ico Editorial

Tragos amargos

octubre - 2006

Encontrar un poco de alivio a sus traumas o frustraciones es su objetivo.  Investigaciones realizadas sobre la materia indican que cada vez más mujeres beben a escondidas en su casa; otras, lo hacen socialmente en discotecas, fiestas o bares.

En sociedades donde los derechos de la mujer aún se encuentran en discusión y no se respetan plenamente, no es fácil entender el problema del alcoholismo en féminas y, por ello, el fenómeno adquiere dimensiones particulares.  De acuerdo a los patrones culturales, resulta inaudito ver a una mujer bajo los efectos del licor y es vergonzoso observar su comportamiento en esas circunstancias, situaciones que sin embargo se toleran y promueven en hombres, aun desde la adolescencia.   

Hace 20 años la relación de alcoholismo entre hombres y mujeres era de tres a una, aproximadamente.  Ahora, los estudios más recientes indican que por cada 10 mujeres hay una alcohólica.  Los estudios también revelan que la dependencia al licor puede ser bio-psico-social.  Existe una probabilidad genética de que esto suceda, pero puede bloquearse transcurridas siete generaciones en abstinencia.  También están las causantes emocionales, pues muchas víctimas del alcoholismo se ponen en contacto con el licor al socializar pero gradualmente se va transformando en una necesidad, en un recurso para vencer la timidez o aliviar el dolor causado por problemas con la pareja.  
 
Con el reportaje central de la presente edición no se pretende juzgar la conducta de mujeres dependientes del alcohol, sino señalar las razones por las cuales esta enfermedad, la cual ataca por igual a personas de cualquier clase social y económica, se transforma en un peligro de dimensiones insospechadas y en una de las mayores causas de violencia y ruptura de lazos familiares. 

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