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Al trabajo buena cara

La frustración, inconformidad o depresión surgen cuando intentas cambiar hechos negativos en la vida familiar, laboral o comunitaria. No siempre podrás influir en la actitud de los demás o evitar algunos problemas, pero sí es posible modificar tu forma de pensar para enfrentar esos inconvenientes de manera más congruente y serena.

Esta es una era de cambios constantes, de alta tecnología y mucha competitividad no solo entre naciones y empresas, sino también entre personas. Sin embargo, contamos con un arma secreta para ver las situaciones adversas desde otro ángulo: nuestra actitud. Es una cualidad de la cual todos disponemos y podemos utilizar ahora más que nunca, explica la capacitadora profesional Waleska Hernández, de Sistegra.

Para Hernández existen tres formas de cambiar. El cambio ‘por shock’ cuando alguien te obliga a actuar de manera diferente: padres, jefe o pareja, entre otros. Cambias porque te ves forzada a hacerlo y no porque estés convencida o lo quieras así. Solo dura mientras la orden es dada, por lo que el efecto de la enseñanza pasa pronto.

La segunda vía es la evolución, porque el tiempo te va transformando pero el proceso es lento y, normalmente, el cambio llega cuando es muy tarde para ser efectivo, comenta Hernández. Por ejemplo, si aprendes a inculcar valores a los hijos a temprana edad en su adolescencia verás una buena cosecha y no tendrás que esperar a que lleguen a la edad adulta para intentarlo.

La forma más acertada de cambiar es cuando tomas la iniciativa de hacerlo, ya que esa intención se manifestará en el momento en que decidas y cuando estés convencida de ser una persona en proceso de mejora continua. Necesitarás hacer algún esfuerzo y mucha disciplina. Si puedes cambiar tu futuro, ¿por qué no lo haces también con el de tu familia?

Si te inclinas por la última alternativa, verás cómo, a medida que avanzas, tus pensamientos se tornarán más positivos y, por ende, tus acciones. Esto te abrirá un sinfín de oportunidades nuevas, lograrás más confianza en ti para afrontar mejor el futuro y asumir con responsabilidad los problemas, sin asustarte y ponerte a llorar sobre la leche derramada.

‘No importa el área donde nos desempeñemos, si no somos capaces de renovar nuestra forma de pensar, no podremos alcanzar las metas y sueños. Pero cambiar no es fácil, siempre produce cierta incomodidad y luego un sentimiento de ‘estoy mejor como estoy’ o ‘prefiero regresar a mis antiguas costumbres”, señala Hernández.

Cuando te enfrentes a situaciones difíciles es mejor respirar profundo, para poder actuar con serenidad. Defenderte es un derecho, pero debes hacerlo en forma asertiva para lograr el éxito, respondiendo desde un cambio interior rico en serenidad, agrega la psicóloga Lucky López, de Dinámica Empresarial.

¿Cómo cambio?

Empieza con tu actitud. Tu éxito depende de la forma de reaccionar ante los acontecimientos. Por ejemplo, en vez de resistirte a los problemas, acéptalos sin torturarte emocionalmente, no te afanes pensando en las situaciones sobre las cuales no tienes control alguno. Tampoco se trata de darte por vencida, más bien enfócate en lo que puedes mejorar y aprovechar. Muchas veces creemos que los problemas que surgen son la mayor calamidad o el fin del mundo, cuando resultan ser el inicio de algo mejor.

No te conformes con desear y soñar, ni te sientes a ver el paso de los triunfadores. Comprométete con tu vida y ocúpate de ella, pues solo esta oportunidad tienes, no la desperdicies en pequeñeces, ni pierdas de vista lo que realmente es importante para ti, añade Hernández.

Apuesta a ganar, sé intrépida y sueña en grande, no te conformes con menos de lo que deseas, mantente en constante cambio y aprendizaje. Espera siempre lo mejor, ten fe en lo que haces y en que todo saldrá bien.

