
El acceso de las niñas a la escuela sigue siendo uno de los principales retos en Guatemala.
Y aunque en los últimos años la matrícula escolar en los niveles de preprimaria y primaria ha ido en aumento, el sistema poco o nada ha hecho para evitar estereotipos y prácticas educativas que violan derechos elementales y anulan a las niñas como sujetos históricos y políticos de nuestra nación.
“Me siento dichosa de cambiar el paradigma de que las niñas solo sirven para quedarse en casa, cuidar de sus hermanos, cocinar y tener hijos desde muy jóvenes, y eso me motiva a transmitir mis experiencias para que muchas más niñas puedan salir adelante”. Estas son las palabras de Dora Alonzo Quijivix, una joven que participa activamente en el Parlamento Guatemalteco de Niñez y Adolescencia, un espacio en donde unas 150 niñas, niños y adolescentes xinkas, mayas, ladinos y garífunas proponen a las autoridades nacionales soluciones a los problemas de la niñez.
Dora es una de las miles de niñas que en la última década han tenido la oportunidad de ingresar a la escuela y superarse por medio de la educación. De acuerdo con el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia, Unicef: “Nunca antes ha habido más niñas en la escuela que ahora”. Y es que la paridad entre los géneros es un requisito para que el país logre que la enseñanza primaria sea universal en 2015, plazo establecido por las Naciones Unidas para alcanzar uno de los Objetivos de Desarrollo del Milenio más importantes.
De acuerdo con las estadísticas, Guatemala no solo está alcanzando ese objetivo, sino está logrando a nivel nacional una igualdad en el acceso a la educación entre géneros. El Tercer informe de avances en el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo del Milenio, elaborado por Segeplan, señala que hay una reducción de la brecha entre niños y niñas que, del siete por ciento en 1996 pasó a un dos por ciento en la actualidad. Esto traducido en números detalla que en 2012 se inscribieron en primer grado de primaria un total de 274,548 niños, mientras que en el caso de las niñas se registraron 249,943 inscripciones. En sexto Primaria la matriculación de varones llegó a 167,365 comparado con 158,137 en niñas.
Según datos de 2010, los más recientes proporcionados por el Ministerio de Educación, se inscribieron en Primaria 1.286,923 niñas comparadas con las 1.366,560 inscripciones de varones. Un fenómeno similar se observa en el ciclo de educación media, en donde la diferencia es dos por ciento superior en la Tasa Neta de Escolaridad, TNE, masculina sobre la femenina. Las estadísticas señalan que en 2010 se matricularon 342 mil niñas y 388 mil niños. Una situación diferente es la que se da en el nivel preprimario y en diversificado. Aquí, la diferencia es de uno por ciento superior en TNE femenina en promedio nacional.
En ese sentido, los avances en la expansión de la educación primaria alcanzan una tasa de escolaridad neta del 96 por ciento, pero su gran debilidad sigue siendo la tasa de abandono de este nivel, en donde según Unicef cerca de 200 mil niñas y niños matriculados terminan abandonando la escuela.
Otro dato importante lo revela un estudio denominado “Más y Mejor
Educación en Guatemala (2008 – 2021)”. ¿Cuánto nos cuesta?, en el cual
se analiza que en base al Anuario Estadístico 2005, del Mineduc, hay
alrededor de 1.2 millones de niñas, niños y jóvenes entre 5 y 18 años no
incluidos en el sistema escolar, lo cual representa el 26.5 por ciento
de la población de dicha edad.
El estudio revela que mujeres,
indígenas y hogares rurales no tienen igual acceso a la educación que
los hombres no indígenas y los hogares urbanos. Por otro lado, el serio
problema de sobreedad lo ilustra el hecho de que había casi un millón
de niñas, niños y jóvenes en estas condiciones en 2005. El ingreso
tardío y el abandono tienden a ser mayores entre indígenas y,
especialmente, mujeres indígenas.
Los especialistas coinciden en
que las tasas de deserción y de repitencia escolar hacen que el país se
encuentre lejos de alcanzar la tercera meta de los Objetivos del
Milenio: “velar porque todos los niños y niñas puedan terminar un ciclo
completo de enseñanza primaria”.
