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El único retoño

marzo - 2011

El tema de hijo único despierta mucha inquietud, tanto entre los padres que toman la decisión de tener solo un hijo por diversas razones de orden personal y económico, como entre aquellos que a pesar de desear tener más hijos, no han podido por razones que escapan de su control.

Según datos obtenidos por María Teresa Arango y María Elena López, autoras del libro El hijo único, consejos para la crianza de un solo hijo, se estima que en países desarrollados el 45 por ciento de las parejas tienen un solo hijo, y en países en vías de desarrollo el porcentaje desciende al 15 por ciento.

Andrea de Licht, psicóloga clínica, señala que en la actualidad algunas parejas llevan un ritmo de vida acelerado y tener hijos representa una responsabilidad tan grande, que solo uno les resulta lo más apropiado.

Para María Isabel Fernández Porres, psicóloga clínica, el síndrome de hijo único puede deberse a varias razones como ser el primero de los hermanos, el mediano o el último después de un largo período de espera por parte de los padres. Esta situación a su vez provoca predisposición a ciertos rasgos de personalidad, los padres necesitan tener claro que cualquiera que sea la circunstancia de su paternidad, tienen el poder de influir de forma positiva en la vida de su pequeño.

Por otro lado, se han detectado algunos aspectos negativos de ser hijo único, como que las expectativas de los padres se concentran en un solo hijo y al no tener hermanos el niño carece de un núcleo interno de aprendizaje y no es capaz de compartir, desarrollar generosidad y sentir empatía y solidaridad por otros, explica De Licht.

Entre los aspectos positivos de tener un solo hijo, se encuentra que los padres pueden brindarle mayor y mejor atención, disponen de más libertad para dedicarle tiempo de calidad y tienen mayor posibilidad de descubrir y desarrollar sus talentos, señala Fernández.


Los padres y sus tropiezos

Cuando los padres están seguros de querer procrear solo un hijo, se enfocan en su crianza con entusiasmo, pero a veces sin hacerlo de mala fe, comete algunos errores que traen consecuencias poco favorables para su niño. A continuación una guía sugerida por María Isabel Fernández Porres, psicóloga clínica, para reconocerlos y evitarlos.

- Sobreprotección. Los adultos tienen temor de que su hijo se enferme, ensucie o se lastime y prefieren evitarle riesgos para asegurar su bienestar.

Solución: darle permiso al niño de tomar algunos riesgos, enseñarle a evaluarlos y tomar decisiones. Es probable que se equivoque alguna vez, pero si su experiencia es bien encauzada será una oportunidad para que aprenda.

- Perfeccionismo. Los papás desean esforzarse tanto en darle lo mejor a su hijo, que no le enseñan lo valioso del esfuerzo y de aprender de los errores. Muchas veces por esperar la excelencia, no se hace ni siquiera el intento.

Solución: los padres necesitan reconocer con humildad sus fortalezas y aspectos a mejorar como seres humanos. Necesitan hablarle a sus hijos acerca de lo emocionante que puede ser esforzarse por intentarlo. Por eso vale la pena que les den la oportunidad de enmendar cada error y hacerles ver que los desaciertos son una oportunidad para ser mejores.

- Consentirlo o ser demasiado complacientes. Suele suceder que los padres no quieren ser rechazados o criticados por su único hijo, por eso buscan quedar bien con él, a tal punto que el hijo tiene mayor autoridad o influencia que los mismos padres. Evitan poner demasiada atención a las consecuencias de los actos del hijo por temor a molestarlo o hacerlo sufrir.

Solución: los progenitores necesitan ser claros con su hijo acerca de las consecuencias positivas y negativas de sus actos. En ese sentido ser congruentes y asegurarse de cumplir siempre lo que ofrecen, en especial cuando se trata de corregir, porque su hijo probará los límites que han marcado.

Los adultos necesitan estar atentos para no caer en el juego de la manipulación. Al saber qué es lo mejor para su niño, pueden permitirle tomar decisiones acordes con su edad, y de las que él pueda hacerse responsable.

- “Hijo bebé”. Por crecer en un ambiente de adultos, se suele llamar al niño con sobrenombres que no son propios de su edad, por lo tanto se comporta de la misma manera.

Solución: tratar al hijo como la persona que es y creer en la capacidad que tiene para hacer las cosas, animarlo a asumir retos y descubrir nuevas posibilidades. Evitar hablarle en diminutivo. Conviene además buscar oportunidades para que tenga contacto con otros niños de la misma edad, hablar con otros padres y conocer acerca de las características de esa edad, para saber de lo que es capaz.

- “Niño adulto”. Cuando no se le facilita la oportunidad de relacionarse con más niños, el hijo único imita el modelo de los adultos, se comporta, habla y se relaciona como ellos. A veces los juegos infantiles le parecen aburridos o sin sentido, lo que da lugar a que prefiera las actividades que los adultos de su entorno realizan para ser aceptado.

Solución: los padres pueden promover alternativas de actividades extracurriculares relacionadas al interés del niño según su habilidad, para que disfrute del mundo infantil junto con otros niños. Por eso es importante que los adultos busquen o den lugar a oportunidades para que su pequeño tenga contacto con otros niños de su edad.


¿Cómo educarlo?

