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La familia no tiene sustituto para el desarrollo de la afectividad del niño. Es el primer espacio educativo donde debe vivir la experiencia de sentirse aceptado y amado incondicionalmente. Constituye el ámbito natural del amor y la primera escuela de valores humanos y sociales, indica José Antonio Alcázar Cano, asesor educativo familiar de la Universidad de Navarra, España.
De ahí nace la a afectividad o la necesidad que tienen los seres humanos de establecer lazos con otras personas. Si es positiva, se convierte en la primera garantía de estabilidad emocional y seguridad, tanto en uno mismo como en los demás. Para que un niño la desarrolle es determinante la actitud de los padres, indica la psicóloga Julia Silva García.
Dicho de otra forma, uno de los primeros pasos hacia la enseñanza de la afectividad en el niño es el ejemplo, no existe mejor lección que ver a sus padres quererse, tratarse con cariño, estimarse, ayudarse y respetarse. Esto a su vez debe redundar en muestras de afecto de los adultos hacia el niño.
La casa, por su parte, tiene que ser un lugar estable en el sentido afectivo, es decir, sin ansiedad, tensiones, gritos ni miedos, pues el pequeño necesita crecer sintiéndose seguro. Cuando el estrés es inevitable, los adultos deben procurar no contagiarlo, señala Alcázar.
¿Por qué es importante la afectividad en la formación de tu hijo? Esta porción de su personalidad es vital, porque influirá en la forma de relacionarse con otras personas y las cosas, a lo largo de su vida. Tus mimos y caricias son otra de las formas de enseñarle a tu pequeño. El llamado lenguaje corporal es una manifestación del amor y aceptación. Recuerda que tú puedes expresarle este sentimiento no sólo con palabras; en investigaciones recientes se ha puesto de manifiesto que niños menores de un año y que participaron en un pequeño experimento, asimilaron la mitad de emociones expresadas por una actriz ante un muñeco, en tan sólo 20 segundos.
| Obstáculos en la formación En Guatemala, como en el resto de Centroamérica, el mal entendido cariño de algunos padres los hace mimar demasiado a sus hijos y exigirles poco. Mientras más pronto se le otorguen responsabilidades adecuadas a su edad mejor será su conducta, indica Alcázar. A los padres les conviene querer a sus hijos sin culpa, aunque los dejen todo el día al cuidado de alguien más para irse al trabajo. Deben exigirles con amor, pero también con firmeza que obedezcan, pongan atención, sean ordenados, sinceros, que hagan su tarea y se esfuercen por lo que quieren. De esta manera los entrenan para la vida, proceso que aunque a veces es doloroso, es mejor cuando es en un ambiente seguro y lleno de amor como el que se tiene en casa con la familia. Si hoy los padres logran que sus hijos sean personas estables, equilibradas y con aspiraciones, capaces de querer y además con hábitos positivos, estarán en mejores condiciones para afrontar el mundo adulto que la mayoría de gente. Los papás deben recordar que la formación de valores empieza desde que el bebé se encuentra en el vientre materno, y al nacer es vital encontrar los momentos oportunos para formarlo. En este sentido existen valores que tienen un período sensible y específico para ser mejor aprendidos por los niños, por ejemplo antes de los seis años cuando están listos para aprender el sentido de la justicia, la obediencia y el significado de la sinceridad. En forma progresiva, hasta llegar a los 12 años, pueden inculcárseles otros valores como la laboriosidad, el esfuerzo, el significado del trabajo, la responsabilidad y el sentido optimista de la vida. En este período pueden aprender hasta el 80 por ciento de los valores morales y humanos, indica Alcázar. |
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Es la que surge de un apego seguro, en el cual el niño no se muestra alterado al producirse una separación momentánea de la persona objeto de su amor y, al reunirse, igual se siente bien junto a ella.
Para el desarrollo de este tipo de vida emocional es necesario que los padres:
- Le den autonomía al niño poco a poco. No hay que sobreprotegerlo, porque puede establecer una actitud insegura y temerosa ante el mundo, porque en el futuro tenderá a ser introvertido, con una autoestima baja y tal vez extremadamente dependiente de otras personas. Tampoco es recomendable darle demasiada autonomía antes de tiempo, porque puede sentirse abandonado y esto le provoca falta de confianza en los demás y lo mantiene distante en las relaciones.
