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Por inofensivos que parezcan, ciertos movimientos que un bebé recibe cuando los adultos juegan con él pueden lastimarlo en serio. Conócelos y toma tus precauciones.
A la hora de los mimos y juegos, los adultos se dejan llevar por la emoción de hacer reír a un bebé y, a veces, olvidan su fragilidad. Para evitar cualquier daño, el médico pediatra Rony Ríos Guzmán explica los riesgos de algunas actividades:
Lanzarlo hacia arriba o sacudirlo con fuerza
• Hemorragias intracraneanas, especialmente en prematuros.
• Convulsiones.
• Lesión “de latigazo” en el cuello -puede causar daños cerebrales o en la médula espinal, riesgo de disminu- ción de la movilidad en sus extremidades e incluso parálisis-.
• Desprendimiento de retina -puede ocasionar ceguera-.
• Regurgitación o reflujo -cuando es de alimentos sólidos podría provocar neumonía por aspiración, asfixia o la muerte-.
Darle vueltas rápidas o colgarlo
• Zafarle o dislocar las articulaciones de hombros, codos y/o manos.
• Pequeñas fracturas.
Sorprenderlo, acercarlo a un payaso o piñata, entre otros.
• Dolores primarios -estímulos que causan risa, dolor o miedo-. Dependen de la personalidad de cada niño, hasta los seis años.
A veces dichas secuelas pasan inadvertidas y otras sólo se notan por el llanto del bebé. De hecho, el doctor Ríos comenta que los padres suelen no consultar de inmediato, a menos que las manifestaciones clínicas sean severas.
Por eso es necesario evitar ese tipo de estímulos y sustituirlos por abrazos o juegos suaves y agradables que incentiven a los infantes a descubrir el mundo de forma segura, de acuerdo con su edad y capacidad física.
Por Maria Reneé San José
Fuentes: Rony Ríos Guzmán, médico pediatra. Medlineplus.com Webdelbebe.com