Este indicador permite
visualizar el enorme desafío que tiene el sistema escolar, puesto que
además de atraer a los niños y jóvenes también debe realizarse un
esfuerzo especial por asegurar que no lo abandonen y avancen dentro del
mismo, ya que de cada 100 niños que ingresaron a primer grado de
primaria en 2000, solamente 39 lograron finalizar los seis años
establecidos, al llegar 2005. En el caso del nivel básico el número es
más alto, pues en 2005 finalizaron 50 de cada cien niños inscritos en
2003, pero el acceso a este nivel continúa siendo muy limitado, señala
el informe.
En términos generales, el acceso de niñas al sistema
educativo cada vez es más frecuente; sin embargo, las condiciones de
marginalidad, la vinculación de las niñas con el trabajo doméstico, el
matrimonio precoz, entre otras razones, continúan limitando su
incorporación escolar.
El siguiente ejemplo es uno entre miles.
Juana María tiene 11 años, pero nunca ha ido a la escuela. “Mi madre
hace tamales y yo los salgo a vender todas las tardes por el pueblo. Mi
hermano pequeño va a la escuela, pero quisiera estar en su lugar”,
comenta la niña. “Mi esposo murió y ella debe ayudarme a pagar las
deudas que dejó su padre y a sostener al resto de la familia”, dice
Esmeralda, la madre. Juana María es de baja estatura, 1.45 metros y
viste un corte completamente desteñido. Sueña con ser maestra, una meta
difícil de alcanzar considerando que debe trabajar para ayudar a su
madre.
El caso de Juana María demuestra cómo las niñas son las
más sacrificadas al no acceder a la escuela y quedarse en la casa
realizando oficios domésticos o salir a trabajar.
De acuerdo con
algunos estudios realizados por el Fondo de las Naciones Unidas para la
Infancia, Unicef: “Esa situación se debe a un entramado de factores
socioeconómicos, falta de servicios públicos y seguridad social, así
como el lugar de residencia”. En esta situación tienen gran incidencia
los patrones patriarcales impuestos por la familia, los docentes y toda
la sociedad que no motivan a la niña a permanecer en la escuela y
superarse, explica Ileana Cofiño, especialista en educación de la
institución.
Para los expertos, las barreras que enfrentan tanto niñas como niños para ingresar al sistema educativo son demasiadas, pero en Guatemala la discriminación de género lleva a que muchas familias decidan enviar a la escuela al varón y no a la niña. No se les permite soñar, señala el pedagogo Carlos Aldana, quien enfatiza que el imaginario colectivo las limita poniendo coto a su libertad y a sus derechos como seres humanos.
De lo anterior puede dar fe María Calixta, una joven que, según registra la organización Child Fund, creció en la aldea Aguascalientes del municipio de San Juan Comalapa, Chimaltenango, escuchando en su hogar frases como “eres mujer y las mujeres no van a la escuela” o “tenés que hacer los oficios y quedarte en la casa”.
A pesar de esas dolorosas experiencias los esfuerzos realizados tanto por el Ministerio de Educación como por muchas organizaciones, enfocados en otorgar becas, transferencias monetarias condicionadas, refacción y alimentación escolar, contratación y formación de maestros y otras iniciativas, ha llevado a disminuir esa brecha existente desde siempre, explica Verónica Spross, de Empresarios por la Educación.
En medio de todo, lograr su permanencia en el sistema escolar una vez que han llegado a la pubertad plantea otra serie de problemas, sobre todo en los departamentos donde son comunes los matrimonios a edad temprana, los embarazos en adolescentes y donde la situación de desventaja va unida a otros factores como la pobreza, la pertenencia étnica y la inseguridad ciudadana.

Para muchos especialistas las estadísticas no mienten, pero tampoco cuentan toda la verdad, pues aunque se ha ido logrando el acceso de más niñas a la escuela, la realidad es que no se están beneficiando de una educación de calidad como para satisfacer sus necesidades básicas de aprendizaje.
El pedagogo Carlos Aldana explica que se debe ir más allá y evitar el triunfalismo político de las cifras, pues ello incide en una educación limitada y sin equidad de género.
Para este profesional, la igualdad de acceso no es suficiente. “Se deben producir transformaciones en los contenidos curriculares, en las clases prácticas de cada día, en los libros de texto y en toda la vida cotidiana escolar.

Ileana Cofiño, especialista en educación, de Unicef, comparte lo dicho por Aldana, pero señala que se necesita crear un sistema educativo que enfrente y cambie estereotipos y prejuicios sexistas, que dé oportunidades e incentive la solidaridad y el respeto mutuo entre los géneros.