Empieza a trabajar tu mente y a tener un mejor control de tus pensamientos y emociones por medio de la meditación. Verás como tu forma de razonar y actuar serán diferentes.

No permitas que el enojo, el egoísmo, la depresión, la codicia y la frustración te absorban.

Variar los hábitos

Un hábito es una actividad aprendida que se realiza de manera repetitiva sin conciencia. No nacemos con él, por lo tanto es posible cambiarlo, lo cual puede atemorizarnos pues representa salir de nuestra ‘zona de confort’, en donde oscilamos a diario con la tranquilidad de no tropezar ni encontrar obstáculos.

Sin embargo, un hábito puede ser una limitante al crecimiento personal, e incluso podría propiciar enfermedades mentales y físicas. Existen estudios que indican que la creatividad se ve estimulada cada vez que realizamos cambios en nuestra rutina diaria, pero no drásticos, sino pequeñas diferencias en lo que hacemos.

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Vale la pena hacerte un examen de conciencia para observar si son los hechos positivos o negativos, los que pesan más en tu vida. Para eso, uno de los mejores métodos es aprender a meditar, no importa la religión, credo, sexo ni edad.

La meditación es como cuando te bañas cada día, no piensas que te cae agua, solo experimentas la frescura, te relajas y disfrutas ese tiempo, explica la psicóloga Lucky López, de Dinámica Empresarial. De igual manera, tu mente también necesita depurar ideas que no son útiles. Con ello seremos capaces de controlar los nuevos pensamientos y podremos transmitir energía positiva a otros.

Puedes meditar con música instrumental o en silencio, sentada, parada, con los ojos abiertos o cerrados. Lo mejor es adoptar una postura cómoda, buscar un espacio privado y, de preferencia, hacerlo durante unos cinco minutos cada día al levantarte o antes de dormir. Existen seis pasos graduales de concentración:

1. Relajación. Empieza a inhalar y exhalar lenta y profundamente. Estos ejercicios de respiración te ayudarán a flexibilizar y oxigenar tu cuerpo, liberando la tensión de los músculos y relajando los órganos.

2. Observación interna. Aquí empiezas a experimentar ese estado de relajación, de bienestar y comienzas a sentir el deseo de conocerte ¿quién eres? Tal vez te vengan imágenes de lo bueno y malo que has hecho. Si te dan ganas de llorar es el momento de hacerlo, si quieres seguir respirando también puedes continuar.

3. Afirmación. Pregúntate ¿qué es lo que te genera paz?, y si eso es lo que quieres seguir experimentando, descubrirás que es tu naturaleza y debes cultivarla. Si te sientes bien, podrás servir a los demás.

4. Contemplación. En esta etapa ya no eres capaz de distraerte. Trae a tu memoria cada momento que te ha generado paz. Por ejemplo, cuando observas la sonrisa de un bebé, cuando estás con tu familia, al pasear por el campo o cuando has actuado bien. Logras equilibrar tu razonamiento y sentimiento, afirmando que experimentas paz.

5. Experiencia. Dejas de pensar y vives esa sensación de placer que te nutre. Es un buen momento para irradiar esa paz alrededor de la familia, sociedad o situación en particular. Es una manera de donar parte de tu energía positiva.

6. Mantenimiento. Es el momento de llevar esas buenas vibraciones a las acciones, para que no quede en una ilusión. Cuando te involucras con el mundo exterior debes tener presente esa conciencia, a través de la forma en que te dirijas a los demás, en tus miradas, gestos y acciones. No desperdicies tu energía y aprovecha tu poder mental.

Por Margarita Pacay

Fuente: Waleska Hernández www.sistegra. Lucky López, psicóloga de Dinámica Empresarial, www.dinamicaempresarial.net. Universidad Espiritual Brahma Kumaris. Libro La actitud mental positiva: un camino hacia el éxito, de Napoleón Hill y W. Clemente Stone, Editorial Grijalbo.