que menos personas portadoras del virus desarrollen manifestaciones del sida. Por eso al eliminar el binomio VIH/sida se reduce el fatalismo y la idea de muerte con la que se asoció al síndrome desde su descubrimiento hace 25 años.
Ahora la Real Academia Española de la lengua ha incorporado la sigla perteneciente a Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida, como una palabra del idioma español. Entonces sida debe escribirse en minúsculas.
Asimismo, para mantener un tono objetivo y descriptivo al hablar de VIH como fenómeno global hay que referirse a pandemia. De esta manera se evita un juicio de valor sobre la epidemia y, por extensión, sobre las personas afectadas por ella.
También quedan obsoletos los términos sidoso(a), paciente, víctima PVVS (persona que vive con VIH). De acuerdo con Pablo García, representante de Ayuda de la Iglesia Noruega AIN, la finalidad es evitar los términos despectivos o descalificantes. Por ejemplo: “pacientes”, éste se referirá a si las personas con VIH están dentro de un contexto hospitalario, pero fuera de esa situación siguen siendo profesionales, trabajadores, campesinos o amas de casa; “víctima”, es otra palabra que pone acento en alguien sin poder ni control sobre su vida y no en alguien productivo. Menos aún se aconseja la expresión “víctimas inocentes” –casi siempre destinada a los hijos de madres con VIH–, porque hace culpables a las madres de la transmisión. Hoy se prefiere simplemente personas con VIH, para normalizar la situación, tal como sucede con el cáncer, diabetes u otros.
Tampoco se recomienda escribir o decir personas infectadas, pues pone el acento en los seres humanos como portadores de una infección y no en el agente infectante. Con un buen uso de los términos y la intención de evitar la discriminación, todas las personas podrán vivir en una sociedad incluyente.
Por Yeni Leiva
Fuente: Programa El poder de las palabras, de Ayuda de la Iglesia Noruega. Organización Mujeres Guatemaltecas, Positivas en Acción. Asociación Vida. Iglesia San Juan Apostol.