
Algunas comunidades en el país subsisten del negocio de los juegos pirotécnicos. Pero esta tradición muchas veces incluye a niños y adolescentes, quienes trabajan largas jornadas en lugar de estudiar y, por si fuera poco, viven en un constante peligro de muerte.
La elaboración de cohetes es una tradición artesanal en la cual han participado grupos familiares durante generaciones. Sin embargo, muchos talleres son clandestinos y en los registros se estima que en algunos de ellos trabajan menores de edad, sometidos a largas jornadas manipulando sustancias explosivas.
La Organización Mundial de Trabajo, OIT insiste en reconocer los peligros detrás de este trabajo que no es un simple traspaso de tradiciones. “Es positivo que los padres enseñen el oficio a sus hijos, pero a una mayor edad, sin exponerlos a accidentes u obligándolos a que abandonen sus estudios”, dice Karina Javier, de OIT.
Se habla de que las actividades de mayor riesgo para los niños son el mechado y trenzado, porque tienen que estar sentados y en posición inclinada durante tiempos prolongados. Sin olvidar que el llenado de tubos se realiza sin equipo adecuado y se mantienen expuestos a inhalaciones y contacto directo con la pólvora en la piel, describen Ana Ramírez y Eneida Reyes, en una investigación realizada para la Universidad de San Carlos de Guatemala.
Las quemaduras y lesiones, así como el manejo de productos terminados de fácil explosión los expone a quemaduras, mutilaciones o la muerte instantánea. Las investigadoras refieren que quienes han experimentado algún tipo de accidente de manera directa o indirecta presentan traumas psicológicos que van desde trastornos del sueño, regresiones emocionales, preocupación acerca de la muerte hasta síntomas somáticos como dolores de cabeza.
“Observamos que la baja autoestima en estos casos no es provocada por las secuelas físicas, sino por la forma en que les han enseñado sus familiares a afrontar la problemática escondiéndola", comentan en sus conclusiones las investigadoras.
No existen estadísticas que afirmen cuántos niños y adolescentes viven y son explotados en este negocio. Lo cierto es que San Juan Sacatepéquez y San Raymundo son los municipios donde se elabora el 80 por ciento de los cohetes que se distribuyen en Guatemala.
[ Los niños, niñas y adolescentes que han sufrido algún accidente directo o indirecto viven con temor de expresarse porque tienen prohibido hablar acerca del trabajo que realizan y no reciben ayuda emocional. Ana Patricia Ramírez y Eneida Raquel Reyes ]
Acciones para frenar la problemáticaLa intervención del Estado es importante para que a los productores se les ofrezca incubación de empresas, talleres seguros para la elaboración de cohetes, así como otras alternativas de vida, agrega Carlos Linares Palma, de OIT.
Elsa Marina Ávalos, viceministra de trabajo, comenta que es difícil identificar los sitios exactos donde se realizan estos procesos porque muchos son talleres clandestinos y eso dificulta sancionar a los responsables.
Para finales de 2012 se tienen planificados seminarios y talleres para concienciar a los productores a evitar que involucren a los menores.
Mayra de Vargas, secretaria de la Asociación de la Industria de Pirotécnica de Guatemala, comenta que ellos también han hecho esfuerzos en las 25 empresas que aglutinan. “Uno de los grandes avances es que nos estamos uniendo para cumplir con normas de seguridad en la comercialización y no se contrata mano de obra infantil”, asegura.
La OIT también promueve a nivel internacional una campaña llamada Artworks que invita a artistas internacionales a participar en la sensibilización sobre los derechos fundamentales en el trabajo y la explotación infantil es uno de los puntos más sensibles.
Nicolas Cage, es el primer invitado y llama a tomar acción e instar a los gobiernos a ratificar convenios internacionales para eliminar las peores formas de trabajo infantil.
Por Ingrid Reyes
Fotos: Cortesía OIT
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