Para los especialistas la discriminación de la niña en educación va mucho más allá, es parte de una cultura que afecta los procesos educativos a nivel familiar y social, especialmente en las áreas rurales del país.
Los expertos coinciden en que el sexismo en la escuela es promovido básicamente por medio del currículum explícito y las prácticas pedagógicas. Aldana expresa que en los libros de texto y en el material didáctico se le da más énfasis a lo realizado por hombres, en tanto se subestima lo que hacen las mujeres.
Además, el sexismo se transmite y fomenta cuando se invisibiliza el papel protagonista de mujeres en la Historia y solo se les menciona en sus aportes periféricos o circunstanciales, como aquellas mujeres que llevaron la comida a los héroes, dice el pedagogo Aldana, quien además señala que el sistema educativo promueve las artes mecánicas o manuales para hombres, pero las artes domésticas para mujeres; da más énfasis en matemáticas, física y computación para hombres, pero hace énfasis en modelos de crianza y de conducción del hogar para mujeres.
La viceministra técnica del Mineduc, Evelyn Amado de Segura, sale en defensa de los textos que desarrolla el citado ministerio, al expresar que la mayoría son elaborados por una comisión especial que cuida mucho la igualdad de género y la interculturalidad.
Para la directora ejecutiva del Unicef, Carol Bellamy, la educación va más allá del simple hecho de aprender. “En muchos países permite salvar vidas, especialmente en lo que se refiere a las niñas”, señala la funcionaria en la presentación del informe. “Hay más probabilidades de que una niña sin educación contraiga el VIH/sida y tenga más dificultades para sacar adelante a una familia saludable”.
Dicho informe va muy de la mano con la quinta Encuesta Nacional de Salud Materno Infantil, Ensmi, 2008-2009, en la cual se evidencia la necesidad de invertir en la educación de la niña. Este estudio muestra que la salud y la pobreza tienen una estrecha relación según el grado de escolaridad que alcanzaron las mujeres investigadas, lo cual impacta en indicadores como la tasa de fertilidad, de mortalidad infantil, la percepción de riesgo de infección del VIH y la violencia intrafamiliar.
La Ensmi, realizada en entrevistas en 88 mil hogares, destaca que las mujeres con índices más bajos de educación son quienes tienen a una edad más temprana la primera relación sexual, las que antes de los 17 experimentan su primera convivencia de pareja o tienen a su primer hijo.
Según las estadísticas del Observatorio en Salud Sexual y Reproductiva, se registran 1,292 partos de niñas de 17 años, 1,180 de 16, 756 de 15, 344 de 14, 127 de 13, 31 de 12, 5 de 11 y 5 casos de 10. Las principales causas de los embarazos precoces son la falta de educación sexual, las violaciones y el incesto.
A mayor grado de escolaridad, más son los partos atendidos con la ayuda de un médico, así lo hacen el 84 por ciento de las graduadas de secundaria y el 96 por ciento de las universitarias. Según la Ensmi, en el caso de las mujeres sin escolaridad, la tasa de muertes alcanza las 24 por cada mil niños nacidos vivos; con las que estudiaron primaria, el indicador baja a 17, por cada mil nacidos vivos. Disminuye cinco puntos porcentuales en el grupo de mujeres que estudiaron secundaria.
Con respecto al contagio del VIH, la encuesta también indica que el acceso a la educación es un factor influyente en el conocimiento sobre Infecciones de Transmisión Sexual (ITS) y del VIH/sida, pues quienes estudiaron el nivel primario y secundario están notablemente mejor informadas.
Por ello, Sandra Monzón, asesora de Derechos de la niñez y adolescencia de Save the Children, señala que la falta de acceso a la educación no se debe evaluar como algo aislado, porque va de la mano con otros problemas. En el caso de la desnutrición, es una cadena que comienza con las madres desnutridas que dan a luz a niños desnutridos. “Sin duda esta realidad hace que en el futuro se vea amenazado el aprendizaje y productividad de estos seres humanos”, explica Leticia Toj, de la Alianza Nacional de Organización de Mujeres Indígenas por la Salud Reproductiva, la Nutrición y la Educación, Alianmisar.