La educación de cada hijo debe ser personalizada, sin importar si es hijo único o es uno entre varios hermanos. Es necesario observar y conocer a cada hijo con sus intereses, deseos, debilidades y fortalezas para que, con esto los padres elaboren una visión de lo que desean que su hijo realice y su comportamiento futuro, señala Fernández.

De esta manera los esfuerzos que realicen tendrán mejores resultados porque estarán encaminados a alcanzar esa meta. En la medida que el niño crece, conviene darle mayor participación y permitirle opinar respecto a lo que sus padres sueñan acerca de él.

¡No promuevan la tiranía!
¿Cómo lograr que un hijo único no sea egoísta o déspota? La respuesta implica que los padres sean consistentes, responsables y capaces de marcar límites precisos de autoridad. Un hijo único llega a ser tirano o déspota si sabe estirar la conducta y voluntad de los padres, hasta lograr su cometido al pasar por encima de la autoridad y al crear en varias ocasiones sentimientos de culpabilidad en ellos.

Ser firmes y marcar límites con amor es una buena forma de educar a un hijo, para que sea autónomo, independiente, equilibrado y receptivo socialmente. Esto es válido para hijos únicos o para familias numerosas, explica De Licht.

Otras medidas sugeridas para evitar que un hijo sea un dictador señalan:

- Tener claro que los esposos son prioridad y luego vienen los hijos. En la medida que los padres se dediquen tiempo como pareja, se respeten, se manifiesten su amor y resuelvan los conflictos fortalecen su relación y están en mejores condiciones para ofrecerle lo mejor a su hijo.

- Favorecer momentos en los que el pequeño pueda interactuar con otros niños, los conozca, se entere acerca de sus vidas y sus necesidades. Esto con el fin de promover que sea generoso con su tiempo y sus talentos y los ponga al servicio de los demás.

- Modelar comportamiento y actitud positivos, por ejemplo cuando vaya perdiendo en un juego animarlo y aprovechar la ocasión para formar su carácter.

- Animarlo a que complete las tareas que empiece aunque requiera esfuerzo y trabajo extra que no tenía contemplado al inicio.

- Recordar que los padres son quienes ejercen la autoridad y velan por su cumplimento.

Hijo seguro e independiente

Los papás necesitan tener presente que sobreprotegerlo transmite un mensaje de inutilidad, “te protejo mucho pues creo que no eres capaz de lograr o hacer algo por tu cuenta”, explica De Licht. Para evitar esto los padres deben darle espacio para que su hijo experimente, haga un reconocimiento del camino, se equivoque y aprenda a lidiar con los éxitos y los fracasos de manera personal.

Esto implica, por supuesto, riesgos que no sean peligrosos para la integridad del niño o niña. Por ejemplo, dejarlo peinarse aunque no le quede bien el cabello o hacer una tarea a su manera, aunque la calificación no sea excelente. Esta actividades simples son buenas oportunidades de permitirle lograr éxito o de aceptar la ayuda de sus padres.

Algunas ideas prácticas que los padres pueden practicar día a día son:

- Leer, documentarse y prepararse acerca del desarrollo de su hijo. Conocer las necesidades, las características de su edad y conocer acerca del medio en el que se desenvuelve.

- Establecer normas y límites claros, suficientes y en términos positivos. Exigir su cumplimiento y ser consistentes con los castigos o llamadas de atención.

- Darle permiso para que se ensucie, se equivoque, se ría de sí mismo, lo intente una y otra vez y se disfrute de esta manera.

- Observar sus capacidades y estudiar su comportamiento, para entender cuál es el mensaje que transmite. Por su parte los papás necesitan reflexionar y autoevaluar el mensaje transmitido con sus gestos, palabras, pensamientos y actitudes.

Entorno familiar saludable

Un ambiente familiar saludable para un hijo único es el mismo que para las familias de más integrantes: convivencia amorosa, pacífica, enmarcada en la comunicación y el respeto. En el caso de los hijos únicos implica acciones adicionales como acompañarlo durante más tiempo de calidad, señala De Licht.

- Para que el entorno familiar sea agradable, cada miembro debe llevar una vida saludable, porque al unirse, multiplican y potencian lo que cada uno es.

- Buscar maneras creativas para manifestar el cariño y aceptación a cada uno de los miembros.

- Reconocer los errores, pedir perdón y perdonar como un ejercicio diario y constante.

- Tener expectativas moderadas de los demás, porque al ser demasiado altas en lugar de motivarlos pueden frustrarlos.

El amor y la disciplina aportan respeto a los límites, factores que permiten al niño desarrollar una buena autoestima y sentido de pertenencia al núcleo familiar. Por su parte los padres para amar a su hijo necesitan conocerlo, al dedicarle tiempo para escucharlo, reír juntos, acompañarlo en sus temores y apreciar sus sueños.


Por Karla Rímola

Fotos: Servicios

Fuentes: María Isabel Fernández Porres, M.A. Psicóloga Clínica y directora de APRENDO Preescolar y Daycare, teléfono (502) 5504-8200. Andrea Musso de Licht, psicóloga de la clínica Sienti, Psicología Integrativa, teléfono (502) 2361-6867. Libros: Hijos tiranos o débiles dependientes, editorial Grijalbo Mondadori, S. A. El hijo único, consejos para la crianza de un solo hijo, editorial Norma.

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