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Tus suegros, mis suegros: una fuente de conflictos de pareja

“Tu madre volvió a generar mal ambiente”, “Tu padre me pone nerviosa con sus chistes de mal gusto”. El amor a la pareja no incluye automáticamente el amor a sus padres.

Sin embargo, por más que a uno le caigan simpáticos o no, los suegros suelen formar parte de la relación con el otro. Mis padres, tus padres, sus particularidades, los deseos y expectativas de cada uno en la pareja … Todos estos son temas que generan tensiones en muchos vínculos de pareja.

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Peter Kaiser, profesor de Psicología en la Universidad de Vechta, en el noroeste de Alemania, afirma que en alrededor de un tercio de todas las parejas hay conflictos con los suegros.

Kaiser estudia las dinámicas en la relación con lo suegros. Estas pueden ser muy exigentes ya que las causas de su accionar y con ello de los conflictos muchas veces no son conscientes para los involucrados.

Una relación con normas y reglas no escritas

“Los propios padres son personas importantes en nuestras vidas desde mucho antes que la pareja y su familia”, explica Kaiser. Esta relación es muy intensa y está sujeta a normas y reglas no escritas con las que los miembros de la familia se identifican fuertemente. La mayoría de las veces, ni siquiera tienen en claro cuán enraizadas están estas tradiciones.

Muchas formas de comportamiento que para uno son completamente naturales pueden no serlo para la pareja, porque tuvo otras experiencias en su propio hogar. Algunas familias, por ejemplo, son mucho más distantes y suelen saludar tendiéndole la mano al otro; otras son más físicas y sus miembros saludan con un abrazo.

“Esto puede generar rápidamente la sensación de que se es rechazado, aunque no sea así”, afirma la psicóloga Felicitas Heyne.

Uno se siente dolido, mientras que la pareja no entiende la molestia, ya que se crió así. “Nuestras familias de origen nos marcan”, explica Heyne. “Arrastramos con nosotros cosas que se van heredando como los cubiertos de plata”, añade.

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Incluso cuando hay buenos motivos criticar, es difícil reconocérselo a la pareja. “Existe la sensación de que la pareja no tiene derecho a criticar cosas que uno mismo procesa con dificultad”, señala.

Enfocarse mejor en los puntos en común

La terapeuta de familia Angela Leierseder afirma que un método con el que tuvo buenas experiencias es recomendarle a sus pacientes poner el foco más en los puntos en común que en las diferencias.

Trabaja desde hace más de 30 años en Sinzing, cerca de la ciudad alemana de Ratisbona, una zona rural en la que frecuentemente viven varias generaciones bajo el mismo techo o muy cerca unas de otras, con todas las ventajas y desventajas que acarrea esto.

Por un lado, muchos abuelos ayudan en tareas como el cuidado de los nietos, aunque por otro lado, esto hace que se metan más en temas de crianza, un típico punto de conflicto entre generaciones.

“Se trata de encontrar el equilibrio adecuado”, dice Leierseder, quien afirma que los mayores también tienen su grado de responsabilidad en esto. Opina que deben respetar los límites de la esfera privada de la pareja joven y aprender a lidiar con las críticas sin vivirlas como acusaciones o como rechazo.

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Emanciparse de la familia de origen es algo que ayuda

Cuanto mejor la relación de pareja, más fácil resulta lidiar con los factores de molestia grandes y pequeños en la familia y ser más benévolos con las manías de los padres y suegros.

Esto, claro, en tanto los dos integrantes de la pareja se hayan emancipado lo suficiente de su familia de origen, “para que haya espacio para crear una vida nueva con la pareja”, indica el psicólogo Peter Kaiser.

“Ninguna suegra puede volver loca a su nuera si el hijo se planta y le dice: ‘Esta es mi mujer y estoy de su lado'”, coincide la terapeuta de familia Felicitas Heyne.

Por otra parte, también es importante ser leal y no estar criticando todo el tiempo a los padres de la pareja, sino en todo caso buscar una solución juntos. De acuerdo con Angela Leierseder, si es necesario, se puede buscar incluso ayuda profesional.

Cuanto más largo el conflicto, más profundas las heridas y con ello más grande el riesgo de que uno de los miembros de la pareja se retraiga. En su opinión, “este tipo de conflictos que se arrastran de larga data son luego más difíciles de solucionar”.

dpa