Ante esa situación, Lawrence H. Summers, del Banco Mundial, asegura que “la educación de la niña es la mejor inversión que puede hacer el mundo en desarrollo”, ya que con solo facilitar de 4 a 6 años de educación primaria a las niñas se elevan las condiciones de vida personal, familiar y de la comunidad, se reduce la mortalidad infantil, se incrementa tanto el ingreso económico como la productividad del país y se propicia el bienestar para las generaciones posteriores.
Lo mismo piensan los premios Nobel de economía Teodoro Schultz y Amartya Sen, al expresar que una mayor inversión en la educación de los grupos más desfavorecidos no solo es éticamente imprescindible, sino que económicamente justificable para lograr tasas de crecimiento económico sostenibles y maximizar los beneficios de la globalización, según se les cita en el estudio Serie de investigaciones educativas Vol. 4 Diálogo para la inversión social en Guatemala.
Esa opinión es compartida por Alonzo Quijivix, quien creció en el cantón Llanos del Pinal, Quetzaltenango, y desde muy pequeña sufrió a causa de estereotipos por ser mujer. “En mi propia comunidad he visto el rostro humano de las estadísticas, donde un alto porcentaje de niñas no van a la escuela”, señala. Alonzo logró salir adelante con mucho esfuerzo y el apoyo de sus padres, y hoy cursa el cuarto semestre de la carrera de Leyes.
Sin embargo, la joven expresa que muchas de sus compañeras de escuela no lograron salir adelante y abandonaron los estudios y hoy tienen entre cinco y ocho hijos.
Y es que de acuerdo con Alejandra Colom, Coordinadora del Programa Population Council Guatemala, las niñas indígenas son las que tienen menos oportunidades de educación y salud, y deben protegerlas en caso de violencia. “Ellas son las más vulnerables en una serie de problemas y en un futuro tendrán mayores riesgos de morir por un embarazo, sufren desnutrición y el reto es cerrar esa brecha”, expresa.
La situación de María Calixta, cuyo caso se citó con anterioridad, finalmente tuvo un giro positivo. Tras sufrir de maltrato físico se vio obligada a abandonar el hogar. Pero luego de superar muchos sufrimientos logró abrirse camino y hoy, a sus 19 años, estudia tercero básico en el instituto de Aguascalientes. La suerte le ha sonreído y ha sido llamada para apoyar en el proyecto Juega Conmigo, como facilitadora y como vocera juvenil en Acción de la organización Child Fund. Su participación en esta entidad le permite ejercer cierto grado de liderazgo en su comunidad.
La misma oportunidad le ha dado la vida a Sonia Delfina Cho Tun, quien recientemente se graduó de bachiller, pero no fue sencillo para ella. Después de terminar la primaria no había un instituto en su comunidad, así que trabajó dos años y con el apoyo de sus padres regresó a estudiar y alquiló una habitación en la población más cercana a tres horas de su hogar, en San Juan Chamelco.
Cuando se les da la oportunidad y las herramientas necesarias, las niñas y jóvenes son capaces de cambiar su realidad, explica la licenciada Cofiño. Colom añade que al invertir en ellas hay un retorno seguro porque replicarán la información en su familia, en su comunidad y más adelante en sus hijos.
Dora es una muestra de ello, tuvo la oportunidad de acudir a una de las 720 escuelas que forman parte del proyecto Nueva Escuela Bilingüe Intercultural, Neubi, impulsado por Unicef, desde 1992. Este modelo sienta las bases de una educación bilingüe e intercultural, a partir de la realidad lingüística y cultural de los niños. Utiliza una metodología que da protagonismo a la alumna en el proceso de enseñanza en su idioma materno. En esta experiencia participan activamente los padres de familia, mientras que los maestros y maestras reciben formación especial y materiales didácticos adecuados.
Dora se distinguió formando parte del gobierno escolar, una estructura estudiantil que decide, junto a los docentes y padres de familia, el futuro de la escuela y las políticas a seguir. “La organización nos hace sentir bien porque así trabajamos en beneficio de los estudiantes y las compañeras”, dice la joven.
La misma oportunidad tienen más de 2,000 niñas y jóvenes que participan en el proyecto Abriendo Oportunidades, del Programa Population Council Guatemala, quienes son formadas en temas de salud, educación y autoestima. “El propósito es que las niñas tengan oportunidad de conocerse a sí mismas, sepan que pueden tener planes de vida y aspirar a una vida distinta si así lo desean. Al final, ellas se convierten en el puente entre las comunidades y los servicios”, dice Colom.
