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Cuando de guardar un secreto se trata, sin duda la clave está en poner en práctica los parámetros de la discreción. Conoce cuáles son estas virtudes y aplícalas a tu vida diaria.
Si más de una vez has tenido que guardar un secreto es probable que eso te haya provocado satisfacción por saber que no dirías nada, o bien te sentiste incómoda por haber sido cómplice. Cualquiera sea el sentimiento, no se trata de adquirir el hábito de ocultar las cosas, sino de saber cómo ser discreta.
La Real Academia de la lengua define a la palabra discreción como la sensatez de formar juicio y tacto para hablar u obrar. Eso significa que debes ser sensata en la formulación de reflexiones y tener mucho tacto o esmero en la expresión de los conceptos a transmitir a los demás.
Lionel Ardón, doctor en psicología, menciona que una persona que sabe cómo ser discreta tiene muchas ventajas en la vida. Sabe evitar ser partícipe de noticias escabrosas o conceptos maliciosos innecesarios a los otros, domina su ego con esmerado respeto de sí misma y, sobre todo, es la garantía de su amistad o confianza verdadera.
Por ello, el hecho de saber guardar un secreto no es volverse cómplice de algo o de alguien, sino de evitar hacer preguntas o averiguaciones inoportunas, de no forzar la intimidad espiritual ni física del prójimo. Es cultivar la tabla de los valores éticos y morales para hablar, actuar y emitir opiniones sobre los otros seres.
Por Yeni Leiva
Fuente: Lionel Ardón, doctor en psicología, del Instituto de psicología y desarrollo.