NiñosLas destrezas que tu hijo tiene a los dos años y su desarrollo psicológico le permiten desempeñar un papel mucho más activo en su relación con el ambiente: se desplaza libremente, siente gran curiosidad por el mundo que lo rodea y lo explora con entusiasmo, además busca ser independiente, indica Tania Ponce Cardona, administradora educativa y profesora especialista en niños con problemas de aprendizaje.
A esta edad ya se encuentra en la etapa preescolar, hecho que se manifiesta con el dominio de la marcha y surgimiento del lenguaje; esta fase se prolonga hasta los cinco o seis años.
Un paso enorme en su desarrollo psicológico es el juego con la imaginación. Ya es capaz de tener en la mente objetos que no están frente a sus ojos, puede recordarlos y pensar en ellos. Gracias a esto es capaz de imaginar y de inventar. Antes imitaba lo que estaba frente a él, pero ahora usa su memoria, copia acciones que ya pasaron. Por ejemplo, carga a un muñeco o le da el biberón como tú haces con él, señala Ponce.
Al simular que come una galleta que no existe o que es el papá o mamá de uno de sus muñecos favoritos, desarrolla una actividad importante para la evolución del pensamiento, es decir, ya es capaz de usar símbolos, por ejemplo cuando usa una piedra o un palo, para representar algo diferente como un carro o un caballo.
El desarrollo físico mejora mucho en esta etapa y aumenta rápidamente durante los años preescolares sin que existan diferencias importantes en el crecimiento de niños y niñas. Los sistemas muscular y nervioso, así como la estructura ósea, están en proceso de maduración y tiene todos los dientes de leche. Tu hijo muestra progreso en la combinación de los músculos grandes y pequeños y en la coordinación motora. La siguiente es una lista de las habilidades psicomotoras que tiene tu hijo de dos años: |
La creciente facilidad que adquiere el niño a los dos años para manejar el lenguaje y las ideas, le permite formar su propia visión del mundo y muchas veces te sorprenderá.
Empieza a manejar conceptos como edad, tiempo y espacio. Sin embargo, aún no logra separar completamente lo real de lo irreal, y su lenguaje es básicamente egocéntrico, razón por la cual todavía le cuesta aceptar el punto de vista de otra persona.
Las principales características del desarrollo del conocimiento en esta etapa pueden resumirse en:
- Desarrollo de la función simbólica, es decir, la capacidad para representar mentalmente imágenes visuales, auditivas o cinestésicas que tienen alguna semejanza con el objeto representativo.
- Comprensión de identidades: entendimiento de que ciertas cosas siguen siendo iguales aunque cambien de forma, tamaño o apariencia.
El preescolar comienza a dominar varios conceptos:
- Tiempo: maneja cualquier día pasado como ayer y cualquier día futuro como mañana.
- Espacio: comienza a comprender la diferencia entre cerca y lejos, entre pequeño y grande.
- Comienza a relacionar objetos por serie, a clasificar objetos en categorías lógicas.
- Camina, corre, salta en dos pies y camina de puntillas.
- Aún no atrapa la pelota.
- Comienza a abrochar y desabrochar botones.
- Demuestra que puede percibir características específicas como olor, forma y tamaño, además comprende el concepto de categorías.
- Tiene la capacidad verbal para calificar lo que percibe.
- Recuerda y procesa información.
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La capacidad para expresar sus necesidades y pensamientos a través del lenguaje le ayuda a ser más independiente. Comienza a diferenciarse más claramente del mundo que lo rodea. Empieza a jugar con niños de la misma edad aunque no del todo integrado. Si bien comienza a establecer amistades, las relaciones fundamentales son con sus padres.
A su corta edad absorbe valores y actitudes de la cultura en la que lo educan. Vive un proceso de identificación con otras personas que va más allá de la observación y la imitación de un modelo, que generalmente es con el padre del mismo sexo. Capta desde ya mensajes de la sociedad acerca de cómo se diferencian los niños de las niñas.
El preescolar de dos años se identifica, imita, aprende de modelos y, por otra parte, busca diferenciarse, independizarse para desarrollar su autonomía. Surge el negativismo y la determinación a oponerse, por eso esta etapa es conocida como la edad del No.
Ten en cuenta que esta es la edad de las rabietas, motivadas por el desequilibrio entre la extrema rapidez de su aprendizaje y el establecimiento de límites por parte de sus padres. Aunque existen señales de alarma para que los padres acudan a un especialista, entre ellas: cuando el niño se torna incontrolable, demasiado demandante, obstinado, negativo, aislado, cuando no se comunica o se ve siempre triste.
Karla Rímola Molina
Fuente: pediatra Fredy Bolaños, psicóloga María de los Ángeles Vergara, Tania Ponce Cardona Administradora educativa,
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