Sin lugar a dudas son ejemplos alentadores, dice Aldana. Pero no son suficientes porque son individuales e inconexos.
Un panorama sin mucho futuro A la realidad que enfrentan las niñas guatemaltecas hay que sumar un ramillete de situaciones que complican la educación. Por ejemplo en 2011, miles de escolares no recibieron ni siquiera 80 días hábiles de los 180 que están estipulados en el calendario escolar, según datos de Empresarios por la Educación.
A la par de ello y aunque las estadísticas muestran igualdad en el acceso a la escuela de niñas y niños, Guatemala es vista como la nación con el peor desempeño educativo en la región, según el informe “El rol del capital humano”, del Banco Mundial, en 2011, que coloca al país por debajo de Nicaragua y Honduras.
Además, de acuerdo con Verónica Spross, de Empresarios por la Educación, se debe trabajar por un cambio en la educación, pues hoy la baja calidad educativa empieza desde la primaria y alcanza sus peores niveles en el diversificado. Más del 90 por ciento de los estudiantes no aprueba los exámenes de matemática y comprensión de lectura del Ministerio de Educación, Mineduc.
La profesional atribuye estas estadísticas al nivel de preparación de los docentes, en todos los niveles. El currículo nacional base demanda capacidades que los maestros no aprendieron cuando se formaron y no han tenido la actualización y la profesionalización suficientes para impartir lo que se espera que el niño aprenda.
Pero a la par de ello hay otros problemas que afectan la calidad de educación. De acuerdo con los resultados de la Gran Campaña Nacional por la Educación, realizada en una muestra de 528 escuelas del país, muchos de los problemas que se vienen arrastrando desde hace años aún persisten: déficit de cobertura, la inversión es insuficiente, la infraestructura es inadecuada y los programas de apoyo no llegan a tiempo a los centros educativos ni en las cantidades necesarias.
Sin embargo, lo que más preocupa es la débil calidad de la educación. Los niños tienen resultados deficientes en las pruebas de matemática y lenguaje, pero preocupa aun más el desempeño de los maestros, pues según la encuesta no dominan los conocimientos básicos que enseñan a los estudiantes. Ante ello, se necesita un plan coordinado que se adapte al tamaño de este desafío, donde gobierno, grupos de voluntarios, iniciativa privada, comunidades locales, escuelas y familias, se unan en una alianza para la educación de las niñas.
Por Ingrid Reyes y Jeovany Ibañez
Fotos: Paul Devaux e Ingrid Reyes
Fotos: Archivo PL. Fotoarte: Gerber Sarazúa.
Infografía:
Gerber Sarazúa. Fuente: Estadísticas Educativas Empresarios por la
Educación, a partir de datos de DIGEDUCA, Minieduc.
Infografía: Gerber Sarazúa. Fuente: DIGEDUCA, MINEDUC
Fuentes:
Ileana Cofiño, especialista en educación de Unicef. Verónica Spross, de
Empresarios por la Educación. Pedagogo Carlos Aldana. Evelyn Amado de
Segura, viceministra técnica del Mineduc. Sandra Monzón, asesora de
Derechos de la niñez y adolescencia de Save the Children. Leticia Toj,
de la Alianza Nacional de Organización de Mujeres Indígenas por la Salud
Reproductiva, la Nutrición y la Educación, Alianmisar. Alejandra
Colom, Coordinadora del Programa Population Council Guatemala. Fondo de
las Naciones Unidas para la Infancia, Unicef Tercer informe de avances
en el cumplimiento de los Objetivos de desarrollo del milenio, de
Segeplan. Ministerio de Educación. Estudio denominado “Más y Mejor
Educación en Guatemala (2008–2021). ¿Cuánto nos cuesta?”. Anuario
Estadístico 2005, del Mineduc. Informe Anual de Child Fund. Quinta
Encuesta Nacional de Salud Materno Infantil, Ensmi, 2008-2009.
Observatorio en Salud Reproductiva. Estudio Serie de investigaciones
educativas Vol. 4. Diálogo para la inversión social en Guatemala.
Informe “El rol del capital humano”, del Banco Mundial en 2011. Gran
Campaña Nacional por la Educación.
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