- Enseñarle a reconocer sus emociones y sentimientos. Para ello es importante ser paciente y tratar de no anticiparse a lo que él pueda estar sintiendo. Si antes de que el niño muestre cualquier emoción, como alegría o dolor, los padres se anticipan, limitarán su capacidad de aprender a diferenciar la gama de emociones y sentimientos que posee. Es preciso mantener la calma y, antes de actuar, esperar a que sea él quien exprese sus deseos.
- Darle la libertad para manifestar las emociones y sentimientos de manera adecuada. En la primera infancia el niño aprende a mostrar la afectividad a través de las caricias, el contacto visual, la cercanía, la adaptación del lenguaje y la modulación de la voz. A medida que crece estas pautas disminuyen y la comunicación verbal toma mayor protagonismo. Por eso, los padres deben modificar y adaptar las formas de expresión de afecto a la edad del niño, sin dejar totalmente fuera el contacto físico de cariño, para que él sepa también cómo comunicarse de manera no verbal.
- Enseñarle a controlar la expresión de afectos y mostrarle estrategias eficaces para el logro de sus deseos. Los padres deben reforzar aquellas conductas adecuadas, a través de mensajes verbales como “muy bien, hijo” y expresiones no verbales de afecto como besos, abrazos o caricias. Si el niño adopta una conducta inadecuada y los padres desean modificarla o eliminarla, deben tratar de no acceder a sus peticiones ni focalizar su atención en él. Con esto lograrán que deje de utilizar alguna estrategia incorrecta con otras personas. Los padres tienen que mantenerse tranquilos y esperar a que el niño se relaje, para explicarle cómo podría haberlo logrado, de modo que incorpore nuevas estrategias sin necesidad de afectar su autoestima. No deben olvidar expresarle amor y así, a pesar de que no haya sabido actuar de manera correcta, el niño sienta siempre estabilidad emocional.
- Enseñarle a superar la frustración. Si los padres no consideran oportuno ceder a las peticiones de su hijo, no tienen que sentir culpa ni miedo a crearle un trauma. Al contrario, le dan la oportunidad de aprender a superar los fracasos. A lo largo de su vida tendrá que enfrentarse a numerosas frustraciones y, si desde niño incorpora estrategias para superarlas, lo hará sin que ello afecte su estabilidad emocional.
Tampoco hay necesidad de ser demasiado duros. Si el niño nunca recibe nada cuando lo solicita, aunque la estrategia sea adecuada sólo se reforzará su desconfianza y se sentirá culpable o indefenso ante los fracasos.
- El juego y el deporte son actividades que, además de proporcionar placer, alegría, satisfacción y el desarrollo de la imaginación, permiten descargar tensiones y aprender estrategias para garantizar el equilibrio emocional. Si los progenitores se disfrazan, juegan con marionetas y recrean con ellas situaciones de la vida adulta, el niño aprende a configurar su propia identidad, a distinguir sus emociones, pasiones, sentimientos y a mostrarlos a los demás.
- Actuar de modelo para los hijos. Los padres deben recordar que el aprendizaje por observación es una herramienta potente, la cual el niño incorpora con mayor facilidad a las estrategias utilizadas en la familia. Padre y madre necesitan expresar sus emociones, positivas o negativas, de manera adecuada y controlada y mantener la calma en situaciones de tensión, aunque no siempre es fácil.
Hay que propiciar en casa momentos de reflexión y de comunicación, en los cuales el niño pueda expresarse y recibir tanto afecto como nueva información, permitiéndole crear nuevas pautas más eficaces. Los adultos no deben olvidar ponerse en su lugar. Si el niño vive en un ambiente donde se respira afectividad cada día, en cada situación cotidiana, lo interiorizará sin apenas darse cuenta.
La afectividad positiva te permite enseñarle a tu hijo a centrarse en el desarrollo de sus cualidades y capacidades al valorarse, así como a aceptar sus limitaciones y las de otros.
Karla Rímola Molina
Fuente: Pediatra Fredy Bolaños, Licenciado en Ciencias de la Educación José Antonio Alcázar Cano, I Congreso Internacional La Afectividad y Sexualidad Humana, guiainfantil.com.