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Adolfo Domínguez, un diseñador que marca tendencia

‘La arruga es bella’, es la frase que revolucionó al mundo de la moda española en los años de 1980, gracias a su creador Adolfo Domínguez.

La anterior reflexión hace énfasis en que el alma modela hasta los huesos y una mujer inteligente a los 40 años es bellísima y sus arrugas están cargadas de vida. Bajo este punto de vista, el diseñador recuperó el uso del lino que había sido sustituido por fibras sintéticas.

Adolfo Domínguez nació el 14 de mayo de 1950 en Ourense, y es descendiente de una familia amante de la sastrería. En sus inicios, Domínguez estudia Filosofía y Letras en Santiago de Compostela. Más adelante se traslada a París y luego a Londres, donde entra en contacto con el movimiento ecologista mientras se introduce en el mundo del arte y el cine.

En 1970 abre su primera tienda en Ourense, España, bajo su mismo nombre. Años más tarde contrae nupcias con Elena González Álvarez y tienen tres hijas: Tiziana, Adriana y Valeria. En 1980 crea la primera línea destinada a la mujer, presentándola en pasarelas de Madrid y París, donde obtiene muy buena aceptación. Pero el éxito no se hace esperar y la firma empieza a dar sus frutos. La expansión se hace posible con tiendas en España. El deseo de experimentar que caracteriza al diseñador, lo lleva a introducirse en el área de perfumería bajo su nombre, además de los complementos pYi1110274161450ara el vestuario, marroquinería, lencería y accesorios.

En 1997 la firma se convierte en la primera casa de moda de España que participa en la bolsa de valores. Hasta ese momento, Adolfo Domínguez no ha descansado como empresario y su pasión lo lleva a lanzar en 2003 la línea U, destinada a un público más joven; seguido, en 2004, de AD, un estilo más clásico, y la colección para niños. En 2008 se inspira en las joyas y en el bienestar de las mascotas. Las piezas de Adolfo Domínguez se caracterizan por sus trazos precisos, los cuales revisten de forma delicada la figura, y el uso de telas lujosas a precios accesibles. Pese a sus logros, el modisto es catalogado por el mundo de la moda como un hombre sencillo, sobrio, elegante y con un aura colmada de paz, la cual se refleja por medio de su personalidad.

Según Rogelio Martínez, director comercial para América Latina de la marca, los diseños de Adolfo Domínguez visten a la minoría, a mujeres que disfrutan de la sobriedad con diseños arquitectónicos y libres a las tendencias del momento.

Domínguez se decanta por el uso del lino y el poliéster, es amante de la femineidad absoluta, lo cual se evidencia en la creación de faldas y vestidos de todas sus colecciones. Su visión de empresario lo ha llevado a fundar un aproximado de 600 tiendas alrededor del mundo, entre ellas se cuentan las de Guatemala, siendo las primeras de Centroamérica. Domínguez es fiel a su estilo y lo reitera cuando dice: ‘Mi ropa no marca tanto la diferencia de estatus como la del espíritu e intelecto. Visto a la inmensa minoría’.

Por Brenda Enríquez